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50 años después
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Todos los reinos ligados al pacto permanecían en silencio; el reino de Farley, oculto entre biomas, parecía congelado en el tiempo. La flora y la fauna estaban inmóviles, atrapadas en un sueño de cristal.
Pero, entre su reino y el de Luna, un pequeño pueblo había surgido.
Aquel reino no había sido tomado en cuenta para el contrato, y sus habitantes crecieron ajenos a las ataduras del pasado.
Dos exploradores provenientes de ese misterioso pueblo se aventuraron a cruzar la frontera prohibida. Entraron al reino de Farley.
Ya habían robado varias reliquias en incursiones anteriores, pero esta vez deseaban llegar más lejos.
-¿Estás seguro de esto? -murmuró uno, temblando con solo ver todo lo que les rodeaba-. Tengo miedo de que alguno de esos animales... despierte-
-Tranquilo, ya hemos venido antes. No hay nada que temer -respondió el otro, tratando de sonar seguro, aunque sus ojos recorrían cada sombra.
El clima no ayudaba. Una fría neblina espesa cubría el bosque, impidiendo ver el camino con claridad. Aun con antorchas, apenas podían distinguir las siluetas a su alrededor: rocas, ramas o... quizá algo más.
Cada paso resonaba demasiado fuerte.
El aire se volvía denso, casi vivo, entre más avanzaban.
Tras un tiempo de incertidumbre, llegaron ante un muro enorme cubierto de enredaderas. Parecía hecho de cristal o de diamante, con una gran puerta del mismo material. Les tomó varios intentos abrirla, y cuando lo lograron, quedaron boquiabiertos ante la visión.
-Wow... ¿qué es este lugar? -susurró uno.
-Parecen árboles... pero de cristal -dijo el otro, maravillado.
-Mira esto -añadió el primero, agachándose a recoger algo-. Parece...-
-¿Una uva? ¿Y crees que sea comestible?-
Sin pensarlo, el explorador la llevó a la boca. Al morderla, su expresión cambió por completo.
-Es como una uva, pero más dulce... ¡es deliciosa!-
Ambos comenzaron a recolectar frutas cristalinas: uvas, manzanas, plátanos, duraznos y zarzamoras, guardándolas en sus bolsas con una mezcla de avaricia y asombro.
Siguieron avanzando hasta llegar al centro del bosque.
Allí, sobre un árbol inmenso y luminoso, flotaba el Corazón de Cristal, resplandeciendo con un fulgor azulado que latía lentamente, como si aún viviera. A su alrededor habían guardianes aparentemente congelados en el tiempo, eran figuras imponentes, cada una con rasgos distintos.
Pero la que más llamó su atención fue una chica con un traje extraño y alas de mariposa, que cubría su rostro con una máscara.
Uno de los hombres se acercó con cautela, temblando, y con manos atrevidas le retiró la máscara. Ambos contuvieron el aliento.
-Es hermosa... pero... ¿qué es ese traje? -susurró uno.
-¿Alas de mariposa? Qué cosa más rara... -rió el otro, nervioso.
Sin pensarlo, extendió la mano y tomó el Corazón de Cristal.
Al instante, un resplandor azul estalló en el aire, expandiéndose por todo el bosque, la jungla y los biomas circundantes. La tierra vibró como si despertara de un sueño eterno. Era como haber activado una alarma.
Asustados, los exploradores retrocedieron.
Las figuras dormidas comenzaron a moverse lentamente.
El miedo los dominó, y salieron corriendo en pánico, tropezando entre raíces y ramas.
Entonces escucharon un bostezo profundo.
Desde lo alto de un árbol, un puma abrió los ojos, los observó con fiereza... y rugió.
El bosque se volvió hostil.
Serpientes descendían desde las ramas, arrastrándose tras ellos. Pájaros de cristal agitaban sus alas, lanzando destellos que cegaban. Los hombres corrían desesperados, jadeando, hasta alcanzar por fin la frontera del Bosque de Cristal.
Creyeron estar a salvo. Pero justo cuando cruzaron la salida, una sombra descendió frente a ellos.
Era la chica de las alas.
Aterrizó con gracia, apuntándolos con una lanza.
-Pbykilxupraoripbyesp pge efejxukoasejby, -pronunció con una voz fría y poderosa. Sus palabras eran incomprensibles, pero su tono no dejaba duda: era una advertencia.
Los exploradores se miraron, sin entender.
Ella extendió una mano, y con un movimiento brusco el Corazón de Cristal regresó a su pecho. Su brillo se fusionó con el resplandor de sus alas, y en un solo impulso se elevó de nuevo hacia los cielos, desapareciendo entre los árboles.
Los hombres quedaron paralizados, temblando.
No sabían lo que habían desatado.
El Reino de Farley... había comenzado a despertar.
-¡Haah! -Farley despertó sobresaltado, llevándose una mano al pecho. El aire en sus pulmones se sentía pesado y cálido. Miró a su alrededor: el bosque resplandecía débilmente, y junto a él, Luan dormía abrazado a sí mismo.
Una voz lo sacó de sus pensamientos.
La guardiana del corazón había llegado, descendiendo suavemente.
-¡Farley! ¿Estás bien? -preguntó Mariaphel, arrodillándose junto a él.
-Mariaphel... ¿qué está pasando?-