El Bosque

____Solo una historia más____

El bosque mágico

Al principio este solo era otro bosque más. Árboles, animales, ríos. Era un bosque que lo tenía todo para los animales, pero nada para los humanos; sus peligros eran inimaginables, desde un pequeño agujero en el suelo a un enorme barranco. Era un acto no apto para humanos. Aun así, eso no evitó que crearan una pequeña aldea cercana, aprovechando los grandes árboles y la abundancia de alimentos que producen; los aldeanos vivieron sus vidas sin preocupaciones. Hasta que un día una hermosa mujer salió de este.

—¿Cómo sobrevivió allí ella sola?

Se preguntaron los aldeanos, admirados de la mujer. Ella tropezaba con cada paso que daba, su mirada perdida y ojos vacíos. Sus pies se dieron ante el cansancio; cayó sobre sus rodillas ya heridas. Nadie se movió a su ayuda, todos la miraron con lástima y solo eso.

—Pobre muchacha.

Habló una señora que estaba allí observando mientras sacudía sus largas faldas y se daba la vuelta para irse. Los demás hicieron lo mismo e incluso la motivaron a levantarse, pero nadie se atrevió a ayudarla. El último señor que quedaba la miró por un rato más y luego se volteó para volver a su hogar. A su lado pasó un joven corriendo; el señor volvió su mirada y vio cómo este ayudó a la mujer.

El único que la ayudó a levantarse y con sus heridas; él fue el único que le brindó apoyo sin pedir nada de ella. Los años pasan, el bosque crece y no solo este. Un pequeño niño corría hacia él; no entraba porque era una regla que le pusieron sus padres. Jugaba a su alrededor sin preocupaciones; ese era su mundo.

Una familia no muy grande ni muy pequeña en una cabaña acogedora; la madre leía cuentos para dormir a sus hijos mientras el padre los miraba con una sonrisa. Dulces momentos de familia. Una familia que al parecer no era normal para el resto de aldeanos; estos siempre que los veían era con cara de extrema rareza.

Días, meses, años. El tiempo pasó, trajo nuevas personas a sus vidas y así mismo se llevó a otras; ese año se llevó a su esposo. Los llantos eran inconsolables, sus hijos lloraban por su padre y a ella solo le quedaba ser fuerte y seguir adelante con sus hijos. Más años pasan; las verdes hojas de los árboles se mecen con la suave brisa. El pequeño niño que corría y jugaba ya era un joven que trabajaba para cuidar a su madre; su hermano menor se fue hace mucho tiempo, no quiso cargar con su madre enferma. La madre le dio la razón antes de irse; ese no era su deber; aun así, el mayor no se fue de su lado; ella lo cuidó, al igual que su padre; no la iba a abandonar.

Una noche de lluvia, los truenos eran fuertes y el fuego de las lámparas no paraba de bailar con el viento. La madre tosía con fuerza mientras apretaba su mano contra su pecho. Una vez terminó de toser, tomó la mano de su hijo y con voz suave dijo:

—Hijo mío, mi tiempo se está acabando, no quiero que te pongas triste por eso.

Su tos vuelve a atacar; esta vez la dejó casi sin aliento. —Este mundo es hermoso, tienes que ir y ver todo lo que tiene para mostrar —apretó su mano contra la de su hijo

—O mejor. . Lo miro por un momento; el silencio llegó de repente. Su mano fría apretaba con fuerza —yo. . . —Con un suspiro dejó ir aquel pensamiento. —Vive tu vida sin arrepentimiento; esas fueron las palabras de mi madre antes de que falleciera. Creo que lo hice bien; ahora te toca a ti. —Sus palabras eran casi como suspiros. Esa noche murió aquella hermosa mujer de largos cabellos plateados y ojos dorados.

Su hijo quedó e hizo lo que su madre le dijo, pero él no encontró la felicidad con otras personas, solo vio la traición en los ojos de todos los que lo rodean. Un día su hermano menor llegó para visitar a su hermano. Él lo recibió con alegría, pero el menor no se quedaría por mucho tiempo; este solo le quería presentar a sus hijos e hijas. Todos se veían diferentes; no le importó al mayor y con una sonrisa se ganó a los niños. Los días pasaron y el menor se iba, pero antes le pidió un favor a su hermano mayor: —¿Puedes cuidarlos por un tiempo? Volveré por ellos, pero justo ahora quiero arreglar las cosas con su madre. —El mayor asintió sin dudarlo; él los cuidaría mientras su hermano arregla lo que sea que tenía que arreglar.

Los días pasaron, nada nuevo, solo estaba comenzando el invierno. Su hermano no llegó. Pasó un año, los niños jugando felices fuera de la casa. Su hermano no llegó. Dos años más tarde, la mayor de todos los niños cumplió sus diez años. Su hermano no llegó. Era obvio lo que pasó: su hermano le dejó sus hijos para él no tener problemas. Sus manos se apretaron en puños al pensar en eso. De repente escuchó un grito proveniente de fuera de la casa. Corriendo salió de la casa; no vio a los niños, le alarmó eso, no era normal, ellos no se alejan de la casa. Corrió mientras gritaba sus nombres. Nada. No había nada, ni nadie. Corrió hacia el bosque, donde pudo ver una pequeña silueta de algo peleando. Rápidamente, para su sorpresa, los niños estaban allí peleando contra una criatura extraña. Ella tenía a la menor de las niñas en sus garras. Sin pensarlo dos veces, se lanzó al rescate; la criatura era fuerte, pero para un hombre mayor no era nada. Con dos golpes, soltó a la niña y huyó. Él la tomó entre sus brazos y la llevó a un lugar seguro; los niños lo seguían atrás. Asustado, no sabía qué hacer; la pequeña sangraba en sus brazos. Intentó detener la hemorragia presionando la herida; la pequeña estaba cada vez más pálida, ya no se escuchaba su respiración; aun así, él siguió presionando, pensando qué más hacer. Los niños llorando, la niña apenas y parpadea; su cabeza era un lío. Sumado al miedo de perder a alguien más, era demasiado para él.

Se aceleró; ya no oía nada a su alrededor, excepto por una voz que lo llamaba. La voz venía de más adentro en el bosque; era tranquila como la de su madre. Dejó de presionar por un momento; luego volvió en sí, levantó a la pequeña y corrió fuera del bosque en busca de ayuda. Los niños corrían detrás de él aun con sus ojos llenos de lágrimas. Al llegar a la aldea, gritó a gran voz pidiendo ayuda. Los aldeanos lo rodearon, mas no hicieron nada; lo miraron con lástima mientras decían: "Qué tristeza, sería bueno que alguien lo ayudara" —pero no se movían—. "Se va a morir si no la lleva rápido a un doctor". Sus ojos mostraban preocupación, pero rápidamente se volteó para irse junto a los demás; solo son espectadores.



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En el texto hay: reinos, poderes, amnecia

Editado: 11.02.2026

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