El Candidato Perfecto

Capítulo 5: Bienvenido al mundo de Valentina

Adrián Blackwood había enfrentado juntas de negocios donde hombres mucho mayores que él intentaban intimidarlo.

Había cerrado contratos millonarios.

Había negociado con personas que sonreían mientras intentaban destruirlo.

Nada de eso le daba miedo.

Pero había algo que sí.

La mirada de Valentina cuando decía:

—Necesito que me acompañes a una fiesta.

Adrián dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿Una fiesta?

—Sí.

—¿Y por qué necesitas un acompañante?

Valentina cruzó los brazos.

—Porque eres mi esposo.

Él levantó una ceja.

—Accidental.

—Legal.

—Temporal.

—Eso todavía está por verse.

Adrián sonrió.

Esa mujer tenía una manera peligrosa de responderle.

—Está bien.

Ella pareció sorprendida.

—¿Así de fácil?

—Sí.

—¿No vas a preguntar nada?

Él se encogió de hombros.

—Ya aprendí que cuando tú dices "necesito algo", normalmente termina siendo una aventura.

Valentina sonrió.

—Solo necesito que estés elegante.

Adrián miró su traje oscuro.

—Estoy elegante.

Ella negó con la cabeza.

—No.

Lo señaló.

—Estás vestido como si fueras a comprar una empresa.

—¿Y cuál es el problema?

—El problema es que vas conmigo.

Él sonrió divertido.

—¿Eso significa que debo verme mejor?

Valentina lo miró de arriba abajo.

—Exactamente.

Dos horas después, Adrián entendió algo.

Valentina no decía "elegante" como cualquier persona.

Ella tenía una definición propia.

Cuando salió de la habitación, Adrián se quedó completamente quieto.

Valentina llevaba un vestido color marfil que parecía diseñado específicamente para ella.

La tela abrazaba su figura con elegancia, sin necesidad de exagerar nada.

Su cabello estaba suelto sobre sus hombros.

Los tacones hacían que caminara con esa seguridad que él ya había comenzado a admirar.

No parecía una mujer que necesitaba que alguien la eligiera.

Parecía una mujer que sabía exactamente lo que valía.

Adrián se aclaró la garganta.

—Wow.

Valentina sonrió.

—¿Eso es todo?

—Estoy intentando ser un caballero.

—¿Y?

—Mi cerebro dejó de funcionar por unos segundos.

Ella soltó una risa.

—Ahora sí pareces humano.

Adrián negó con la cabeza.

—Eso fue un insulto.

—Fue un cumplido.

Después lo miró.

Y entonces fue su turno de quedarse callada.

Porque Adrián había hecho exactamente lo que ella pidió.

Pero incluso ella no estaba preparada.

Llevaba pantalones blancos perfectamente ajustados, una camisa clara con las mangas remangadas hasta los antebrazos, dejando ver sus brazos fuertes.

No parecía un empresario serio.

Parecía alguien salido de una revista.

Y el perfume...

Valentina tuvo que mirar hacia otro lado.

Porque era absurdo.

Un perfume no debía afectar así a una persona.

Pero ese hombre olía demasiado bien.

—¿Estás bien? —preguntó Adrián.

Ella parpadeó.

—Sí.

—Pareces confundida.

—Estoy pensando que ese perfume debería ser ilegal.

Él sonrió.

—¿Ilegal?

—Sí.

Lo señaló.

—Es una droga.

Adrián soltó una carcajada.

—¿Eso significa que me veo bien?

Valentina intentó mantener la compostura.

—Significa que podemos irnos antes de que empiece a creer demasiado en ti.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.