El Caballero Sin Nombre

Capitulo 4

Hace exactamente Tres meses, una semana, dos días y cinco horas no veo a esa mujer. Es momento de soltar sus coqueteos y seguir buscando caminos hasta encontrar el amor de mi vida. Como mi futura psicóloga, Leila Collins.

—Tu nombre es muy bonito —entoné.

Realmente no siento alguna diferencia entre otras personas y ella, aparte de su físico. Pero creo que el haberme aceptado es un buen inicio.

Sonó un mensaje

Vi su telefono sin intención, fue solo una reacción, pero decía "Abbie" y la foto de perfil se parecía a... no puede ser.

—Mi intención no es "chismear" o algo así pero.. ¿Conoces a Abbie?

—Si, por supuesto. Es mi ex.

Joder, Dios Santo por qué me haces estas cosas. Si antes me preocupaba ella, ahora mucho más.

—¿¡Tu ex!?

—Si. ¿Hay algún problema con ella? Y no deberías verle el teléfono a otras personas.

—Hay un problema con ella. Es difícil de explicarlo, nuestros amigos la metieron en mi casa, me la encontré en una fiesta, mi relación con ella no es muy buena.

—Me suena a que te la cogiste —anuncia con las cejas por los cielos.

No puedo evitar ponerme a reír como un loco. ¿Yo, con ELLA? Jamás en la vida.

—No jodas. Nunca se me ocurriría, su actitud no es mi tipo. Es muy- dura.

Me quiero ir a mi casa. Quiero acostarme en la cama, dormir y nunca despertar. Me siento ridículo, quiero ir al baño a llorar. Tengo que verme como un tipo duro. Soy un tipo duro.

—Eres extraño. Todos los hombres que he conocido cuando hablan de ella se les iluminan los ojos, hablan de ella como si fuera la única mujer del mundo.

—Bueno, miremos a quien tengo en frente —guiñé un ojo, en ese entonces me di cuenta.

No puede ser, el mundo es un maldito pañuelo.

Ella.

Ella es la puta de la fiesta.

Abbie

Creo que me estoy enrollando con el hombre equivocado. Pero no lo veo hace mucho, tal vez cambie su percepción de mi, aunque nunca ha sido buena.

No se que pensar. El chico misterioso deja mucho que desear, pero llevo días queriendo volver a verlo.

Es algo hipnotizante.

—Deme una cerveza, por favor.

En estos casos, siempre caigo en el alcohol. Es la única droga que me domina:

Hay algo en su interior me vuela la cabeza, mis pensamientos no afectan mi corazón, no desesperan, es una anestesia constante. Tengo miedo.

He intentado con la adrenalina muchas veces. Surf, paracaídas, escalada, montaña rusa y muchas más, pero es distinto. Es una forma de olvidarse, pero el dolor en el pecho sigue, a pesar de que sea por otra razón.

Me entregaron la cerveza. Es fría, pero reconfortante.

Conozco bien al barista, vengo siempre aquí.

—Quiero volver a hablar con el —rompí el silencio.

—Vuelve a ese pueblito, entonces. Si es eso lo que te hace feliz, no tienes por qué evitarlo.

No tengo por qué evitarlo. Eso es cierto, pero Leila me contó. Me contó que el la hablo, que fue lindo con ella. El no lo fue conmigo.

Es muy pronto, lo sé. Solo tengo una curiosidad acerca de quien es el cada vez que lo veo.

—No puedo. No. Aqui tengo mi trabajo, no se que pasa por su mente sobre mi y es demasiado pronto para arriesgarme tanto por el.

—¿Y que más da arriesgarse? Vamos, habla con el entonces, no puedes seguir así.

Odio que tenga tanta razón. Soy algo egocéntrica, me gusta tener la verdad absoluta siempre.

—Joder, es un gilipollas. Tengo solo curiosidad, y a el le gusta Leila —baje el volumen, esperando que ignore eso.

—Mierda, ¿Y eso como? Estoy confundido.

Ahora tendré que contarle. Soy una estúpida.

—Leila aceptó una cita con el. Es su psicóloga, y el se exaltó cuando vio que es mi ex...

Golpeó la mesa, apoyando sus manos, luego tomó mi barbilla y la levantó.

—Enfréntate a eso. Si el no te quiere, la mejor forma de aceptarlo es yendo y explicándole a el.

Consejo de verga. No tiene sentido, voy a quedar como una estúpida, hemos hablado tres o cuatro veces. Me emboba verlo, y eso me causa mucha rabia en mi interior.

—¡Que inservible consejo! —exploté, finalmente —. El es mayor que yo, nos hemos visto poquísimo y va a creer que fue por caliente. Además, vive a dos horas, no iré tan lejos para que me rechacen —conté con los dedos las razones.

Rodó los ojos y se fue a atender a otra persona. Me sorprende que no se la única que este aquí a las ocho de la noche, es muy temprano. Es un señor negro, barbudo, bien vestido y canoso. "Negro canoso" es como "Coca-cola con espuma". Que buen chiste.

Me acabe la cerveza, a pesar de que era un vaso grande, así que le hice señas para que me de otro. Ya estoy acostumbrada a esto, ya no me emborracho como antes. Podría contar que esta es mi cena.

Así estuve hasta las once de la noche. Bebiendo y sufriendo por una idiotez




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