Diez y treinta de la noche.
Yo me encontraba sentada de piernas cruzadas sobre mi cama, con mi camisón puesto, mis manos entrelazadas y mi mirada totalmente concentrada en mi ventana.
Nada. Aun no sucedía nada.
Aunque aún el sueño no llegaba, sabía que no tardaría demasiado. Estoy nerviosa. Sé que no entrará por ella y me plantará un beso en los labios, primeramente, porque es algo que no pasará pronto, y segundo porque la ventana es demasiado pequeña para que él pueda pasar.
Tal vez algo se le había complicado y no pudo venir. Tal vez es hora de darse por vencida y dormir.
Mis pensamientos apagaban las esperanzas de poder escuchar aquella linda voz que me hipnotizaba. Hasta que algo entró volando por ella, atrapando por completo mi atención, topó con mi puerta y cayó. Era un papel arrugado hasta formar una esfera.
Rápidamente me levanté y lo tomé, distinguí algunas palabras y corrí para ver hacia afuera. Un Draven despeinado se encontraba cruzando rápidamente la calle para llegar a su casa, algo que me hizo sonreír. Era el único que se encontraba fuera a estas horas. Por un segundo, antes de entrar a su hogar, volteó hacia mí y puedo jurar que vi sus labios curvándose hasta formar una sonrisa.
Al ya no ver a Draven, fui de nuevo hacia mi cama a tomar asiento, quité los dobleces de la hoja para leer correctamente lo que venía escrito.
Lina, sé que no nos conocemos lo suficiente, pero quiero que confíes en mí.
Desde la primera vez que puse los ojos en ti no he podido dejar de pensar en la grandiosa persona que seguramente serías, y no me equivoqué.
Tu cabello obscuro como la noche y tus ojos las estrellas que lo decoran.
Necesito estar un tiempo contigo, necesito conocerte más. Mañana al amanecer al lado de la estatua del rey Valenor. No te preocupes por nada, ya lo tengo todo resuelto.
-Draven Firestorm
Me estaba invitando a pasar el día con él.
Pero no podríamos ir a la academia entonces.
¿Un día en la academia o un día con Draven?
Aun me quedan muchos días en la academia, no pasará nada si un día no me aparezco por ahí.
➶➶➶
Antes del amanecer ya me encontraba vestida y lista para salir. Pero necesito que alguien me cubra por si algo sucede, así que escribí una nota para Darcy.
Darcy, no podré ir a la academia hoy, te cuento después. Si alguien pregunta por mí inventa cualquier excusa. Te quiero.
-Aeliana
Coloqué mi pequeña daga en un bolcillo que mi vestido tenía escondido, había sido un regalo de Darcy de hace algunos años, cuando le conté que me encanta la forma en la que luchan los guardias, siempre defendiendo a los habitantes del reino y a sí mismos. Darcy es ese tipo de amiga y la amo con mi corazón.
Salí con cuidado, esperando que mi familia no se diera cuenta de lo muy temprano que me había ido hoy. Por la noche antes de dormir me pregunté por qué no nos veíamos frente a nuestras casas si vivíamos tan cerca, luego llegué a la conclusión de que tal vez es demasiado riesgoso si alguien nos viera juntos a estas horas de la mañana.
Al llegar a la casa de Darcy dejé por debajo de la puerta la nota. Ella es la primera en salir de casa, su madre sale hasta más tarde, es algo que no me preocupa hacer ya que sé que ella será quien tome el recado.
No se encontraban demasiadas personas fuera, ya que era muy temprano, aun así, evitaba que me vieran demasiado el rostro, no me caería nada bien que mis padres supieran de esto. Y yo seguía mi camino al centro del pueblo.
Al llegar al sitio donde Draven me había citado descubrí la estatua del rey Valenor con su cabeza y un brazo en el suelo. Los trabajadores martilleaban fuertemente la estatua para ir quitando pieza por pieza cada una de la figura. Por mi parte me encontraba sorprendida, él fue nuestro primer rey. Me acerque un poco más para poder observar mejor la escena.
—No puede estar aquí señorita —dice uno de los trabajadores quitándose un poco el sudor de su frente con una tela.
—¿Qué se supone que es lo que están haciendo? ¿están conscientes de quién es él? —pregunto con sorpresa en mis palabras, jamás creí que algo así podría estar sucediendo, ¿qué es lo que les ocurre?
—Órdenes del rey Zarek. Cualquier cosa del reinado antiguo debe ser destruido.
Ese rey sinvergüenza. Debí suponerlo, es obvio que quiere acabar con todo lo que hemos sido.
Desde aquel día en el que sus tropas nos atacaron no he estado nada feliz con su presencia en el mundo. Muchas personas murieron gracias a él y su empoderamiento. Estoy segura de que se le subieron los humos a la cabeza y no puede pensar bien. Sé que esa corona que se coloca encima le impide tener uso de razón, por eso ha hecho tantas cosas incomprensibles. Y si piensa que algún día tendrá la honradez de que lo llamemos nuestro rey está muy equivocado.
Hoy no puedo iniciar el día de esta forma. Decidí retirarme un poco para que mi mente se despejara.
Me encontraba ahí plantada en el suelo, mordisqueando un poco mi labio inferior y volteando a mis lados. Unos nervios invadían mi pecho al pensar que alguien conocido podría verme.
Una respiración topó en mi cuello y una mano se posó en mi espalda.
—Me alegra que hayas decidido venir —mi corazón dio un vuelco al escuchar esa voz que tanto me hipnotizaba tan cerca de mí.
Di media vuelta y aquellos ojos avellana estaban ahí, achicados por la forma en la que sonreía.
—Draven —dije en un hilo de voz. No me había dado cuenta de las muchas ganas que tenía de verlo y escuchar su voz. Que, aunque los nervios invadieran mi cuerpo cada que eso sucedía, no podía evitar pensar en lo feliz que eso me hacía.
—Te estuve buscando un poco más allá, pero no te encontraba. Por algún momento pensé que no habías venido. Hasta que vi aquel cabello obscuro y rizado que es inolvidable para mí —pasa su mano por mi cabello en un lindo y agradable gesto que me hace sonreír.