El Cambio De Reinos || Reinos I

CAPITULO 4

La mañana con Draven había terminado. Nos la habíamos pasado conversando sobre nuestro pasado y riendo sobre cosas graciosas de ella. El pasar tiempo con él hacía que mi corazón sintiera una paz indescriptible, un sentimiento que nunca antes había experimentado.

Estoy consciente de lo mucho que me gusta ese hombre. Y, a decir verdad, estoy preocupada.

Siempre he sido una persona calmada, sé por lo que voy, sé lo que soy, o lo sabía. El giro de noventa grados había hecho que quedara de cabeza, mareándome cada vez más. Sé que mi vista se ha ido nublando, en donde lo único que puedo ver es a él. Pero ¿y si me gusta sentirme así? ¿Qué hay de malo en que me pueda enamorar? ¿Qué de malo hay con eso? Draven es un chico amable, escucha todo lo que tengo que decir, me lleva a lugares hermosos y me trata como si algo que él le hiciera expresar que tal vez yo también le pueda gustar.

Hace ya un rato que Draven me había dejado de nuevo en el centro del pueblo, antes de que fuese la salida en la academia, aún quedaba algo de tiempo, el reloj del centro marcaba las doce con treinta y ocho minutos, aún tenía una hora y veintidós minutos.

Mi mano rozó mi pierna derecha y sentí el pico de una daga. Se estaba saliendo de su lugar, pero no podía acomodarla aquí, a vista de cualquier persona. Mis ojos recorrieron el lugar y comencé a caminar. Con cautela me dirigí al único lugar en el que me sentía completamente segura.

Con la cabeza baja y los ojos en el suelo, aún tenía que asegurarme de que nadie pudiera verme, aun no era seguro, tienen prohibido dejarnos salir antes de la una y treinta de la tarde. Lo que hace aún más extraño verme fuera a esta hora.

Agradecía no estar muy lejos de mi destino. Rápidamente me fui hundiendo en las sobras. Cada que pisaba este espacio sentía mi corazón vibrar de felicidad.

Mi lugar favorito, el bosque Vyrnethil. Un bosque pequeño, arboles altos y pequeñas flores por doquier. Frente a él se encuentra un campo completamente verde, y en medio de todo un pequeño estanque. Nadie se para por aquí, nadie aprecia lo bello que es. A excepción de mí. Sé que nadie vendrá, nadie me encontrará, sé que aquí estoy a salvo y me encanta por esa razón, tengo mi propio espacio lejos de cualquiera. No es de mi propiedad, lo sé bien, sin embargo, no traería aquí a cualquier persona, jamás he pensado en traer a nadie.

Dejé caer mi pequeña bolsita a mi lado. Hundí mi mano en mi bolcillo y saqué mi daga, la cuerda café que tenía al rededor para evitar que me hiciera daño había estado cortándose con la punta de ella. Suspiré. Quité la cuerda por completo y me fui deslizando por el árbol que se encontraba de tras de mi hasta quedar completamente en el suelo, me crucé de piernas y me quedé viendo fijamente a la daga, su brillo plateado y su mango rojizo. Las personas del pueblo no veían bien que las mujeres trajeran consigo cualquier tipo de arma, por lo cual tenía que esconderla de cualquiera, excepto de Darcy.

Volteé a mi costado derecho y vi mi bolsita, donde traía los zeniths. Recordé la pequeña nota que Draven me había entregado esta mañana. Rápidamente la abrí y saqué el papelito marrón, quité sus dobleces y comencé a leer.

Aeliana, espero que hayas disfrutado este pequeño paseo conmigo. Espero que nos hayamos conocido mucho mejor. No puedo negar que estoy demasiado nervioso y quiero que todo salga perfecto en este día tan lindo que escogí para pasármela contigo.

Si es que todo saló como lo esperaba, quiero hacerte una invitación, una más formal. Y disculpa que no sea en persona, pero los nervios me carcomen el corazón.

En el palacio se ha hecho una invitación a todos los futuros guardias reales, por la llegada de nuestro nuevo rey, ellos pueden llevar a una persona como su acompañante. Y quería saber, Aeliana Ironclad, ¿me concederías el honor de ser mi acompañante la noche del domingo?

Si la respuesta es positiva, te espero a dos cuadras de nuestros hogares, en la calle Faelwyn, siete de la tarde.

-Draven Firestorm

Mi corazón empezó a latir rápidamente. Siempre había escuchado de las fiestas que se hacían en Irkoria, supongo que el que el rey se encuentre aquí hará que haya más cambios de los que he ido notando. Se dice que son fiestas para personas realmente importantes, reyes, duques, guardias reales de alto nivel. Y ahora, Draven, que seguramente sería uno de los guardias de alto nivel, está invitado, Y él me invitó, no ha nadie más. ¿Será por algo especial? ¿será porque me quiere como una muy buena amiga?

Un extraño sonido me sacó de mis pensamientos, algo que jamás había escuchado en el bosque. Unos fuertes pasos se acercaban, nunca antes había escuchado otros pasos que no fueran los míos. Se acercaban con apuro. Mi corazón dejó de latir por amor y ahora latía por miedo. Tomé mis pertenencias y corrí detrás del árbol. Mi espalda chocó con él y mi pecho subía y bajaba. Tomé la daga fuertemente del mago y cubrí un poco su brillo con mi vestido. Relamí mis labios. Si alguien me llegaba a hacer daño nadie me escucharía desde aquí, he llegado a aprender que los árboles hacen sordos la mayoría de los sonidos que puedo llegar a provocar al estar tan hundida en el bosque.

Decidí callar mis pensamientos y concentrarme en lo que más importaba, los pasos sin control que se acercaban más y más. Me mantenía pegada a la madera, como si pudiera hundirme en ella y camuflarme, pero no era así. Mi vestido color lila hacía imposible que no me pudiera ver si salía de este lado del bosque, estoy perdida.

Los pasos se habían detenido, estaba aquí. Dejé de respirar por unos segundos, solo se escuchaba su respiración. No viene por mí, eso lo sé, pero si se daba cuenta de mi presencia y quería atacarme no podía permitir que me sorprendiera. Comencé a girar, esperando no hacer ningún tipo de ruido, al estar hacia al frente coloqué mis manos en el tronco y comencé a inclinar poco a poco mi cabeza, hasta poder ver sea lo que sea que se encontrara ahí.



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En el texto hay: fantasia, reinos, romance oscuro.

Editado: 01.02.2026

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