El capricho de Cupido

000 I El capricho de Cupido

Lunes, 14 de enero

Tomó un gran bocado de aire que lo expulsó atreves de la boca cuando se sentó en una banca de cemento. Acunó su rostro para calmar esa ráfaga de sentimientos que estaba cruzando por su corazón.

Una mexicana que radicaba en Australia desde que era una pequeña niña, estaba viajando por todo el mundo decidió quedarse un día más en su última parada, Japón. Pues hace dos noches ella estaba sentada comiendo sola en un pequeño restaurante acogedor donde se acercó un japonés de la tercera edad, dueño del restaurante, para hablarle del amor, debido a su exitoso matrimonio era para muchos, un ejemplo de esa maravilla.

Asimismo, el hombre le contó sobre la extraña leyenda del hilo rojo originaria de ahí mismo. Él creía plenamente en ella, su meñique estaba conectado con el de su bella mujer atreves del hilo rojo.

Keylin le preguntó al hombre de que trataba aquella leyenda urbana porque nunca la había escuchado. Él se sentó en frente de ella para empezar a explicarle todo.

La leyenda surgió cuando se descubrió que la arteria ulnar conecta el corazón con el dedo meñique.

Al estar unidos por esa arteria se comenzó a decir que los hilos rojos del destino unían los meñiques con los corazones; es decir, simbolizaban el interés compartido y la unión de los sentimientos.

El hilo existe independientemente del momento de sus vidas en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningún caso, aunque a veces pueda estar más o menos tenso, pero es, siempre, una muestra del vínculo que existe entre ellas.

Eso era lo que generalmente, pero conocer la historia de la leyenda es otra cosa. Por lo que el dueño del restaurante narró:

—Una de las leyendas sobre este hilo rojo cuenta que un anciano que vive en la luna, sale cada noche y busca entre las almas aquellas que están predestinadas a unirse en la tierra, y cuando las encuentra las ata con un hilo rojo para que no se pierdan.

Pero la leyenda más popular y la que se recita en casi todos los hogares japoneses a los niños y jóvenes es esta: Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. —Mantuvo el silencio por unos momentos para crear tensión en el ambiente.

Keylin estaba tan concentrada e interesada en aquella conversación que empezó a golpear la madera del suelo con la suela de su zapato para afirmar su desespero, así que el hombre continuó:

—Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa; la bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo.

Esta búsqueda los llevo hasta un mercado en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie e hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: "Aquí termina tu hilo", pero al escuchar esto, el emperador enfureció creyendo que era una burla de la bruja.

Empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña hija en los brazos y la hizo caer haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente. Luego ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor fuera que desposara a la hija de un general muy poderoso.

El emperador aceptó esta decisión y comenzaron todos los preparativos para esperar a quien sería después la elegida como esposa del gran emperador. Llegó el día de la boda, pero sobre todo había llegado el momento de ver por primera vez la cara de su esposa.

Ella entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente su rostro. Al levantarle el velo vio por primera vez que este hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente. Era la cicatriz que él mismo había provocado al rechazar su propio destino años antes. Un destino que la bruja lo había puesto frente suyo y que decidió descreer.

Keylin no se percató del momento en que estaba mordiendo las uñas, sin duda el destino jugaba extraño. Aunque para ella, el castigo para el emperador hubiera sido quedarse solo, por no creer en la posibilidad de que aquella bebé que la campesina sostenía, fuese su destino.

—La enseñanza de la leyenda del hilo rojo según la tradición japonesa tiene que ver con la comprensión del destino y el papel preponderante que juega el amor en este hilo. Muestra claramente cómo los amores destinados son eso, no podemos escapar de la persona que nació para amarnos —culminó aquel señor con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro porque vio como aquella mujer se había enlazado con alguna manera con la historia.

Keylin quedó tan encantada de esa historia que decidió quedarse, ¿quién sabe? Igual y ahí se encontraba el amor de su vida, los japoneses no son tan feos, después de todo, al menos, no todos. Pero para ser honestos, aparentemente los japoneses no estaban interesados de mujeres de otras culturas por la clara discrepancia que puede surgir.

Esa era su última noche en Japón, y al día siguiente, temprano, debería estar abordando un avión devuelta a su casa, Australia.

Una ventisca de aire fresco la golpeó en la cara y provocó que unas gotas de agua la mojasen, lo cual era extraño ya que el cielo estaba despejado. Miró por primera vez hacia atrás y notó la fuente redonda. Era extraña porque en el centro tenía lo que parecía ser un cupido en forma de un bebé, apuntando en una dirección en alto con su arco. En su espalda había unas fechas con forma de corazón, y por supuesto, llevaba pañales.

Keylin acomodó su corta cabellera castaña oscura hacia un lado para fijarse al fondo de la fuente por si se encontraba unas monedas, y cuando lo confirmó, sacó una del bolsillo de su pantalón. Ya que no quería ser la única ridícula pidiendo un deseo.




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