Muchas mujeres me han dado una oportunidad pero me dejan de responder al ver que no quiero decir mi nombre.
Mis amigos siempre dicen que soy un idiota, que por qué no lo digo, no respetan mi decisión.
—¿Hola? —una extraña mujer se encontraba dentro de mi casa.
Apenas la vi lo entendí; no era la primera vez que me hacían ese tipo de bromas. Sin embargo, ella lucía muy confundida.
—No puede ser de nuevo. Vete por favor.
—¿Que haces tu aqui? Ellos... Ellos dijeron que fuera a buscarle a Gerard —la interrumpí antes de que terminara.
—Eso dicen siempre. Se creen payasos —rodé los ojos.
Frunció el ceño y avanzó con lentitud hacia mi habitación, ignorando mis palabras.
—¿Dónde estas yendo? Solo vete.
—¿Como se yo que no eres tu el que me esta mintiendo solo por hacer una bromita?
—¿Quién crees que soy yo?
—¡No tengo idea! Supongo que Algun familiar, no lo sé.
Comencé a reírme.
—Hazme caso y vete por favor.
Soltó una carcajada fuera de lugar. Me levante para abrir la puerta y que de una vez se vaya, donde note que habían cerrado la puerta con llave. Me dirigí a mi habitacion, donde buscaba una y otra vez, pero no estaba mi maldita llave.
—Me dices que me vaya y tu tampoco tienes idea de lo que está pasando.
No pude evitar reírme de lo que decía.
Después de una larga búsqueda, la encontré.
Camine hacia la puerta y abrí, sabiendo que iban a estar allí.
Ahí estaban, Gerard y Ares riéndose antes de tirar a esa muchacha.
—¿Con que coqueteándole a tu nueva amiga, no?
—Váyanse a la mierda.
Se reían tan fuerte que lastimaban mis oídos, asi que de un portazo cerré, sin importar si golpeaba a alguien.
Suspire y me tire al piso. Es frio y me dolió, pero no importa. Es tranquilo.
Me encantaría pensar que algun día dejaran de molestarme y todo volverá a la normalidad. Me levante para tomar mi libreta, siempre escribo en ella lo que siento, lo que hice o lo que paso en el día. Me calma. Pero esta vez, no pude. Asi que la tire, la tire hacia el otro lado de mi casa.
Desde que me la regaló mamá —cosa que, en realidad ya no recuerdo— he escrito siempre cada cosa que siento allí. Desde cuando me quitaban un dulce siendo un niño a cuando falleció mi hermano. Sin embargo, ahora no puedo escribir sin sentir la culpa de que mis problemas no sean necesarios escribirlos, de que debería saber controlarlos sin necesidad de que mamá esté allí conmigo.
Suspire y pensé en llamar a Harold. Lo dudé, no sabía si aceptaría la llamada o solo colgaría por estar aburrido de mí. De igual manera, lo llamé.
Mi hermano siempre ha sido mi compañía más fuerte, alguien que se burla de mi sin que me moleste, que me escucha siempre. Creo que en mi vida, es la persona que más quiero, y el único que sabe como me llamo, aunque nunca lo dice, ya que sabe que no me gusta.
—Necesito un acompañante en este momento.
—Es la cuarta vez en la semana que me llamas. Podrías aprender a ser independiente.
—Eso no es lo mío.
Me colgó. Probablemente igual venga, como siempre.
Revise mis cosas para tenerle algo cuando llegue, pero estaba casi todo vacío.
Aún no me había dado dinero, por lo cual no había podido comprar nada. Cada vez siento que tal vez si me hace falta algo de autonomía, pero siento que no soy bueno para nada.
¿En que puedo trabajar yo, un bueno para nada mantenido?
Exacto, en absolutamente nada. He intentado hacer diferentes cosas a lo largo de mi vida, nada funcionó.
Toco el timbre, por lo cual me alegré y fui a abrirle la puerta.
—¿Que pasó ahora? —pregunto sin antes saludar.
—Es una estupidez, pero ya es aburridor. Me volvieron a molestar una y otra vez. Era una rubia, por cierto muy atractiva, que se notaba que no sabía dónde mierda estaba.
—¿No recuerdas lo que te he dicho las otras quinientas veces que me llamaste por lo mismo? Tienes que saber manejar tus problemas por si solo.
—Por favor, solo ayúdame.
—¿Y que quieres que haga? Te dije que tenías que mandar toditos a la mierda, pero no quisiste.
Rodé los ojos y le hice señas para que saliéramos.
—Vamos a comer algo.
Salí y sentí el frío en mis manos desnudas, provocándome enrojecimiento, a la par de mis dedos entumecidos.
Me subí al auto y conducí hacia "Местная еда", un restaurante muy conocido por aquí. Significa "Comida Local" , no tiene mucha ciencia.
Es algo pequeño, pero muy lindo. Lleno de luces, flores artificiales junto con la nieve. Es mágico estar aquí, es mi lugar favorito desde que me vine a vivir a Rusia.
Es difícil acostumbrarse al frío, sin embargo, luego te parece normal que esté todos los días a -20 grados Celsius. Diciembre es un mes hermoso, pero quiero que ya llegue marzo.
Él sonrió tan contento, parecía feliz de estar aqui conmigo. Cuando era niño mi mayor sueño era ser alguien como el. Supongo que algun día lo cumpliré. Seré feliz con el amor de mi vida, dejaré esta tristeza atrás y seré alguien como Harold. O tal vez cree mi propia versión de mi mismo. Tengo que aprender a.. a sacar mi identidad, cosa que la mayoría lo descubre a los trece años. Pero ahora, con veintiún años, aprenderé. Nunca es tarde.
Bueno, estoy mintiendo. Es demasiado tarde. Me voy a morir y todavía nadie va a saber mi puto nombre.
No puedo hacer que lo sepan, es demasiado peligroso donde estoy ahora. Tal vez debería volver a mi país. No, porque no podría estar solo. Porque allí no tendría a Harold.
Creo que el realmente no está feliz conmigo, pero soy su única opción. No lo sé, no obstante, sé que en alguna parte de su corazón de piedra tiene cariño por mi y me está cuidado sin que me de cuenta. Lo tengo por seguro.