Verla a ella aquí. Luego de esta situación, luego de cientos días en los que vino a verme, esta a punto de escuchar mis palabras. Sin saber que Abbie está en mi casa.
—Leila, debemos hablar.
Su cara parece confundida.
—¿Que pasa, amor? —pregunta con inocencia.
—É.. —busco la fuerza para hablar, pero se me dificulta —. Esto debe acabar.
Ella aprieta sus labios y empieza a rasguñar sus piernas, intentando que no lo note.
—¿Por que? Todo va tan bien, ambos nos amamos mucho.
"Ambos"
En plural.
—Me estoy empezando a enamorar de otra persona, Leila. Y no quiero hacerte daño.
Ella empieza a rasguñarse más fuerte.
—¿Abigail, verdad? Siempre lo supe.
—¿Que?
—Ella estaba celosa de mi. Estaba celosa porque yo estaba contigo y ella no. Te esta manipulando, cariño.
Eso me causa duda. En cierta parte tiene razón, de un día a otro empecé a rogarle. Me arrodillé frente a ella.
Y no dijo nada.
—Estoy decidiendo yo esto.
—Pero amor, tú quieres estar conmigo. ¿Que pasará con nuestro sueño de casarnos, tener hijos y una vida feliz? No podré cumplirlo sin ti.
Esos eran sus sueños. No los míos.
—Será algo que quedará en el pasado. Lo podrás olvidar, te lo prometo.
—Pero, ¿Nunca fui especial para ti? —si. Lo fuiste —. Fui la única que sabe que estas aquí de ilegal, ¿No?
—No lo estoy, por favor. No mientas.
Que empiece a inventar cosas, significa que esto realmente le duele a ella. Esta buscando cambiar mis decisiones, ella no me estaba mintiendo. Realmente me quería y no supe valorarlo.
—Vladi. Te voy a extrañar mucho mucho. Creo que estaré varias noches sin dormir.. pero es tu felicidad la que importa, ¿no?
Quiero pedirle perdón. Algo me dice que tengo que hacerle saber que estoy mintiendo aunque no lo estoy haciendo. No. No puedo hacerlo después de lo que paso anoche.
—Esa es la verdad.
Se escuchó una puerta abrirse detrás mío. Joder, es Abbie.
—Lo sabía —pronunció Leila.
Abbie abrió sus ojos, sin embargo, no dijo nada. El silencio pesaba dentro de la sala, hasta que decidió irse. Leila paso la puerta, quedando nosotros solos.
—No quería que escucharas eso —me expliqué.
—Era obvio que iba a hacerlo. Estamos en la misma casa.
Paso a la cocina y saco algo de pan para servirse su desayuno. No le puso nada. Nada más que un pan solo.
—Fuiste cruel con ella, no te voy a mentir. Pero era lo que tenías que hacer.
—Quiero que tengas claro mis intenciones.
Ella fingió que mi comentario era rutinario.
—Hay algo más que tienes que hacer. Pero no por mi, sino por ti.
He hecho lo que me pidió, ¿que es entonces, eso tan misterioso?
—¿Que cosa?
—Amor —esa respuesta floreció mis dudas —. Amor propio, yo no quiero a Harold. Yo te quiero a ti, no debes ser como el.
—¿Como tu te diste cuenta que-
—Es obvio. Siempre te veía con esa mirada de "quiero ser como el". Antes de tener una relación, debes mejorar tu autoestima —se cruzó de brazos—. No quiero que te sigas dañando para que te acepten.
—Lo sé, estoy trabajando en esto, Abigail. Pero estoy cansado de esperar por ti. Hice lo esencial.
Ella me regaló una media sonrisa y levantó sus hombros. Sus ojos lucen más claros por la luz del sol.
—Es lo mejor para que nadie salga afectado. Para que todo lo nuestro salga bien.
Tal vez, no soy suficiente para que ella esté conmigo. Esta tratando de cambiarme para darme una oportunidad, y yo deje a alguien que me hacía sentir aceptado por eso.
—Yo no soy un proyecto para mejorar. ¿Tengo mucho para arreglar, verdad? Por eso me das tantas restricciones.
—Por favor —su voz se tornó mas irónica —. Estoy tratando de que todo salga bien, sabes que nunca he hecho esto. Me da miedo, Vladimir. Me da miedo terminar dañada.
Empecé a observar el paisaje a través de la ventana, queriendo desviar su mirada.
—Tengo miedo, Abigail. No quiero.. No quiero que me elijas por pena.
Sentí su mano en mi barbilla, y me giro hacia ella. Su mirada estaba fija en mis ojos.
—No lo estoy haciendo. Yo... yo te amo, Vladimir. Me gustas, pero tengo miedo. No puedo evitar pensar en qué puede que me hagas daño. Y eso me jode, en verdad.
—Si me amas como yo lo hago no te vuelvas a ir. Ayúdame a ser mejor, acompáñame.
Empecé a acariciar su cuello suavemente.