El Candidato Perfecto

Capítulo 8: La noche en que dejé de controlar todo

Adrián

Había pensado que la comida era la parte más difícil de entender.

Me equivoqué.

Porque después de la comida llegó algo que, según Valentina, era completamente normal.

Según yo...

Era una locura.

—¿Qué está pasando? —pregunté mientras miraba cómo las personas comenzaban a levantarse de sus mesas.

Valentina me miró con una sonrisa peligrosa.

Una sonrisa que ya había aprendido a reconocer.

Significaba problemas.

—La fiesta empieza.

Miré alrededor.

—¿No había empezado ya?

Ella soltó una risa.

—No, Adrián.

Se levantó.

—Esto era solo la preparación.

Y entonces apareció la música.

No una canción cualquiera.

Una banda completa comenzó a tocar.

Instrumentos en vivo.

Tambores.

Acordes que llenaron todo el lugar.

La gente comenzó a levantarse como si hubieran recibido una señal secreta que yo no conocía.

Los animadores salieron al centro.

Gritando.

Bromeando.

Haciendo que todos respondieran.

Yo observaba completamente perdido.

—¿Qué están diciendo?

Valentina se rio.

—No importa.

—¿Cómo que no importa?

Ella se encogió de hombros.

—Lo importante es sentirlo.

Eso era algo que mi cerebro de empresario no sabía procesar.

En mi mundo todo tenía una explicación.

Todo tenía reglas.

Pero aquí...

Aquí las personas simplemente hacían cosas porque les daban alegría.

Entonces ocurrió.

Valentina miró sus tacones.

Después me miró a mí.

Y supe inmediatamente que algo malo iba a pasar.

—No.

Ella levantó una ceja.

—¿No qué?

—No me mires así.

Sonrió.

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras a punto de arrastrarme hacia una situación donde voy a quedar en ridículo.

—Adrián...

—Valentina.

—Vamos a bailar.

Mi expresión debió ser suficiente.

Porque ella comenzó a reír.

—No.

Negué.

—Absolutamente no.

—¿Tienes miedo?

—No tengo miedo.

—Entonces ven.

—No sé bailar eso.

Ella se acercó.

Se quitó los tacones.

Los dejó a un lado.

Y antes de que pudiera protestar, tomó mi mano.

—Te voy a enseñar.

—Valentina, creo que estás sobreestimando mis habilidades.

—Creo que estás subestimando las tuyas.

Y así terminé en medio de una pista de baile llena de personas que parecían saber exactamente qué hacer.

Yo no.

La música sonaba.

Todos se movían.

Y yo intentaba no parecer un hombre que estaba negociando una fusión empresarial.

—Adrián.

—¿Sí?

—Deja de pensar.

—Eso es complicado para mí.

—Ya lo noté.

Intenté seguir sus pasos.

Ella se reía.

No de mí.

Conmigo.

Y eso hacía una diferencia enorme.

—Lo estoy haciendo mal.

Le dije.

Ella negó.

—No.

—Valentina, estoy seguro de que estoy haciendo algo mal.

Me señaló alrededor.

—Mira.

Miré.

Y entonces lo vi.

La familia del novio.

Los americanos.

Los mismos que durante la ceremonia parecían tan elegantes y tranquilos.

Ahora estaban intentando bailar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.