El capítulo de Nuestro Amor (completa)

CAPÍTULO XVII: Una broma de goma.

—¿Tienes frío?

Sí, esperaba que mi pregunta sonara casual. No le iba a ofrecer directamente que se acercara a dormir conmigo.

Una sonrisa se posó en su rostro. Se encontraba cómodamente acostado en el sillón de la sala con los brazos detrás de la cabeza; llevaba puesto un pijama azul de algodón.

Por alguna razón, su mirada penetrante comenzaba a ponerme nerviosa, y agradecí a la oscuridad del lugar por no exponer mis mejillas rosadas.

—Un poco. —respondió aun sonriendo. —¿Por qué?

Sabes por qué pregunto, Isaac, no te hagas.

—N-nada. —hablé. —Sólo preguntaba; bajé a tomar un poco de agua.

—Oh... —se incorporó sobre el sillón tomando asiento. —La cocina está por el otro lado. —Indicó señalando a mis espaldas.

Oh genial. Entonces de verdad disfrutaba humillarme.

—Sí, lo sé...sólo...nada. —hablé un tanto exasperada. —Buenas noches.

Caminé hacia la cocina un tanto aburrida. No tenía ni una sola pizca de sed, pero lo único que podía hacer era fingir que sí; esto para no morir humillada.

Ingresé al lugar; estaba en penumbras, pero la luz de la luna era suficiente como para alumbrar mis pisadas. Solté un suspiro pesado mientras buscaba un vaso de vidrio en el repostero; lo llené en el filtro de agua y bebí un poco de ella.

Eso de ser novia de alguien no era tan sencillo cómo pensaba.

—¿Por qué simplemente no dijiste que querías dormir conmigo y ya? —La voz de Isaac me tomó desprevenida, tanto que casi suelto el vaso con agua de mis manos.

Lo observé con enojo. Se encontraba recostado en el umbral de la puerta con las manos en los bolsillos.

¡Dios! ¿Por qué se tenía que ver tan lindo hasta en pijama?

—¿Quién dijo que quería decirte eso? —Refuté.

—Tu cara te delata, Ame. —Respondió acercándose lentamente hacia mí.

Me aferré al duro concreto de la isla, odiando los ligeros nervios que Isaac me hacía sentir.

—Bueno, lo hubiera dicho si no fueras tan idiota.

—Auch. —Se tocó el pecho con la mano derecha. —Mi novia cree que soy un idiota. —Su falsa indignación me parecía graciosa. Reí en voz baja mientras lo observaba.

Se acercó lo suficiente a mí cómo para tomarme de la cintura y apoyar su frente sobre la mía.

—¿Quieres que duerma contigo? —Susurró con una ligera sonrisa. Asentí lentamente intentando controlar mi vergüenza. Hace unos meses lo quería lejos de mí, y ahora sentía que me derretiría en cualquier momento entre sus brazos.

—Sí. —Admití con otro susurro.

Él acercó sus labios a los míos lentamente y me besó con mucha ternura.

—Será un gusto, señorita Johnson.

...

Nos acostamos uno al lado del otro, sumergidos debajo de la suave colcha de la cama, observando el blanco techo con mirada fija. No sabía que hacer; tanto moverme o quedarme muy quieta parecían muy malas ideas.

—¿Por qué no te gustan las hamburguesas? —La pregunta de Isaac aligeró un poco el ambiente. El silencio que antes existía era demasiado incómodo para ambos.

Giré la cabeza en su dirección; él observaba el techo con ambos brazos debajo de la nuca.

—Son feas, una vez comí unas en casa de un nov...un amigo. —Corregí intentando no mostrarme al descubierto. —Un amigo. Pero no me gustaron.

—¿Un amigo eh? —Esta vez él había volteado a verme, aunque sonreía maliciosamente.

—Claro, y cómo dije, estaban feas.

—Ese amigo tuyo, o su mamá, no sabían prepararlas, porque las hamburguesas son geniales; bueno, las mías lo son. —Presumió haciendo énfasis en aquella palabra.

Reí un poco después de escucharlo.

—Bueno, supongo que mi actual novio tiene un talento para eso.

—Y el único novio que tendrás a partir de ahora. —Concluyó y se acercó rápidamente para envolverme entre sus brazos. Lo observé cómo una tonta mientras besaba mi mejilla con mucha ternura.

—Ha de ser interesante llevar una vida normal cuando mucha gente te conoce. —Comenté pensativa mientras me acurrucaba en su pecho. Tenía muchas ganas de escucharlo hablar, que me contara su trayecto, todo lo que había hecho para llegar en donde estaba.

—En realidad lo es un poco; la mayoría de personas conoce mis palabras, pero mi rostro les es indiferente. Por esa razón utilicé un seudónimo; de esta forma me ahorraba muchas vergüenzas. —Rió. — Supongo que me acostumbré a esta vida de incógnito.

— Bueno ahora toda la comunidad lectora habla de ti y de tu rostro.

— Sí. Ha sido una locura. Inclusive hay muchos que me han ofrecido entrevistas y cosas parecidas.

—Deberías aceptar alguna o comenzarán a decir que eres engreído y amargado. —Bueno, debía admitir que en parte lo era, aunque había muchas cosas buenas en él detrás de todo eso, las cuales yo estaba conociendo de a pocos.

— No soy muy fan de las entrevistas, hacen muchas preguntas.

—Yo creo que sería muy genial verte en la televisión. Hay mucha gente que está ansiosa por saber más de ti.

—Quizás podría aceptar una. Pero las de programas de farándula definitivamente no.

—¿Por qué? Son divertidas.

—¿Te parece divertido que invadan tu privacidad?

—No lo veas así, piensa en toda la gente que te admira, en todos lo que han leído tus escritos y te siguen desde el inicio; me incluyo en ese grupo. —Sonreí levantando mi rostro para mirarlo a los ojos.

—Bueno... —Él pareció meditar un poco en mis palabras —Es un buen punto.

—Lo es.

—Me has convencido. — Habló cerca a mi oído. —Iré a un programa de farándula, pero iré cuando tenga algo importante que informar.




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