El camino hacia Aethera

Capítulo 5:El refugio inesperado

El viento golpeaba con fuerza mientras el Nixie avanzaba entre las copas de los árboles. Sus alas cortaban el aire con un ritmo pesado, más bajo de lo habitual, como si incluso él sintiera que algo no estaba bien.

Esther se aferró con más fuerza al lomo de la criatura

-Siempre vuela así de bajo? -preguntó, intentando sonar tranquila

-No -respondió Jack sin mirarla-. Solo cuando no quiere que lo vean

Eso no ayudó...

Desde su lugar detrás de ellos, Gustavo observaba en silencio. Había notado cómo Jack se inclinaba apenas hacia Esther cada vez que el Nixie descendía demasiado, como si su cuerpo reaccionara antes que su mente. No era protección exagerada… era instinto.

El bosque debajo de ellos parecía interminable. Árboles altos, raíces retorcidas y sombras que se movían donde no debería haber nada.

Entonces Jack tensó el cuerpo

-Ahí -dijo, señalando hacia un claro casi invisible-. Lo ves?

Gustavo entrecerró los ojos

—Sí. Apenas

Entre la maleza, escondida como si no quisiera ser encontrada, se alzaba una pequeña cabaña de madera oscura. El techo estaba inclinado y cubierto de hojas secas, y desde el aire parecía abandonada… pero intacta

-Eso es seguro? -preguntó Esther.

Jack dudó un segundo antes de responder

-Es lo suficientemente invisible

El Nixie descendió en espiral. Cuando tocó tierra, el impacto fue suave, pero Esther perdió el equilibrio. Antes de que pudiera reaccionar, Jack la sostuvo del brazo

-Cuidado -murmuró

Ella levantó la vista, sorprendida. Sus rostros quedaron demasiado cerca por un instante que ninguno comentó

-Puedo bajarme sola -dijo ella, apartándose con rapidez

-Nunca dije que no -respondió Jack, volviendo la mirada hacia el bosque

Gustavo arqueó una ceja

Interesante -pensó

La cabaña crujió cuando Jack empujó la puerta. Dentro, el aire era frío y olía a madera vieja. Aun así, se sentía… protegida. Como si ese lugar hubiera sido olvidado a propósito

-Aquí nos quedamos -dijo Jack

-Los tres? -preguntó Esther

-Especialmente los tres -respondió Gustavo, observando cómo Jack se colocaba sin darse cuenta entre Esther y la puerta-. Afuera no conviene estar solo...

Jack se dio cuenta tarde de su posición y se movió un poco, incómodo

-No es lo que crees -dijo, más seco de lo necesario

-No he dicho nada -replicó Gustavo con una media sonrisa

Esther los miró a ambos, confundida, sin notar que algo comenzaba a cambiar entre ellos. Afuera, el bosque seguía en silencio… pero no era un silencio tranquilo

Era uno que esperaba...

El silencio dentro de la cabaña se volvió incómodo

No por el peligro afuera, sino por lo que ninguno decía

Gustavo fue el primero en moverse. Dejó la espada apoyada contra la pared y se sentó sobre una mesa vieja, observando a Jack con atención. Demasiada atención...

-No te había visto así -dijo de pronto

Jack alzó la mirada, molesto

-Así cómo?

-Pendiente -respondió Gustavo-. Tenso, protector

Esther, que estaba examinando una repisa llena de frascos vacíos, giró la cabeza

-Hablan de mí? Porque estoy aquí, por si no lo notaron

-Justamente -dijo Gustavo, sin apartar los ojos de Jack

Jack chasqueó la lengua

-No empieces

-No empiezo nada -replicó el espadero con calma-. Solo me parece curioso que al mundo entero lo mandarías al abismo sin pensarlo… pero con ella dudas

Esther frunció el ceño

-Dudas de qué?

Jack se pasó una mano por el rostro

-De nada

-Ajá -Gustavo sonrió apenas-. Entonces será coincidencia que te pongas delante de ella cada vez que escuchas un ruido

Esther miró a Jack. Él evitó su mirada

-No necesito que me cuiden -dijo ella, más seria

-Lo sé -respondió Jack rápido-. Pero eso no significa que no vaya a hacerlo

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos

Gustavo los observó a ambos, entendiendo más de lo que decía

-Ten cuidado, Jack -advirtió-. Apegos como ese no sobreviven fácil en Aethera

Jack lo miró con dureza

-Y qué sugieres? Que la deje sola?

-Sugiero -dijo Gustavo, levantándose- que decidas si es solo una carga… o algo más. Porque ella lo va a notar tarde o temprano...

Esther tragó saliva

-Notar qué exactamente?

Antes de que alguno pudiera responder, un crujido fuerte resonó bajo la cabaña. El suelo vibró levemente, como si algo se hubiera movido por debajo

Gustavo se puso serio al instante

-Después hablamos -dijo, tomando su espada-. Ahora tenemos compañía

Jack miró a Esther, esta vez sin sarcasmo ni burla

-Quédate cerca de mí

Ella asintió en silencio

-Genial -murmuró Esther- Tu plan de “quédate cerca” está funcionando perfecto

Jack ni la miró

-Si tienes uno mejor, sorpréndeme

-Podría empezar por no seguir órdenes de alguien que se cree indispensable

-Y yo podría empezar por dejarte hablar sola -replicó él- Pero aquí estamos

Esther apretó los dientes

-Siempre eres así de insoportable o solo cuando estás nervioso?

-Solo cuando tengo que cuidar a alguien que no sabe cuándo callarse

Ella soltó una risa corta, sin humor

-Qué alivio saber que soy una molestia más en tu larga lista

Jack se giró hacia ella, serio

-No te creas tan importante

-Ah, claro -respondió Esther- Entonces deja de mirarme cada vez que el suelo se mueve




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