El Cambio De Reinos || Reinos I

CAPITULO 16

Aunque el guardia no me observaba con rareza al verme vestida de aquella manera, yo no podía evitar sentirme distinta. No de un modo malo... solo distinta, como si una parte de mí hubiera despertado y ya no pudiera volver a dormir jamás.

Y no podía mentir: los pantalones resultaban infinitamente más cómodos que cualquier vestido. Especialmente porque, a diferencia de lo que siempre había usado en casa —esas prendas heredadas que le quedaban pequeñas a mi hermana y demasiado grandes a mí—, esta armadura había sido hecha a mi medida. Cada costura parecía pensada para mí, y esa certeza me envolvía con un poder extraño que aún no sabía cómo manejar.

Apresuré el paso, evitando sostener la mirada de los pocos que se cruzaban en nuestro camino. Pero, para mi sorpresa, nadie me observaba con malicia ni con burla; al contrario, las sonrisas eran corteses, los saludos respetuosos. Como si mi presencia en esa armadura no fuera motivo de escándalo, sino algo natural.

El guardia seguía caminando en silencio, sin volver a dirigir una palabra hacia mí. Se movía con esa seguridad propia de los soldados que saben exactamente hacia dónde se dirigen y qué esperan encontrar. Yo lo seguía, mi respiración acompasada con el crujir de mis botas.

Atravesamos el jardín trasero, un mar de verdes perfectos, arbustos redondeados con precisión casi matemática y flores que parecían ordenadas en una sinfonía de colores. Pero más allá, el paraíso domesticado se extinguía: los árboles crecían más frondosos, el suelo se volvía tierra húmeda, luego grava que crujía como huesos bajo nuestros pies. El viento se colaba entre las ramas, frío, mordiendo mi rostro hasta volverlo rojo en mejillas y nariz. Mi cabello, suelto, danzaba como si compartiera el secreto de lo que estaba por venir.

Por un instante, tuve la sensación de ser una protagonista arrancada de las páginas de un libro épico: caminando hacia la antesala de una guerra, hacia una batalla que no sabía si podría ganar... ni sobrevivir.

El guardia se detuvo en seco y giró hacia mí.

—Me quedaré aquí. El rey la espera. —Su voz sonó firme, final, como un muro imposible de atravesar.

Asentí con un ligero movimiento y lo pasé de largo, avanzando hacia el claro.

El espacio abierto se extendía ante mí, una planicie de tierra desnuda, desprovista de distracciones. Ningún adorno, ningún jardín, nada que pudiera interponerse en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. El aire mismo parecía contener la respiración, como si supiera lo que estaba a punto de ocurrir.

Caminé unos pasos más, buscando con la mirada esa presencia que tanto temía y, de algún modo, tanto atraía. Pero no lo vi. Ni su silueta imponente ni sus ojos celestes que parecían arder como hielo y fuego a la vez.

O eso creía.

—Bien, obedeciste. —Su voz surgió a mi espalda, profunda, inconfundible, un eco arrancado de mis pesadillas.

Me giré de inmediato, incapaz de soportar tenerlo detrás. Ahí estaba él. El rey Zarek. No llevaba su corona y, sin embargo, su sola figura parecía más regia que cualquier oro forjado. Vestía también una armadura de cuero refinada, adaptada a su cuerpo con una perfección casi insultante. Su cabello, aunque menos pulido que de costumbre, caía con un orden que parecía imposible de romper.

Maldito rey sinvergüenza. ¿Cómo podía incluso en lo imperfecto lucir perfecto?

—Por fin un valtoriano que acata las órdenes de su rey. —Una daga brillaba en su mano derecha. Dio tres pasos hacia mí, lentos, calculados. Y yo retrocedí, mi cuerpo reaccionando antes que mi mente. Su sonrisa se curvó apenas, cargada de amenaza—. ¿Te gusta el lugar que elegí para deshacerme de ti?

Mi corazón cayó en picada hasta mi estómago.

No estaba armada. Y aunque lo estuviera, jamás había practicado lo suficiente como para enfrentarme a él. Ni a él ni a nadie como él.

Estoy muerta.

Mis ojos buscaron desesperados una salida entre los árboles, un resquicio de esperanza. Pero sabía que escapar era imposible. Demasiados guardias. Demasiados ojos. Y él... él de pie frente a mí, un gigante cuyo poder no solo residía en sus músculos ni en su daga, sino en la forma en que me doblaba en presencia, en voluntad, en todo.

El rey soltó una carcajada, una fuerte y burlona, tan violenta que pareció desgarrar el aire entre nosotros.

—Fue un chiste, súbdita. ¿En Valtoria no cuentan chistes? —su cabello se movía al compás del viento, como si incluso los elementos se inclinaran a su voluntad. Sus ojos eran más que una simple mirada: eran un filo atravesando la piel, arrancándome el aliento. Y esa sonrisa de suficiencia... esa sonrisa que odiaba con cada fibra de mi ser, y aun así, de manera enfermiza, empezaba a acostumbrarme a ella. A ese aire de superioridad que lo envolvía, a esa sensación de que el mundo entero existía solo para inclinarse ante sus pies.

—No unos de tan mal gusto —contesté, forzándome a mantener la voz firme mientras intentaba borrar de mi mente la daga que había visto hace segundos, la facilidad con la que podría deslizarla contra mi cuello si se le antojaba un nuevo comentario. Pero él ni siquiera se inmutó.

—¿Daga, espada o arco? —preguntó de pronto, como si mi destino fuera un juego de opciones que él disfrutaba mover a su antojo.

No entendía. No podía. ¿Pretendía entrenarme? ¿Divertirse con mi falta de destreza? ¿O era solo su manera retorcida de anunciar que yo no saldría viva de ese campo? Esa armadura... ¿era un regalo, o mi sudario?

—Responde —ordenó, su paciencia desmoronándose como una cuerda a punto de romperse. La sonrisa burlona desapareció, y lo que quedó fue algo peor: un gesto cargado de fastidio, como si mi silencio fuese una ofensa imperdonable.

—No entiendo a lo que se refiere —admití, sincera. El frío era nada comparado con el fuego helado de sus ojos, un celeste que no solo brillaba: devoraba. Las copas de los árboles crujían suavemente bajo el viento, pero el campo permanecía inmóvil, expectante. Solo nuestras pisadas parecían importar.



#2027 en Fantasía
#5691 en Novela romántica

En el texto hay: fantasia, reinos, romance oscuro.

Editado: 01.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.