Aranza.
A pasado no sé cuánto tiempo estuvimos volando, pero fue como si el silencio fuera una tortura. Nadie hablado desde que el rey Alonzo confesó que Ian nació muerto, y para Ian se está procesando esa información todavía. Tanta velocidad que vamos me congelo sintiendo mi cuerpo temblar, es como si estuviera acostada sobre el aire acondicionado con hielo alrededor mío. Tanta frío que en mi mente se adormece del shock y empiezo a sentir que los bordes de la realidad se desdibujaron. El gris del cielo se mezcló con el gris de la piedra. El sonido del viento se transformó en risas lejanas, crueles y agudas.
Estaba en el mismo patio de recreo donde ví a Natsume conociendo a uno de los gemelos por primera vez. El cielo era de un blanco lechoso, sin sol y aire olía a polvo y a lluvia aproximarse. Después escuché a niños suplicando y otros niños riéndose. Miré hacia esa dirección y veo a dos niños, como de 6 años que estaban contra la pared siendo en el tiro al blanco con unas piedras pequeñas que unos tres niños, mayores de 8 años, los lanzaban. No podía ver los cuerpos de esos dos niños como los de la última vez. Están borrosos. Uno de ellos estaba delante recibiendo más piedras como protección del otro que está detrás.
—¡Basta, déjanos en paz!— se quejó el de delante.
—¡De ninguna manera Abominables! —dijo uno de los tres niños burlón—¡No dejamos en paz a niños que son hijos de un demonio asesino y de una ángel loca!
—¡Cállense!¡No hablen así de nuestros padres! —dijo el otro de que estaba detrás del otro.
—¿O qué fenómeno?¿Vas a llorar y vas a decirles desde la tumba? —dijo el otro de los tres niños.
—¡No hables así de mi hermano! —gruñe el niño que va delante.
—¿A sí? ¡Oblígame! —Se ríe de diversión mientras los otros niños lanzan más piedras.
—¡No, déjanos!¡Deja! —queja siendo recibido más piedras.
Luego uno de los niños agarró una piedra más grande, de tamaño de una pelota de béisbol y lo lanzó hacia el niño que va delante. Ese niño recibió un golpe fuerte en la cabeza y cayó de rodillas con su mano en su cabeza donde fue dado. Era tan fuerte que hizo un ruido ahogado, como un animalito herido. Su cuerpo comenzó a temblar de miedo y sus ojos, fijos en el suelo, empezaron a salir lágrimas.
—¡Hermano! —el que estaba detrás del niño, se arrodilló a su lado y lo rodeó con sus brazos, apretándolo contra su pecho.
—¡Qué patético! —uno de los tres niños se ríe y agarra otra piedra grande—¡Él que se creía valiente está llorando!¡Ustedes como parte demonio, no debería sentir nada!¡Nada!¡Ahora prepárense a entenderse que son una basura... —iba a la lanzar la piedra, pero fue interrumpido cuando sintió que alguien le lanzó agua en la cara. Lo mismo pasó con los otros niños.
Todos giraron la mirada. En la entrada del patio, con unas enormes gotas de agua frotando en la mano y una expresión de furia glacial, estaba Natsume.
—¡Oigan, ustedes!¡Déjenlos en paz, o les lanzo tanta agua que se ahogaran! —los tres niños rieron.
—Con esa agua no nos harán daño —dijo uno de los niños burlón.
—¡Entonces le diré a cualquier adulto que ustedes tres están molestando a los niños menores! —gruñe y se oye muy serio de lo que dice. De lo cual, los tres niños se miraron entre sí y soltaron todas las piedras que tenían en sus manos y se fueron murmurando. Natsume escucha los sollozos de uno de que recibió la piedra.
—Tranquilo hermano, ya pasó. Tranquilo, haz como mamá nos enseñó —susurró su hermano en su oído tratando de calmarlo pero le fue casi imposible y unas lágrimas también están a punto de salir. Natsume de acercó y se arrodilló frente a ellos, manteniendo una distancia respetuosa. Su expresión se suavizó, pero la preocupación no desapareció.
—¿Se lastimaron?
—L-Le lanzaron una piedra a mi hermano. Pero estamos bien, gracias —su voz tembló un poco. Natsume sonríe.
—No hay de qué, Ian —dijo Natsume y los dos niños empezaron a enfocarse, ya pude verlos perfectamente: son pequeños y tiernos. El niño la miró confundido.
—Yo no soy Ian. Mi nombre es Liam.
—¿Qué? —lo miró confundida también. Me recuerda la primera vez que conocí a Ian en la cafetería. Yo también creí que era Liam y no sabía que son gemelos, y eso me dió una risita al recordar lo avergonzada que estaba—¿Entonces quién es Ian?
—Es este —señaló al otro niño que aún está siendo abrazado con fuerza, y su rostro se aparta un poco del pecho de Liam mostrando su propio rostro mientras había dejado de llorar. Sus ojos muestran color carmesí y una mancha de sangre recorre desde su cabeza hacia abajo.
—¡Wow, son idénticos! —Natsume se sorprende—pero los ojos son diferentes.
—Son temporales —susurró Ian mientras flotaba su ojito.
—Son bonitos —sonríe alegre y veo a Ian sonrojar.
—G-Gracias —Natsume se pone de pie.
—Los llevaré a que la doctora lo cure —Los gemelos se levantan y Liam la miró, sorprendido.
—¿No nos tienes miedo u odio?
—No ¿Por qué los tendría? ¡Vámonos! —Natsume caminó primero y luego los gemelos la siguieron.
Un temblor más fuerte del cuerpo de Ian, un cambio brusco en la inclinación del vuelo, me sacudió arrancándome violentamente del recuerdo. Jadeé como si saliera a la superficie después de haber estado sumergida demasiado tiempo. El frío era aún real, pero ahora estaba mezclado con el calor de las lágrimas que le corrían por la cara y se congelaban al instante. Era un buen recuerdo de los gemelos y de Natsume. Veo que el cielo ya ha amanecido y mis párpados se sienten pesados.
¿Me quedé dormida?
Llegamos al Bosque de Los Espejos. Liam guió el aterrizaje hacia un claro familiar, donde la silueta oscura de una cabaña abandonada se recortaba contra la luz del día. Ian aterrizó con suavidad mecánica, soltándome tan pronto como mis pies tocaron el musgo helado. Ella cayó de rodillas, el contraste entre el frío del vuelo y la quietud del suelo la mareó. Temblaba incontrolablemente. Veo a Ian que está tenso con los puños cerrados.
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Editado: 14.01.2026