El Candidato Perfecto

Capítulo 12: Una foto demasiado real

Adrián

Nunca pensé que una cámara pudiera ser tan peligrosa.

Una cámara normalmente capturaba lo que las personas querían mostrar.

Una sonrisa perfecta.

Una postura perfecta.

Una imagen cuidadosamente construida.

Pero aquel día descubrí que algunas cámaras tenían la mala costumbre de capturar la verdad.

Y eso era un problema.

Porque la verdad era algo que Valentina y yo todavía estábamos intentando entender.

—Necesito un favor.

La escuché decir mientras revisaba unos documentos en su oficina.

Levanté la mirada.

—Esa frase nunca termina bien.

Ella rodó los ojos.

—Solo necesito que estés presente en una sesión de fotos.

Fruncí el ceño.

—¿Una sesión de fotos?

Asintió.

—Para una nueva colección de mi marca.

—¿Y qué tengo que hacer?

Ella dudó unos segundos.

—Acompañarme.

Sonreí.

—Eso suena sospechosamente sencillo.

—Porque lo es.

—¿No tengo que bailar?

—No.

—¿No tengo que conocer a más familiares tuyos?

—No.

—Entonces acepto.

Ella negó divertida.

—Ni siquiera sabes qué vas a hacer.

—Si estoy contigo, sobreviviré.

La frase salió demasiado natural.

Y ambos nos quedamos en silencio.

Porque cada día era más fácil decir cosas así.

La sesión era para una nueva línea de ropa de pareja.

Cuando llegué al estudio, entendí por qué Valentina era tan buena en lo que hacía.

Todo estaba cuidado.

La iluminación.

Los colores.

Cada detalle.

Ella no diseñaba ropa.

Ella creaba historias.

El fotógrafo, un hombre llamado Mateo, se acercó a saludarnos.

—Así que tú eres Adrián.

Sonreí.

—Supongo.

Mateo miró a Valentina y luego a mí.

—Ahora entiendo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué cosa?

—Por qué querías hacer esta colección con ustedes.

Valentina levantó una ceja.

—¿Qué?

El fotógrafo sonrió.

—La ropa de pareja no funciona si las personas no transmiten algo.

Señaló la cámara.

—Y ustedes tienen algo.

Intercambié una mirada con Valentina.

Algo.

Esa palabra era complicada.

Porque era cierta.

Al principio solo eran fotos normales.

Una caminando junto a la otra.

Una sonrisa.

Una mirada.

Una mano sobre el hombro.

Nada difícil.

Hasta que Mateo empezó a pedir más.

—Acérquense.

Lo hicimos.

—Un poco más.

Valentina me miró.

Yo levanté una ceja.

—¿Qué?

—Nada.

—Estás nerviosa.

—No.

—Valentina.

—Adrián.

Sonreí.

Incluso en medio de una sesión de fotos podía discutir conmigo.

—Miren al otro.

Dijo Mateo.

Lo hicimos.

Y por un segundo olvidé que había una cámara.

Porque tenía sus ojos frente a mí.

Y cuando Valentina me miraba así...

Era fácil olvidar todo lo demás.

—Perfecto.

Dijo el fotógrafo.

—Ahora sonrían.

Lo intentamos.

Pero entonces ocurrió.

Valentina dio un paso atrás.

Su tacón quedó atrapado en una pequeña parte de la tela.

Perdió el equilibrio.

Y reaccioné.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.