El Beso Que No Existe

capitulo 47

El camino de regreso estaba envuelto en una bruma suave, como si el aire mismo cargara los susurros de esos besos que aún no habían encontrado su destino. Kael y Lysandra marcharon en un silencio cargado de expectativa, el eco de la palabra "mañana" reverberando en sus mentes como un mantra. Cada paso que daban parecía acercarlos a un horizonte nebuloso lleno de posibilidades aún por descubrir.

La niebla se esclareció lentamente, revelando un jardín donde flores de diversos colores florecían en armonía perfecta. Cada una de ellas representaba un recuerdo; cada pétalo, un beso perdido. Un aroma dulce llenaba el aire, y al acercarse se dieron cuenta de que cada fragancia correspondía a un sabor, una emoción: alegría, tristeza, anhelo.

—Mira —dijo Lysandra, señalando un arbusto pequeño con flores doradas—. Creo que esos son los besos de las promesas.

Kael asintió, recordando aquellos que se quedaron atascados entre palabras no dichas. No eran frascos, pero estaban ahí, esperando a ser desatados.

Se acercaron más y notaron un pequeño camino de piedras blancas que se adentraba en el corazón del jardín. Había un letrero de madera que decía: “Aventura de los Sin-Besos.”

—¿Te imaginas? —preguntó Kael, sonriendo—. Un lugar donde los besos no se limitan a los frascos, donde pueden ser reclamados y compartidos sin reservas.

Lysandra tomó su mano, apretando con fuerza, como si ese gesto pudiera materializar todos los momentos que aún les faltaban.

—No olvidemos que cada beso tiene su tiempo y su lugar —respondió, mientras sus ojos se posaban en el horizonte, vislumbrando un atisbo de lo que podría ser su mañana.

Decidieron seguir el camino de piedras blancas, cada paso resonando como un latido compartido. No solo buscaban recuperar lo que faltaba; querían encontrar su esencia, esa chispita que encendería lo que había estado dormido. La aventura recién comenzaba, y el jardín prometía no solo besos, sino la eternidad de los instantes, aquellos que podrían transformar un recuerdo en un abrazo palpable, un beso sin medida, un amor sin etiquetas.

A medida que se adentraban más en el jardín, el murmullo de las flores se alzaba como un canto, un eco de los susurros del pasado y los sueños del futuro, prometiendo que cada paso estaba guiado por el hilo invisible de sus corazones latentes.Las piedras blancas los guiaron hacia un claro iluminado por una luz suave, donde un árbol centenario se alzaba en majestuosidad. Sus ramas se extendían como brazos abiertos, y entre sus hojas brillantes colgaban pequeñas esferas de cristal que reflejaban la luz en destellos de colores vibrantes.

—Esa es la Fuente de los Deseos Realizados —susurró Lysandra, los ojos desbordando admiración—. Se dice que aquel que se acerque con un beso sincero y un deseo en el corazón encontrará su cumplimiento.

Kael se acercó al árbol, la clave de su corazón latiendo rítmicamente con cada paso. A medida que pasaba bajo la sombra de sus ramas, sintió el peso de las promesas y los anhelos flotando alrededor de él. Las esferas comenzaron a vibrar, como si respondieran a su presencia.

—¿Qué deseas? —preguntó Lysandra, su voz casi un susurro en el aire cargado de magia.

—Quiero… —Kael pausó, buscando las palabras que pudieran expresar la complejidad de su deseo—. Quiero poder compartir el beso que falta, ese que hemos guardado en nuestro viaje. Quiero que se convierta en una experiencia vivida, no solo en un recuerdo.

Las esferas brillaron intensamente, y una de ellas se deslizó hacia él, suspendiéndose en el aire. Le ofreció un beso mudo y un halo de esperanza. Kael levantó la mano, sintiendo cómo el cristal caliente se unía con su piel, y comprendió que el deseo ya estaba en marcha.

Lysandra lo observó, su rostro iluminado por la promesa que el árbol parecía ofrecerles. El deseo latente en su corazón también se manifestaba, aunque no tenía forma ni nombre. Sin embargo, sintió una conexión, un hilo entrelazado con el suyo propio, que pulsaba en un compás único.

Decidida, se acercó al árbol. Con su mano extendida, tocó una de las esferas que vibraba con más intensidad. En ese mismo instante, una lluvia de luces danzantes comenzó a caer alrededor de ellos, llenando el claro de una energía vibrante.

—El deseo solo es el comienzo —dijo Lysandra, sintiendo cómo cada destello resonaba en su interior—. Debemos alimentar lo que hemos sembrado.

Con el corazón latiendo de esperanza, ambos se miraron a los ojos. Kael, sintiendo la conexión entre sus almas, inclinó su rostro hacia el de ella.

—Nada nos detendrá, ¿verdad?

—Nada —respondió Lysandra, antes de cerrar los ojos y acercarse aún más. El beso que intercambiaron fue diferente a todo lo que habían conocido; era un entrelazado de promesas y pasiones, de sabores que se multiplicaban en el aire.

El jardín pareció cobrar vida por un momento. Las flores a su alrededor comenzaron a cantar, y en cada nota se podía escuchar el eco de todos los besos que habían existido y que aún estaban por nacer.

Cuando se separaron, el aire estaba impregnado de un nuevo aroma, uno que combinaba la fragancia de las flores del jardín y la dulzura de los recuerdos compartidos.




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