El capítulo de Nuestro Amor (completa)

CAPÍTULO XXII: Un panorama confuso y desconocido.

El viaje de regreso a Hopmond salió de improviso; tuvimos que explicarle a mi madre que teníamos cosas que arreglar en la ciudad y que volveríamos en cuanto podamos.

La construcción de la casa empezaría la siguiente semana. Por dentro esperábamos poder regresar a tiempo para chequear el proceso, pero Isaac no estaba seguro de por cuanto tiempo vendría su abuela, aunque casi pudo asegurarme que se trataba de una visita fugaz.

—Llegará pasado mañana y dudo que se quede más de una noche. Tiene setenta y tres años y odia la incomodidad; quizás duerma en algún hotel acompañada de Derek, su ayudante.

—¿Tiene un ayudante?—Pregunté sorprendida.

No conocía a nadie de la familia Taylor, salvo al padre de Isaac y a su primo Thomas, quien viajaba a Merrel por vacaciones de vez en cuando.

—Sí, es algo así como su mayordomo personal.—Aclaró.—No te asustes; ellos tienen costumbres muy...sofisticadas.

Por dentro me preguntaba si debería preocuparme por eso; yo no era alguien separada a los buenos modales, pero no podía negar que desconocía las muchas reglas de etiqueta.

—¿Y a que se debe su visita?—pregunté.

—Eso es lo que no sé, pero creo que tengo una idea.

...

Para la noche del miércoles, exactamente a las ocho de la noche, Isaac y yo nos encontrábamos dentro de un fino restaurante esperando la llegada de la abuela Taylor con muchos nervios.

Aunque él no lo dijo de forma directa, trató de advertir—con palabras sugerentes—que su abuela era una mujer demasiado exigente y que probablemente pondría mala cara ante cualquier cosa que yo haga o diga.

Al inicio pensé que era demasiado exagerado al suponer eso, pero luego me di cuenta de que no había mentido, pues desde el primer momento en el que la mujer ingresó al lugar, resguardada por un hombre alto de expresión seria y alzada, comprendí exactamente el tipo de persona que era ella. Alguien que daría todo de sí por conseguir lo quiere, sin importarle los sentimientos del resto.

Dentro mío me reprochaba por tener aquellos pensamientos prejuiciosos acerca de la mujer, pero aquella era la primera impresión que había tenido de ella; y ya sabemos lo que dicen de las primeras impresiones: son difíciles de quitar.

—Buenas noches, abuela. —Isaac se había puesto de pie para recibirla provocando que yo hiciera lo mismo a su lado.

Observé a la mujer que tenía al frente mío; era de cabello blanco cenizo y de tez muy blanca. Su forma de vestir detonaba mucha elegancia, y hasta su porte era muy dominante. Físicamente no parecía ser más alta que yo, aunque podía jurar que en sus mejores épocas había sido una mujer guapa y esbelta. Llevaba puesto un lindo traje de vestir color crema y un chal café de lino cubriéndole la espalda y los hombros.

Traté de mantener la compostura todo el rato en el que la mujer se mantenía callada analizándome con la mirada; inclusive comencé a cuestionar si mi elección de ropa había sido acertada; por recomendación de Isaac había optado por lucir un vestido sobrio que cubriese mis piernas hasta debajo de la rodilla, aunque admitía que no era mi estilo cómo tal.

De ser por mí, habría elegido otro atuendo, pero dejé que Isaac me guiara esta vez, sobre todo porque sabía que me sentiría inconforme, nerviosa e insegura con cualquier cosa que yo misma eligiera.

—Buenas noches. —saludó finalmente la mujer. Isaac se acercó hacia su lugar extendiéndole la silla para que tomase asiento, a lo que ella agradeció con un asentimiento. —Puedes sentarte en otra mesa, Derek. —Le habló al hombre que venía con ella. En ese instante recordé lo que Isaac me había dicho de su ayudante, era serio y un muy poco bromista; el hombre no se veía tan mayor, le calculaba unos cuarenta y cinco años.

—Buenas noches. —Saludé tomando asiento junto a Isaac.—Es un gusto poder...

—Tú debes ser Amelie ¿Verdad? —ni siquiera había dejado que terminase de hablar cuando me interrumpió, pero decidí no objetar por respeto. —Todos los noticieros hablan de ti y mi nieto.

—Somos novios, abuela. —Le dijo Isaac con una leve sonrisa. —Ella es mi novia, Amelie Jane Johnson.

Su mirada era tan penetrante y severa, que en seguida supe que se encontraba inconforme de escuchar las palabras de su nieto, quien había tomado mi mano por debajo de la mesa, comprendiendo que yo me encontraba igual de nerviosa que él.

—No recuerdo que me hallas llamado para pedir mi opinión, hijo. —Mary sonreía, aunque de forma fingida.

—Isaac y yo preferimos mantenerlo en secreto, hasta lo del otro día.

—Discúlpame, querida, pero este es un tema entre mi nieto y yo. Tenemos muchas cosas que aclarar aún, sobre todo, lo referido a Lidia.

Por un momento me sentí muy desencajada con su comentario; primero, había dejado en claro que mi opinión casi nada le importaba, y en segundo lugar, la mención de Lidia me resultó totalmente inesperado.

Miré a Isaac en busca de respuestas, confundida por el rumbo que seguía la conversación. Él lucía un tanto incómodo y hasta enojado, pero sabía controlarse muy bien.

—Fui muy claro cuando dije que no estaría con Lidia; y me apena mucho que tu visita se trate sólo sobre eso.

—Es que no tenemos opción, Isaac, ¿Qué le diremos a todos los invitados?

Sin duda, el tono de la mujer era frío y un tanto severo; su autosuficiencia y sus aires de alcurnia al hablar comenzaban a parecerme muy groseros, sin embargo, no podía negar que lo dicho por la mujer era muy intrigante.




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