En una parte del reino de Farley, nuestros protagonistas se encontraban reunidos en una amplia planicie junto a la playa, rodeada por bosques y montañas. La brisa marina traía consigo el aroma salado y manso océano, mientras los rayos del sol se reflejaban sobre la arena húmeda. Luna, Tina, Raymond, Sam, Samantha, Farley, Marina, Zack, Jack, Victor, Anna y Hasad estaban allí, convocados por Farley para una junta urgente.
—Gracias por venir —comenzó Farley con voz firme—. Lo que ha pasado con Skerp no es un juego. Necesitamos tomar decisiones… y rápido.
Un murmullo inquieto recorrió el grupo. Las miradas se cruzaban, tensas, reflejando miedo y orgullo a partes iguales.
—¡Debemos ir a la guerra! —exclamó Jack, golpeando una roca cercana con el puño—. Si no le mostramos fuerza, si nos doblegamos a él, perderemos nuestros reinos—
—¡¿Estás loco o te caíste de pequeño?! —replicó Marina desde el mar, con un tono tan afilado como sus olas—. Somos solo príncipes, princesas… y una reina —dijo, señalando a Anna—. Aún no dominamos del todo nuestros poderes. Una guerra ahora sería un suicidio—
—Yo apoyo a Jack —intervino Zack, cruzándose de brazos.
—Ay, por favor, Zack, tú solo lo apoyas para parecerte a él —respondió Sam, rodando los ojos.
—Okey, okey, tranquilos —dijo Tina, intentando suavizar el ambiente—. No podemos matarnos entre nosotros. Hay que pensar con cabeza fría—
Pero los abucheos crecieron. Las voces se mezclaban, las ideas chocaban. Algunos gritaban que debían atacar; otros pedían calma. La tensión estaba a punto de estallar… hasta que algo completamente inesperado cambió el rumbo de la discusión.
Junto a la roca donde Farley estaba sentado, una pequeña mano emergió de repente, dejando caer el hueso de un mango. La mano se movió débilmente, como si pidiera más. Farley la observó, confundido, pero entendió el mensaje. Tomó el hueso, concentró su energía, y el hueso brilló hasta regenerarse en un mango completo. Lo colocó en aquella mano, que lo tomó con suavidad.
—¿¡Pero qué demonios…!? —gritó Raymond, retrocediendo sorprendido.
Todos se acercaron y, al ver al pequeño niño detrás de la roca, las chicas no pudieron evitar soltar un grito de ternura.
—Awww… ¡es adorable! —exclamaron varias al unísono, abrazándolo y despeinándole el cabello.
—…Ajá… —murmuraron los chicos, sin entender del todo la situación.
—¿Y quién es? —preguntó Samantha, inclinándose hacia él.
—Sí, ¿cómo se llama? —añadió Marina, curiosa.
—No lo sabemos —respondió Anna con sinceridad—. Skerp nos lo dejó… para que lo cuidáramos, creo—
—Bueno, entonces deberíamos ponerle un nombre, ¿no? —dijo Tina, emocionada.
—Síii, algo bonito, como él —añadió Luna.
—Y fácil de recordar —agregó Sam.
Farley sonrió, pensativo.
—¿Qué les parece… Luan?—
Las chicas asintieron encantadas.
—Entonces, con el poder que tengo como rey… te nombro Luan —declaró Farley solemnemente.
Las chicas aplaudieron, y el pequeño, con una sonrisa tímida, bostezó antes de quedarse dormido. Farley lo llevó con cuidado hasta su improvisada cama y lo acomodó, asegurándose de que descansara en paz.
Horas después, habían llegado a un acuerdo, todos regresaron a la playa donde inició esto. El cielo se oscureció en una cortita rojiza, y una voz retumbó desde el mar.
Skerp emergió de las profundidades, sosteniendo un pergamino en su mano.
—Esto es el contrato —dijo con voz autoritaria—. Solo deben leerlo… y entender las condiciones—
Anna, sin esperar permiso, arrebató el pergamino.
—Oye, todavía no dije que podían leerlo —replicó Skerp con una mueca, alzando discretamente un par de tentáculos.
—Sí, sí, tranquilo —respondió Anna, y comenzó a leerlo en voz alta. A medida que avanzaba, su expresión se tornó cada vez más seria. Hasad, a su lado, frunció el ceño.
—Esto… es absurdo —murmuró Anna—. No tiene sentido—
—No lo subestimen —intervino Skerp, su voz retumbando como un trueno—. Estas son las condiciones: si aceptan, dormirán durante cien años. Si se niegan, prepárense para empezar una guerra. La elección es suya—
Alguien dió un pesado paso al frente. Era Jack.
—¿¡Y si escogemos la guerra, qué harás, traidor!?—
La presión del ambiente empezó a crecer, parece que un combate tendría lugar. Pero no llegó a eso.
Skerp rodeó a Jack con cuatro tentáculos clavados a la arena, este alzó sus manos y las apuntó hacia el kraken listo para atacar. Pero la ofensiva fue suprimida cuando Jack tuvo que cubrirse con brazos y piernas para no ser aplastado. Resulta que de un momento a otro habían aparecido pilares de arena solidificada en donde antes estaban los tentáculos, y luego se empezaron a cerrar entre sí, aplastando al retador.
Esa arena se había vuelto inusualmente resistente, pero la fuerza de Jack estaba logrando agrietar los pilares, pronto los rompería. Pero Skerp no se detuvo, un apéndice se colocó frente a Jack y estaba listo para ser incrustado como una lanza. Era casi una cacería.