El blanco de sus ojos

03

Allí estaba Niesse, había esperado que la persona que estaba golpeando a su puerta se cansara y ser marchara de una buena vez, pero eso no sucedía, realmente estaba muy preocupada por el asunto y no sabía qué más hacer, si era uno de esos magos locos de seguro estaba perdida, sin ayuda de Eleck que descansaba en el cuarto, ¿Qué oportunidades tenía ella? Ninguna, francamente.

Finalmente tomó coraje y abrió la puerta mientras sostenía el bate en lo alto listo para aventarlo contra quien sea que estuviera allí, sin embargo, grande fue su sorpresa al no encontrar absolutamente nada, frunció el ceño asomando la cabeza a ambos lados mientras se cercioraba de que estaba realmente sola cuando un lindo "meow" se escuchó; algo incrédula bajó la cabeza con lentitud para encontrarse con un gato negro y de grades ojos turquesa viéndola desde el suelo, el felino se adentró en el departamento como dueño de casa mientras la joven lo veía algo atontada, es decir, ¿De dónde había salido? ¿A quién pertenecía? Rápidamente cerró la puerta, dejó el bate a un lado y tomó al animal entre sus manos mientras lo observaba fijamente, este se relamió el hocico y maulló una vez más observando alrededor curioso.

—¿Qué haces aquí, gatito? —ladeó la cabeza mientras lo dejaba sobre el suelo—, ¿Tienes hambre? ¿Te han abandonado? Qué personas más desalmadas, no tengo mucho espacio pero considerando que un mago duerme en mi cuarto, te puedes quedar esta noche, no puede ser más rara de todas formas.

La pelinegra se encaminó a la cocina mientras masajeaba su nuca, estaba estresada, agotada, paranoica y sobre todo, incrédula, a pesar de que había visto aquello, a pesar de que Eleck le había dado explicaciones, pruebas, su cerebro aun parecía no querer asimilar nada.

El felino la observó perderse en el umbral de la puerta de la cocina, llevó sus ojos hacia el corredor que daba al cuarto y se encaminó a paso silencioso y premuroso, llegó hasta la puerta viéndola hacia arriba pues estaba cerrada, regresó la mirada a la sala de estar asegurándose de que la mundana no estuviera a punto de regresar y con gran rapidez cambió su forma dejando paso a su cuerpo humanizado, su mano se apoyó en el picaporte y abrió sin dudar; una vez estuvo dentro del cuarto regresó a ser el gato negro con el cual se presentó hacía minutos y con elegancia se paseó por la habitación hasta llegar a la cama, blandiendo su cola de un lado a otro mientras sus patitas trazaban el camino que deseaba, aquellos ojos turquesas brillaron levemente y una semi luna se formó en su lomo de pelaje corto y suave. Dio un brinco y estuvo sobre la mullida superficie observando al joven que descansaba allí, se acercó tranquilo y restregó su cabeza por la mejilla del mago mientras ronroneaba y cerraba los ojitos a gusto por haberlo encontrado a salvo.

—¿Ónice? —Eleck abrió los ojos incorporándose con lentitud mientras parpadeaba para espabilar, el gato negro se apartó un poco para cambiar a una forma humana y saltar a los brazos del joven mago.

—¡Amo Eleck, lo he encontrado! —gritó encantado el adolescente que portaba un par de orejas negruzcas y una cola que se movía alegre hacia los lados, con esos asombrosos ojos turquesa brillando y alrededor de los mismos pequeñas gemas diminutas del mismo color dando un toque mágico a su ser, con labios rojizos y hebras azabaches como su pelaje al cambiar de forma.

—Ónice, me alegra que estés bien —lo estrechó con fuerza contra su cuerpo, se separaron un poco y Eleck acunó el rostro del jovencito dando en sus mejillas caricias circulares con sus pulgares, el chico gato cerró sus ojos sonriendo y ronroneando—. Creí que te había perdido a ti y a Rayna cuando nos separaron.

—Grrr... —fue la respuesta, más el chico se apartó —No he encontrado a Rayna, no sé dónde está y yo tampoco sabía qué lugar este, me guie en las calles por su olor, y por los destrozos de esos magos, ¿Está bien?

—Estoy bien, me ayudaron mucho —asintió.

—La mujer que está en la sala, ¿Verdad? —preguntó interesado.

—Sí, así es, su nombre es Niesse y ha arriesgado mucho por mí —suspiró—. Pero podría terminar de perderlo todo por eso.

—Eleck, ¿Estás despierto? —la chica ingresó, observó al mago y al joven que ahora lo acompañaba, se quedó estática en el lugar sin dejar de ver las orejas y la cola de Ónice, este por su parte se volvió a su forma gatuna y se ocultó entre los brazos de su amo—. Ese gato...

—No es peligroso —se apresuró a decir el peliblanco—. Es mi compañero, viaja conmigo.

—Pero... —boqueó—, era humano...

—Sí, umm... —apretó los labios, pobre niña que parecía haber visto un fantasma—. Acércate, te lo presentaré, si quieres.

—Bien —cerró la puerta acercándose a paso precavido, tomó asiento en un extremo de la cama y observó al animalito con recelo.

—Su nombre es Ónice, tiene diecisiete años humanos pero desde hace mucho tiempo, como yo. —sonrió—. En mi mundo, conocemos a los de su tipo con el nombre de ManeKatt, son híbridos humano/gato que provienen del Valle de la Luna, por eso cada uno porta una marca en forma de la misma en cualquiera de sus fases.

—Wow... —susurró viendo al animalito pasearse entre los brazos del ojiplateado mientras restregaba su cuerpecito con mimo.

—Ónice, cambia, por favor —pidió Eleck y el gatito regresó a una forma humana—. Las gemas alrededor de sus ojos son una característica única, sólo él las posee así, en cada individuo del Valle Lunar es diferente y por eso los cazan, para extraerles las gemas. Así fue como lo encontré, estuvo a punto de morir por esa causa.

—Pero amo fue valiente y me salvó de esos magos malvados —sonrió afianzando su agarre en el brazo del peliblanco—. Desde ese día que no nos hemos separado.

—Es mi fiel compañero, como Rayna —asintió.

—¿Rayna? —frunció el ceño la pelinegra tocando suavemente las orejas peluditas del híbrido que le ronroneaba contento.

—Es otro ManeKatt, menos dulce pero encantador —rió bajo al recordar al gato moteado—. Cuando llegué a esta ciudad estábamos siendo perseguidos, nos atacaron y terminamos separándonos, creí que no volvería a verlos.




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