El Candidato Perfecto

Capítulo 6: Los votos que no esperaba escuchar

Adrián

Nunca había entendido por qué la gente lloraba en las bodas.

De verdad.

Había asistido a muchas.

Bodas de empresarios, de familias importantes, de personas que sonreían para las fotografías y después se olvidaban de mirarse cuando las cámaras se apagaban.

Siempre veía lo mismo.

Vestidos caros.

Decoraciones impresionantes.

Promesas bonitas.

Pero pocas veces había visto algo real.

Por eso, cuando me senté en aquel banco de madera mientras comenzaba la ceremonia, pensé que sería otra celebración más.

Me equivoqué.

Completamente.

El lugar no tenía nada que ver con las bodas a las que estaba acostumbrado.

No había una perfección fría.

Había flores de todos los colores.

Niños corriendo entre los invitados.

Personas riendo demasiado fuerte.

Mujeres secándose lágrimas mientras abrazaban a los novios.

Hombres gritando bromas desde sus asientos.

Era un caos.

Pero era un caos lleno de vida.

Y entonces la vi.

Valentina.

Estaba al lado de la novia, sosteniendo su ramo, acomodándole el vestido y susurrándole algo que hizo que ambas sonrieran.

Había visto a muchas mujeres hermosas en mi vida.

Demasiadas.

Modelos.

Actrices.

Mujeres que parecían hechas para aparecer en portadas.

Pero Valentina era diferente.

Porque cuando sonreía con su familia, cuando abrazaba a la novia, cuando se emocionaba con la felicidad de otra persona...

No estaba intentando ser perfecta.

Simplemente estaba siendo ella.

Y no sé por qué eso me llamó tanto la atención.

La música cambió.

Todos se pusieron de pie.

Los novios llegaron al altar.

Yo me quedé sentado observando.

La ceremonia comenzó.

Palabras sobre amor.

Sobre futuro.

Sobre caminar juntos.

Las mismas frases que había escuchado cientos de veces.

Hasta que llegó el momento de los votos.

El novio tomó las manos de la novia.

Y sonrió.

No era una sonrisa preparada.

Era una sonrisa de alguien que estaba mirando a la persona que más amaba en el mundo.

—Primero quiero decir algo importante.

Todos rieron porque el tono de su voz ya parecía una advertencia.

—Prometo que intenté escribir unos votos elegantes, profundos y llenos de poesía.

Hizo una pausa.

—Pero después recordé que tú sabes que soy incapaz de hablar más de cinco minutos sin decir alguna tontería.

La novia soltó una carcajada.

Todos rieron.

Incluso yo.

Y entonces él continuó.

—Así que decidí hacer algo más sencillo.

Miró a su futura esposa.

—Prometo seguir robándote las papas de tu plato aunque digas que no quiero.

Más risas.

—Prometo fingir que no me sé tus canciones favoritas aunque me las hayas obligado a escuchar mil veces.

Ella negó entre lágrimas.

—Prometo aprender a cocinar tus comidas favoritas aunque mi primer intento casi incendia la cocina.

Los invitados rieron más fuerte.

Pero después su expresión cambió.

Se volvió seria.

Y ahí fue donde todo cambió.

—Pero sobre todo...

Le apretó las manos.

—Prometo elegirte.

Silencio.

Incluso los niños dejaron de correr.

—Cuando estés feliz.

—Cuando estés triste.

—Cuando tengas miedo.

—Cuando la vida sea fácil y cuando sea difícil.

Tragó saliva.

—Prometo que nunca tendrás que preguntarte si quiero estar contigo.

Miré a Valentina.

Ella estaba llorando.

Y no era tristeza.

Era emoción.




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