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El Claro Seco
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El viaje del escuadrón continuó por muchas horas más, pero finalmente ha terminado, El Claro Seco se encuentra frente a sus ojos. Un pueblo sitiado en la zona desértica.
—Entonces ¿este es El Claro Seco? —Dice Anna, viendo todo como si fuera turista.
—Sí, aquí es donde consigo mis guantes, y venimos por unos repuestos, ya que los míos estánen las últimas —Responde Hasad mientras alza una de sus manos y se mira la palma, como contemplando un significado.
—¿Por qué viajamos tanto por unos guantes? Espero que tengan algo de especial—
—Oh, sí, lo tienen…—
—¿Y es? —
—¿Acaso no se nota la gran calidad que tienen? ¿A cuántos conoces que puedan presumir así sus manos? Jajaja —Responde, mientas juega haciendo poses reluciendo sus gastados (por no decir quemados) guantes actuales.
—Eres un tonto, lo sabes ¿verdad? —Dice Anna, encogiéndose de hombros.
—¿Acaso eso te desagrada, princesa? —Le suelta Hasad, acercándose un poco.
—Yo nunca dije eso —Responde mientras desvía la mirada, pero al hacerlo, notó que Farley los veía— ¿Y a ti qué te pasa?—
—Nada, nada, bueno sí… aquí hace mucho calor en comparación con el bosque —Dice Farley, mientras genera un coco para dárselo a Luan, quien tiene la lengua de fuera ya.
—Pues sigamos caminando entonces —Responde Hasad.
El grupo siguió su camino hacia la tienda, pero cuando llegaron…
—Oye Hasad ¿estás seguro de que era aquí? —Dice Farley.
—Sí… no entiendo por qué estaría así este lugar en específico—
Lo único que estaba frente a ellos es un pequeño cráter, hecho especialmente para que el terreno sea muy difícil de emparejar y reconstruir algo encima. Restos de edificación estaban regados, pero se notaba que alguien ha estado trabajando en ello.
De repente, Luan empezó a tirar de la mano de Farley, señalando algo. Resulta que le llamó la atención una gran pelota roja. Aunque en realidad no era una pelota, era el creativo envase para recoger monedas.
—Esa es… Sahory —Dice Hasad.
—¿Y quién es esa? —Le pregunta Anna.
—Una conocida de aquí, la mejor bailarina callejera. Ahorita vengo—
A pesar de lo que dijo Hasad, los tres fueron con él hacia la bailarina, en especial Luan, que quería ver esa “pelota” de cerca.
—¡Hasad! Cuánto tiempo —Dice Sahory.
—Más de cincuenta años al parecer —Responde Hasad.
—Supongo que vienes por tus lindos guantes, y supongo también que ya te enteraste entonces…—
—¿Qué fue lo que pasó?—
—Nadie lo sabe, pero la anciana está bien, puedo darte la indicación de su casa si quieres—
—Sí, hazlo por favor—
—Pero tengo una condición—
—¿Cuál?—
—Quiero una firma de tus famosos compañeros en mi bote —Responde, alzando la “pelota” que le llamó la atención a Luan— que diga que son fans míos—
Hasad se da la vuelta, y nota que todos lo siguieron de cerca.
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Tras cerrar el acuerdo y seguir las indicaciones, llegaron a una puerta y la famosa viejita les abrió la puerta, sonriendo al ver que el príncipe de Zareth volvió.
—Hijo, me da gusto verte ¿Ya te enteraste, cierto?—
—Sí, es una lástima… ¿por qué harían algo así? ¿No sabe algo?—
—No, y es curioso porque solo destruyeron el lugar, parece que modificaron el terreno y ni siquiera se robaron las cosas. Bueno, se llevaron…—
—Los guantes—
—Y también la capa, solo tenía un conjunto listo y solo eso desapareció—
—Ya dinos ¿Qué tienen de especiales esos guantes? —Dice Anna.
—Pero si es la princesa Anna. Verá, los guantes son de un material capaz de repeler el fuego, evita que penetre, incluso funciona para las poderosas llamaradas del príncipe Hasad —Responde la viejita.
Farley mira a su amigo, entendiendo algo.
—Pero no te preocupes hijo, estoy a punto de terminar un par. Vuelve mañana y estarán listos—
—Está bien, y muchas gracias. Mañana volveré aquí —Dice Hasad.
Se despidieron de la viejita y caminaron hacia una taberna que Hasad conoce.
Durante el camino, incluso Luan se da cuenta de que el Zaratheano está raro, pensativo y más calmado de lo que usualmente estaría en esta situación. Pero pronto, eso tendría sentido.
A un par de calles de la taberna, Hasad, soltó un grito de furia acompañado de un torrente de fuego hacia el cielo que formó una especie de fuente.
—¡Fue ese maldito calamar! —Ruge Hasad.
Farley se apresuró a refrescar su cuerpo una vez que el fuego se fue. Los tres lo rodearon y ayudaron a ponerse en pie.
—Skerp tenía puesta una capa con la que absorbía mis ataques. Él hizo esto, durante los años que estuvimos dormidos seguramente, ese desgraciado se preparó para mí, él pudo haber…