Lo mire a los ojos esperando que me dijera algo. Llevaba horas en mi casa escribiendo de manera sospechosa en un computador sin pronunciar palabra.
—¿Que mierda estas haciendo?
—Aún no te puedo decir nada.
Fruncí el ceño y lo mire bajar el brillo al mínimo, tratando de ocultar que habia allí.
Sentía algo que me empujaba a ver que estaba haciendo allí, y porque habia tanto miedo en que yo lo viera.
Fui a mi habitación y comencé a escribir:
Hay algo extraño desde esta noche con mi hermano. Como si estuviera buscando algo sin parar, pero no quería que lo viera, ¿debería preocuparme?
No para y no para de escribir, ¿tendrá algo que ver contigo? No tengo idea.
Me levante y fui poco a poco hacia la cocina, cuando pase por su lado, cerro con una rapidez absoluta la laptop. Trague saliva y me senté a su lado, esperando que dijera algo.
—¿Que tanto ocultas? —solté de una vez.
—¿Yo? ¡No tengo porqué ocultarte nada! Solo estoy.. buscando.. cosas.. —su extraño comportamiento me causaba escalofríos.
—Dame mi computador. Lo necesito —intente quitárselo de las manos.
Tiré hasta que logré quitárselo.
—Por favor. No.. no veas lo que tengo allí. Solo déjame borrarlo.
Subí el brillo y había algo que me dejo boquiabierto.
Comencé a temblar del miedo, y mi respiración estaba demasiado acelerada. Apreté los dedos contra la mesa.
—¿Es esto una broma, Harold?
El me observó en silencio, mientras se mordía sus labios.
—¿Es esto una broma? —repetí.
—No, es verdad...
Presione mis piernas contra la silla, releyendo una y otra vez para buscar si había leído mal. No lo había hecho, esa era la maldita realidad.