Valentina
Nunca pensé que una prueba tan pequeña pudiera cambiar una vida entera.
Dos líneas.
Solo dos.
Pero en esas dos líneas estaba mi futuro.
Mi pasado.
Mis miedos.
Y una pregunta que no dejaba de repetirse en mi cabeza:
¿Qué haría Adrián?
Me quedé sentada en el suelo del baño, con la espalda apoyada contra la pared y la prueba entre mis manos.
No lloraba.
Ni siquiera sabía cómo sentirme.
Era extraño.
Había pasado años soñando con tener una familia.
Con una casa llena de risas.
Con niños corriendo por un jardín.
Con alguien que me mirara y supiera que quería quedarse.
Y ahora la vida me estaba dando una parte de ese sueño.
Pero de la forma más inesperada posible.
Con un hombre que había conocido hacía semanas.
Un hombre que se había convertido en mi esposo por accidente.
Un hombre que cada día me hacía más difícil recordar que esto era solo un acuerdo.
Cerré los ojos.
Y la imagen apareció en mi mente.
Adrián sonriendo.
Adrián bailando conmigo en aquella boda.
Adrián entrando a mi empresa con flores.
Adrián mirándome como si yo fuera algo importante.
Mi corazón se apretó.
Porque ese era el problema.
Ya no era un desconocido.
Y por eso tenía miedo.
La noche que nos casamos.
La noche que ninguno de los dos recordaba completamente.
La noche que había comenzado como una locura...
Había cambiado mi vida.
Nunca pensé que una sola noche pudiera traer tantas consecuencias.
Me levanté lentamente y guardé la prueba.
No podía decírselo.
Todavía no.
Necesitaba tiempo.
Necesitaba entender qué sentía.
Porque había algo que me aterraba más que perderlo.
Que se quedara solo por responsabilidad.
No quería eso.
No quería que Adrián me mirara y pensara:
"Ahora tengo que hacerlo."
Yo ya había vivido esperando que alguien me eligiera.
No iba a obligar a nadie a quedarse.
Esa tarde Adrián llegó al apartamento.
Como siempre.
Con esa facilidad que me estaba empezando a preocupar.
Como si ya perteneciera ahí.
—¿Cómo está mi diseñadora favorita?
Sonreí desde la cocina.
—¿Solo tienes una diseñadora favorita?
Dejó su chaqueta sobre una silla.
—Sí.
Se acercó.
—Porque solo conozco una que puede hacer que una habitación parezca un sueño y al mismo tiempo destruirme en una discusión.
Intenté reír.
Pero él me observó.
—¿Estás bien?
La pregunta me congeló.
Adrián siempre parecía notar cosas.
—Sí.
Respondí demasiado rápido.
Él entrecerró los ojos.
—Valentina.
—Estoy cansada.
No era mentira.
Solo no era toda la verdad.
Se acercó.
—Ven.
Antes de poder responder, me abrazó.
Y ese fue mi error.
Porque su abrazo se sentía como hogar.
Apoyé la cabeza en su pecho.
Y por un segundo quise decirle todo.
Quise levantar la mirada y decir:
"Adrián, vamos a tener un bebé."
Quise ver su reacción.
Quise saber si sonreiría.
Si me abrazaría más fuerte.
Si estaría feliz.
Pero el miedo ganó.
Me quedé callada.
Esa noche, mientras él dormía a mi lado, miré el techo.
Mi mano descansaba sobre mi vientre.
Todavía era demasiado pronto.