En Aethera, el destino no se hereda
Se persigue… o se huye de él
Los dragones lo sabían desde antes que los reinos alzaran coronas, desde antes de que los nombres tuvieran peso. Ellos observaban desde el cielo y las profundidades, guardianes de pactos antiguos que los humanos ya habían olvidado
Y aun así, el mundo seguía girando
En uno de los reinos más antiguos, una princesa aprendía a sonreír en público mientras soñaba con escapar en silencio. No temía al peligro ni a lo desconocido; temía al trono, a las decisiones impuestas, a una vida escrita por otros
La noche en que huyó no buscaba gloria
Buscaba respuesta
No sabía que su huida la llevaría a cruzar los cielos en el lomo de un dragón legendario, ni que sus pasos despertarían fuerzas que dormían desde hacía siglos. No sabía que encontraría aliados peligrosos, enemigos con rostros amables… ni que el fuego mismo la reconocería
Porque algunas almas no están hechas para gobernar desde un trono
Estan hechas para arder, caer levantarse y cambiar el rumbo del mundo
Y cuando el corazón despierta, ni siquiera los dragones pueden ignorarlo
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Editado: 07.02.2026