El bucle de Ilvara

Capítulo 15: La figura encapuchada

Esa noche no pude dormir.

Me quedé sentada en el borde de la cama, la mano recorriendo sin pensar la cicatriz de mi muñeca, ese gesto viejo que hacía desde antes de tener memoria de haberlo empezado a hacer. Cuarenta y siete bucles. Cuarenta y siete muertes que no recordaba. El número me daba vueltas en la cabeza como una piedra atrapada en un zapato, imposible de ignorar.

Presioné la cicatriz con más fuerza de la que pretendía.

El mundo se disolvió.

No fue como los otros fragmentos. Este llegó completo, nítido, devastador en su claridad, como si el Velo hubiera decidido, después de cuarenta y siete intentos, que por fin merecía verlo entero.

Era una niña. Yo era una niña, de pie en el centro de un círculo tallado en piedra, mucho más pequeño y sencillo que los Jardines del Solsticio, en algún lugar subterráneo que no reconocí, iluminado sólo por antorchas azules que no daban calor.

Frente a mí, una figura envuelta en una capa oscura murmuraba palabras en un idioma que sentí, con una certeza aterradora, que ya había escuchado antes.

El mismo idioma que Varek había usado frente a la puerta del Archivo.

La figura extendió una mano hacia mi frente, la palma brillando con ese mismo azul tenue, las mismas raíces de luz que había visto extenderse por la piedra del Archivo días atrás. Quise gritar, en el recuerdo, quise apartarme, pero mi cuerpo de niña se quedó quieto, obediente, como si ya hubiera aprendido, incluso entonces, que no servía de nada resistirse.

—Perdóname —susurró la figura, la voz distorsionada por la capucha, pero con un temblor que no logró ocultar del todo—. Algún día vas a entender por qué.

Intenté ver su cara. Con toda la fuerza de mi voluntad, con toda la desesperación de cuarenta y siete muertes acumulándose detrás de mis ojos, intenté que la capucha se moviera, que la sombra revelara algo más que la silueta.

Por un instante, la manga de la capa se deslizó lo suficiente para revelar la piel del antebrazo: pálida, y sobre ella, apenas visible en la luz azul, la sombra oscura de una marca que reconocí de inmediato.

La misma marca que Varek presionaba cada vez que el juramento le cobraba su precio.

No era prueba, me obligué a pensar, incluso mientras el pánico me cerraba la garganta. Había visto esa misma marca en retratos viejos, colgados en los pasillos que nadie se molestaba en mirar dos veces, generaciones de guardianes del Velo, todos marcados igual, todos herederos del mismo juramento. Varek no era el primero en llevarla. Quizás ni siquiera había nacido todavía cuando ocurrió esto.

Pero el idioma. El gesto de la mano. La forma exacta en que la luz se extendía como raíces desde la palma, idéntica a la que había visto frente a la puerta del Archivo.

Eso no lo compartía con ningún retrato.

La imagen se rompió antes de que pudiera ver nada más.

Volví al presente de golpe, jadeando, las manos temblando tanto que apenas pude sostenerme del borde de la cama. El corazón me latía con una violencia que no tenía nada que ver con el esfuerzo físico y todo que ver con la traición que empezaba a formarse, pieza por pieza, en mi pecho.

No podía ser cierto.

No quería que fuera cierto.

Pensé en sus manos sosteniéndome después de que casi se desangrara por mí. Pensé en la forma en que había dicho mi nombre, suave, como una disculpa. Como una disculpa anticipada, había pensado entonces, sin entender todavía por qué esas palabras me habían parecido tan cargadas.

Ahora lo entendía.

Perdóname. Algún día vas a entender por qué.

No era solo una frase de un recuerdo borroso. Era, con una certeza que me heló hasta los huesos, algo que Varek ya me había estado diciendo, en susurros, desde el primer día que lo había mirado a los ojos.

Me llevé la mano a la boca, conteniendo un sonido que no supe si era un sollozo o un grito.

Porque si la figura de la capucha era Varek...

Entonces la persona que me había robado la memoria, la persona a quien había estado a punto de entregarle algo mucho más peligroso que confianza, era la misma persona de la que me había estado enamorando sin darme cuenta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.