El Cambio De Reinos || Reinos I

CAPITULO 15

La luz empezaba a molestarme en los ojos, incluso aunque las cortinas permanecieran corridas, como si los primeros rayos del amanecer se empeñaran en atravesar la tela para recordarme que el día había comenzado, que no había marcha atrás en el destino que yo misma había escogido.

—¡Señorita! —la dulce voz de Hyldris me arrancó de lo poco dormida que aún seguía. Sonaba ligera, como un canto de río en movimiento, y me recordó, con cierta punzada en el pecho, que de ahora en adelante sería ella quien me despertaría por las mañanas y no mi madre. Esa rutina de hogar que creía eterna se había roto, y en su lugar aparecía un nuevo orden, uno que aún no sabía si aceptar con temor o con esperanza—. Qué bueno que ha despertado. Kelyra traerá su desayuno en un santiamén.

Me tallé los ojos con suavidad y me acomodé en la cama, dejando escapar una sonrisa tímida al recordar la vergonzosa situación de la noche anterior. Una sonrisa que se apagó rápido, como si llevara consigo un peso demasiado grande.

Sabía que no había vuelta atrás.

Lo comprendía con claridad en cada latido de mi corazón.

No podría cambiar nada de lo que había sucedido antes.

Ni con mi familia.

Ni con las personas del palacio.

Ni con Draven.

Ni con el rey Zarek.

Y, aun así, mi propósito seguía intacto, como una chispa que se negaba a extinguirse. Había llegado aquí con un destino, con la firme intención de alcanzarlo, aunque la senda estuviera rodeada de espinas.

Estar con la persona que me otorgara mi destino.

—Muchas gracias. Por todo... —alcancé a murmurar, pero Hyldris negó suavemente con la cabeza, como si mis palabras fueran innecesarias, como si la gratitud no pudiera medirse en frases.

—Todos pasamos por momentos difíciles, señorita. Lo entendemos completamente. —Colocó unos vestidos doblados con esmero encima del baúl de madera, cuyo metal bruñido reflejaba el resplandor de la mañana, y se acercó a mí con pasos ligeros, casi juguetones—. Ya que pudimos conversar un poco... al principio del cambio de reinos —su voz titubeó, y se inclinó hacia la cama, apoyándose en ella mientras sus dedos jugueteaban con un mechón de su cabello —. No diría que nos obligaron, porque no fue así... —negó con la cabeza repetidas veces, con un gesto de convicción que me conmovió—. Pero por las circunstancias vimos necesario dejar a nuestra familia. Fue difícil, mucho más de lo que cualquiera podría imaginar. Cada vez que se acercaba la hora de la cena, un nudo en mi garganta me recordaba que mis padres probablemente estarían reunidos en aquella mesa sin mí. Y Kelyra... ella hizo lo mismo que yo. Solo nos tenemos la una a la otra, para convencernos de que estar aquí no es malo, para recordar que esta es una oportunidad única. —Una chispa brilló en sus ojos mientras me miraba con firmeza—. Yo la tomaría todas las veces que fuera necesario.

Sus palabras resonaron en lo más hondo de mí. El sacrificio, la renuncia, y aun así la esperanza... era un reflejo cruel de lo que yo también había dejado atrás.

En ese instante, antes de que pudiera responderle, la puerta se abrió suavemente, dejando entrar un soplo de aire fresco que agitó las cortinas, y Kelyra apareció cargando una charola de plata entre los brazos. La charola brillaba con destellos que se confundían con los rayos de la mañana, y sobre ella reposaban con delicadeza rebanadas de pan tibio cuyo aroma recién horneado llenó la habitación, un racimo de uvas de un púrpura profundo, un trozo de queso fresco que aún desprendía olor a campo, y una jarra de agua clara que capturaba la luz como si fuese cristal líquido.

—¡Buenos días! —saludó con su voz alegre, cerrando la puerta tras ella con suavidad, como si no quisiera perturbar la intimidad de aquel momento. Caminó hasta la mesita situada entre las dos sillas y dejó la charola encima con cuidado, como si transportara un pequeño tesoro—. Le he traído su desayuno. Hablando con Hyldris, pensamos que preferiría comer en su habitación esta mañana. Pero esperamos que pronto pueda unirse al comedor.

Me levanté despacio, dejando que la tela de las sábanas se deslizara por mi piel, y caminé hacia ella con pasos inseguros. El gesto de ambas me conmovía más de lo que quería mostrar.

—No es necesario que traigan mi desayuno hasta aquí —dije con una sonrisa sincera, intentando ocultar el leve rubor que me producía ser atendida con tanto esmero—. Yo podría ir a desayunar a la cocina.

El silencio se quebró en risas suaves y cómplices.

—¿La cocina? —repitió Hyldris con sorpresa, casi escandalizada—. No, no, señorita. Usted no puede comer ahí. Ese no es su lugar.

Ella se aproximó hasta situarse a mi lado, como si quisiera dejar claro con su sola presencia que mis palabras eran un error.

—Pero yo soy, de igual forma, una empleada. Igual que Siria, Coren, Hedra o cualquier persona que trabaje en este palacio —corregí, casi a la defensiva, ante la mínima insinuación de que yo fuera algo más que una mensajera.

Otra vez, esas risas bajas, cargadas de un misterio que no alcanzaba a descifrar.

—No, señorita —respondió Hyldris, con un brillo particular en los ojos—. Usted no es cocinera, ni jardinera, ni doncella. Usted es... la mensajera del rey.

Ambas se miraron entre sí, y otra risa ligera escapó de sus labios, como si compartieran un secreto que a mí me estaba vedado.

—Ser lo que usted es para el rey —intervino Kelyra, con voz serena pero firme— es mucho más valioso que lo que somos nosotras —y al notar mi expresión de confusión, Kelyra siguió hablando—. No me malinterprete. Lo que quiero decir es que ser mensajera es un trabajo importante. En sus manos descansan los mensajes que cruzan reinos. No solo uno... sino dos.

Mi pecho se encogió. Sus palabras traían consigo un peso que no había sentido hasta ese momento.

Pero antes de que Kelyra pudiera continuar, Hyldris se apresuró en cambiar de tema, como si no quisiera que yo pensara demasiado en ello.



#2027 en Fantasía
#5691 en Novela romántica

En el texto hay: fantasia, reinos, romance oscuro.

Editado: 01.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.