El Candidato Perfecto

Capítulo 21: Si no me quieres de esposo... ¿me adoptas?

Valentina

Jamás imaginé que volver a casa pudiera cambiarme la vida dos veces.

Había pasado la mañana ayudando a mi abuelo.

El barro cubría mis botas.

Llevaba un sombrero de paja viejo que siempre terminaba robándole.

Mi cabello estaba recogido en una trenza desordenada.

Las mangas de mi camisa estaban remangadas hasta los codos.

No parecía la modelo que salía en revistas.

Aquí...

Solo era Vale.

La nieta de don Ernesto.

La hija de Carmen.

La muchacha que saludaba a todo el mundo por su nombre.

—¡Vale!

Una vecina me saludó desde su patio.

—¡Buenos días!

—¿Cómo está la abuela?

—Molestando como siempre.

Las dos reímos.

Seguí caminando.

Hasta que vi algo extraño.

Había demasiada gente frente a la casa.

Mis tíos.

Mis primos.

Los vecinos.

Los niños.

Todos estaban reunidos mirando hacia el patio.

Fruncí el ceño.

—¿Qué pasó?

Nadie respondió.

Solo sonrieron.

Sentí un mal presentimiento.

Atravesé el grupo.

Y entonces lo vi.

Adrián.

Estaba de pie en medio del patio.

Con las botas llenas de barro.

La camisa arremangada.

El sombrero de mi abuelo ligeramente torcido.

Y una expresión que mezclaba nervios con determinación.

Mi corazón dejó de latir.

—¿Qué... haces aquí?

Sus ojos encontraron los míos.

Y sonrió.

Esa sonrisa.

La que empezaba a conocer demasiado bien.

—Vine a buscar a mi esposa.

Sentí que el aire desaparecía.

—Adrián...

Negué lentamente.

—No debiste venir.

Él dio un paso hacia mí.

—Tenías razón.

Parpadeé.

—¿Qué?

—No debía dejar que enfrentaras todo sola.

Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

Él respiró profundamente.

Y, delante de toda mi familia...

Se arrodilló.

Todos contuvieron el aliento.

Yo también.

—Adrián...

Susurré.

Él negó con una sonrisa.

—Déjame hablar.

Nunca lo había visto así.

Nunca.

El hombre que dirigía empresas multimillonarias.

El que siempre parecía tener el control.

Estaba de rodillas sobre la tierra.

Sin importarle ensuciarse.

Sin importarle quién lo miraba.

—Toda mi vida pensé que el éxito era tener dinero.

Miró a mi familia.

Después volvió a mirarme a mí.

—Después pensé que era dirigir una empresa.

Sonrió con tristeza.

—Pero estaba equivocado.

Hizo una pausa.

—El éxito era encontrar un lugar donde pudiera sentirme en casa.

Su voz empezó a quebrarse.

—Y tú...

Señaló mi pecho.

—Siempre fuiste ese lugar.

Mis lágrimas comenzaron a caer.

Él continuó.

—Dejé la empresa.

Varias personas se miraron entre sí.

—Dejé mi apellido.

Dejé la vida que conocía.

Y, por primera vez...

Sentí que estaba ganando.

Porque todo eso...

No valía ni una sola de tus sonrisas.

El patio estaba completamente en silencio.

Solo se escuchaban los pájaros.

Y su voz.

—¿Sabes qué descubrí cuando llegué aquí?




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