El Candidato Perfecto

Capítulo 9: Lo que escondemos detrás de una sonrisa

Adrián

Nunca pensé que el silencio pudiera sentirse tan cómodo.

Después de horas de música, risas y personas gritando de felicidad, el silencio dentro del auto parecía extraño.

Pero no era incómodo.

Era tranquilo.

Valentina iba sentada a mi lado, mirando por la ventana mientras las luces de la ciudad pasaban lentamente.

Ya no llevaba los tacones.

Los tenía en sus manos.

Su cabello estaba un poco desordenado por haber bailado toda la noche.

Y por alguna razón...

Me parecía más hermosa así.

No con el vestido perfecto.

No con el maquillaje impecable.

Sino cansada, feliz y real.

Sonreí sin darme cuenta.

—¿Qué?

La miré.

—¿Qué de qué?

—Me estás mirando.

Aparté la vista.

—No.

Ella levantó una ceja.

—Adrián.

Suspiré.

—Está bien.

Sonrió.

—¿Y qué pensabas?

Miré hacia la carretera.

—Que nunca había visto algo así.

—¿Una boda?

Negué.

—No.

Pensé unos segundos.

—Una familia.

Valentina dejó de sonreír.

—¿Una familia?

Asentí.

—La forma en que todos se tratan.

Me quedé mirando las luces.

—En mi mundo las personas suelen preguntarse qué puede hacer alguien por ellos.

Ella me escuchaba en silencio.

—Aquí simplemente te abrazan.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Porque así somos.

—Lo sé.

La miré.

—Y creo que eso me sorprendió.

Ella apoyó la cabeza en el asiento.

—¿Tu familia no era así?

La pregunta era sencilla.

Pero la respuesta no.

Tardé unos segundos en contestar.

—No.

El auto quedó en silencio.

—Mis padres tenían una relación complicada.

Valentina no dijo nada.

No hizo preguntas apresuradas.

Solo esperó.

Y eso me gustó.

—Para ellos el matrimonio era más una apariencia que una promesa.

Mis dedos se cerraron sobre el volante.

—Vivían en la misma casa, pero parecía que estaban en mundos diferentes.

Valentina bajó la mirada.

—Lo siento.

Negué.

—No tienes que sentirlo.

Respiré profundamente.

—Creo que por eso nunca tuve prisa.

Ella me miró.

—¿Por casarte?

Asentí.

—Veía el matrimonio como una prisión.

Una pausa.

—Como una promesa que las personas hacían y después rompían.

Valentina jugó con sus dedos.

—Pero hoy viste algo diferente.

La miré.

Y no pude mentir.

—Sí.

Ella sonrió un poco.

—Los votos.

Asentí.

—Los votos.

Recordé las palabras del novio.

"Prometo elegirte".

Esas palabras seguían dando vueltas en mi cabeza.

—Nunca pensé que alguien pudiera hablar de amor así.

Valentina sonrió.

—Porque era real.

—Sí.

La miré.

—Era real.

Hubo unos segundos de silencio.

Después ella habló.

—Yo tampoco tuve una relación perfecta.

Eso me sorprendió.

Porque Valentina siempre parecía segura.

Como si nada pudiera romperla.

—¿Daniel?

Su expresión cambió apenas.

—Sí.




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