El Caballero Sin Nombre

Capitulo 3

Tres meses después..

La terapia es una mierda que creó la sociedad para ganar dinero por dar consejos. Para eso tengo a Harold.

Es algo sencillo, te dicen cosas que les conviene, y les conviene que tú estés mal para que vayas. Eso es una puta mierda.

El no piensa lo mismo. Debería pensar como el, es un genio y nunca se equivoca, no tiene sentido llevarle la contraria.

—Ve. Te hice una cita, y no voy a perder dinero en estupideces tuyas. Lo necesitas, anda.

Rodé los ojos.

—Cancélala. Te tengo a ti, no voy a dejar que pagues por esa estupidez.

—Vas a ir, vas a escuchar lo que te dice y no faltarás. Si no, cruzo esa puerta y me voy. Tu decides.

No puedo dejar que el se enoje conmigo, así que simplemente salí. Solo lleve mi teléfono y mis llaves, nada más, sobre todo porque mi egocentrismo no me dejaba estar más tiempo allí dentro, duele estar junto a Harold Levchenko, alguien tan amado por la industria. Es como el Leonardo DiCaprio de Ucrania. Aunque decidió ocultarse.

Me pregunto si será psicólogo o psicóloga, espero sea mujer. Tal vez pueda ligármela pronto.

Cuando llegó...

Madre mía, como mierda ella va a ser mi psicóloga. Tiene un gran parecido con Sydney-Sweeney.

Empezó a hablar, pero no le preste demasiada atención, tengo que enfocarme en saber como empezar a coquetearle. No me debo ver como un estúpido desesperado, pero tampoco que lo dejé pasar de llevar. No se que tengo que hacer.

—Usted es muy bonita —dije en cuanto se quedó en silencio.

Logré sacarle una sonrisa.

—Muchas gracias, usted se ve muy guapo, igualmente. Pero, volvamos a lo anterior. Su hermano me contó que tiene problemas de identidad.

Suspire. Este es el momento para revelar quien soy, sin decir mi nombre, claro. No quiero que me denuncien o algo así.

—Llevo toda la vida buscando ser como Harold. Es alguien apuesto, famoso, encantador, amable y tiene autoestima. Podría estar toda la tarde diciendo sus virtudes. Pero yo nunca pude encontrar mi "yo", mi esencia, Algo positivo en el que las personas me recuerden. Me da miedo que cuando sea yo mismo se vayan mis amigos, o Harold —pensar en eso me revuelve el estómago, pero continúo —. He intentado desde los diecisiete tener pareja, a través de apps de citas, coqueteos, y muchas cosas más. Pero no puedo mostrar quien realmente soy, que fue un consejo que el me dio, porque siento que hay algo que no me lo permite. Tal vez es Gerard.

—¿Quién es Gerard para ti? —me sorprendió que haya dicho quién es "para mi".

No lo sé. Solo se que si eso paso fue por mi culpa.

—Gerard era mi otro hermano. Harold no sabe que paso con el, pero es un secreto que me llevare a la tumba.

Si lo piensas, te das cuenta que sueno muy sospechoso, pero ella asintió y anotó en su libreta algo. No me gusta que me empiecen a "psicologear". Me da miedo.

—¿El era muy valioso para ti?

—El odiaba a cara dura a mi padre. Salía siempre en las noches, se drogaba en frente mío aunque yo sea solo un niño, bebía alcohol, pero era muy apegado a mi. Ahora eso me parece aterrador. Sin embargo, era mi favorito porque siempre hablaba conmigo y decía que era la mejor forma de vivir la vida. También quería ser como el.

Dejo de hacer preguntas. No puedo evitar dejar de tiritar, pensar o existir. Mis pómulos se sienten húmedos y tensos.

—Y que tal en ti. Me has hablado mucho sobre tus hermanos, pero que tal tu relación contigo mismo.

Auch. Eso dolió. Siempre el "yo mismo" ha sido una mezcla de lo que ellos me inspiraban a ser, así que no tengo un concepto de que soy.

—Soy un bicho raro que le gusta fumar, escribir y descansar. Eso es. Escribir, siempre lo hago cuando los problemas me invaden, como si fuera una historia triste de ficción que no tiene final feliz.

Esa es una muy excelente forma de describir como soy yo, aunque dos de ellas me las hayan heredado mis hermanos. Quiero mucho a mis padres, pero no siento que haya algo de ellos en mi.

Sonrió y guardo su libreta.

—¿Me concedería el favor de ir a tomar un café conmigo? —pregunté, estirando mi mano hacia ella.

Ella la tomó.

—Fuera de lo profesional, si. Es mi ultima hora antes de irme a casa, no tengo nada que perder.

Mierda, ahora tengo que planear como borrar los silencios incómodos. Odio ser mi propio enemigo




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