El Cambio De Reinos || Reinos I

CAPITULO 22

Habían pasado tres días.

Tres días desde que estaba en este lugar, atrapada en un tiempo que parecía no avanzar. No había probado una migaja de comida, y mucho menos una gota de agua. La lengua se me pegaba al paladar, seca, áspera, y cada vez que tragaba sentía como si me raspaban por dentro. Me sentía mareada, con los párpados más pesados que nunca, luchando constantemente contra el sueño que me arrastraba sin pedir permiso. Si no estuviera sentada, ya hubiera caído; seguramente no me podría mantener ni de pie, mis piernas temblaban solo de pensarlo.

El frío del lugar se me había metido en los huesos, o tal vez era mi propio cuerpo debilitándose. Ya no distinguía bien si el temblor era por el hambre, la sed o el cansancio.

El primer guardia me había levantado junto a la silla un día después de haber estado tirada. Lo recordaba como una imagen borrosa: sus manos bruscas, el tirón de las sogas clavándose en mis muñecas, el mundo girando mientras me incorporaban sin cuidado alguno. No hubo palabras, no hubo disculpas. Solo me dejaron ahí, como si fuera un objeto que debía seguir en su sitio.

De vez en cuando los guardias volvían para asegurarse de que no estuviera escapando, aunque era ridículo siquiera pensarlo. Era imposible. Las sogas no daban ninguna señal de quererse aflojar; estaban bien hechas, apretadas con conocimiento. Así nunca conseguiría tomar mi daga, que seguía ahí, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Podía sentirla contra mi pierna, recordándome todo lo que no podía hacer.

—Tu rey ya ha tardado demasiado tiempo —habló Rowan, el primer guardia.

Su voz me llegó distorsionada, como si viniera desde muy lejos. Aun así, reconocí el tono burlón, esa falsa calma cargada de provocación.

Había averiguado sus nombres entre pequeñas charlas que tenían ambos cuando creían que no prestaba atención. Rowan y Bastien. Decían sus nombres sin cuidado, riéndose, hablando de cosas triviales mientras yo contaba las respiraciones para no desmayarme.

No había dicho una sola palabra desde hace dos días. Me negaba a hacerlo. Cada silencio era una forma de resistencia, una negativa a darles incluso eso. Sabía que les molestaba; lo veía en sus miradas, en la forma en que fruncían el ceño al no obtener reacción alguna. Pero no me importa. Que se ahogaran en su frustración.

—¿Entiendes la situación en la que te encuentras? —insistió Rowan, acercándose un poco más.

Lo hacía.

Lo entendía demasiado bien. Había tenido demasiado tiempo aquí para pensar en todo lo que había estado sucediendo: en Karthenia, en Irkoria, en el rey Zarek, en lo que ellos esperaban de mí y en lo que jamás les daría. Cada segundo en ese lugar me había arrancado algo del cuerpo, pero me había devuelto claridad.

No estaba rota.

Solo estaba esperando.

Y aun así me daba gracia que ellos trataran de chantajear al rey conmigo. Una risa amarga, interna, casi inexistente, porque sabía perfectamente que, para alguien como él, yo no era más que una pieza funcional. Seguramente la preocupación más grande del rey en este momento era conseguir a otro mensajero. Alguien nuevo, alguien obediente, alguien reemplazable. Como todos lo éramos, al final.

—Sí. Y yo les dije que el rey no vendría a buscarme —las palabras salieron cansadas, casi arrastradas, como si cada sílaba me costara un poco más de aire—. Aquí no gana nadie, ni ustedes por tenerme aquí, ni yo estando aquí.

La garganta me ardía al hablar, pero no me detuve. Si iba a decir algo, al menos sería la verdad.

Lo único que ganaré es un gran dolor de espalda por varios días después de esto.

Incluso en ese estado, una parte de mí se aferraba a la ironía. A minimizarlo todo, como si reducirlo a una molestia física pudiera restarle gravedad a lo que realmente estaba ocurriendo.

—¿Y qué se supone que harían los dos en caso de que llegara el rey? —continué, levantando apenas el rostro—. Si son dos míseros guardias. Seguramente él traería mucha más gente.

La lógica era simple. Demasiado simple. Y aun así, ellos sonrieron.

—¿Quién dice que solo somos dos? —respondió uno de ellos con tranquilidad—. Nosotros estamos encargados de ti. Y en caso de que tu querido rey no llegue, te llevaremos hasta Karthenia. Ya mandamos el mensaje al rey Malrec de que te tenemos en cautiverio.

El estómago se me revolvió de inmediato, como si esas palabras hubieran sido un golpe directo por dentro. Sentí náuseas, un vacío helado que me recorrió desde el pecho hasta el vientre.

¿Por qué no me dejan en paz?

La pregunta se repitió una y otra vez en mi mente, sin respuesta.

¿Para qué me querría el rey Malrec?

Ese nombre pesó más de lo que esperaba. No lo conocía en persona, pero sabía lo suficiente. Sabía que nada bueno venía de Karthenia, y mucho menos de su rey.

Todo esto era mucho peor de lo que mi mente trataba de procesar. Demasiado grande, demasiado oscuro. Había creado una capa dentro de mí, una barrera frágil pero necesaria, que me negaba a pensar en lo peor. Una que me hacía creer que todo esto mejoraría, que en algún punto alguien aparecería, o que quizá todo esto no era más que un sueño prolongado del que despertaría en cualquier momento.

Pero la realidad seguía ahí.

Fría. Sólida. Y cada vez más imposible de ignorar.

—¿Y por qué no va el mismo rey Malrec a enfrentar al rey Zarek? —me removí en mi silla, incómoda, haciendo que la madera crujiera bajo mi peso. Era lo único que había podido hacer en tres días: moverme apenas, lo justo para recordarme que aún tenía un cuerpo—. Seguramente ganaría más que teniéndome aquí atada.

Las palabras salieron con una mezcla de desafío y cansancio. No era valentía, era hartazgo.

—Te hemos estado dando demasiado tiempo, valtoriana —la voz de Bastien resonó desde el pasillo antes de que su figura apareciera entre las sombras de la cueva.

Su presencia volvió el aire más pesado. Se acercó con pasos lentos, deliberados, como si disfrutara cada segundo que tardaba en llegar hasta mí.



#2027 en Fantasía
#5691 en Novela romántica

En el texto hay: fantasia, reinos, romance oscuro.

Editado: 01.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.