El capricho de Cupido

011 I Cupido quiere usar sus cupones

Viernes, 25 de enero

Keylin sujetó con fuerza la bolsa de papel antes de colocarla en frente del escritorio de su asistente, quién se estremeció cuando escuchó algo golpear su mesa de trabajo. Confundido, alzó la cabeza para encontrarse con la grata visita de su jefa.

—Señorita Flores. —Se levantó de su asiento, acompañado de una gran sonrisa de oreja a oreja, observando con curiosidad la bolsa, se veía demasiado grande para el almuerzo de una persona.

—Hola Wes, te traje el almuerzo, para que lo comas cuando sea tu hora. Mientras ponte a trabajar —indicó mientras visualizaba la expresión del hombre que estaba entrecerrando sus ojos—. No le des vueltas al asunto, gracias por el otro día —balbuceó, encogiéndose de hombros.

Finalmente, el rubio tomó la bolsa de papel para ponerla en un cajón, pues estando encima del escritorio era demasiada tentación para comer ahí. Por otra parte, Keylin giró sobre sus propios talones para dirigirse a su oficina y seguir trabajando. Estaba haciendo todo un papeleo para tener autorización de hacer una asamblea escolar, para exponer su proyecto. Mucho papeleo la agobiaba, pero era parte de su trabajo y debía de esforzarse.

Se perdió en la línea del tiempo, que se estremeció cuando su celular vibró. El grupo de sus amigos habían acordado de ir el sábado a un campamento ellos con sus familias, porque la mayoría de los niños cumplían la siguiente semana, era una tradición que ellos como familia hacían, tenían pocos años de implementar aquello, pero era especial. Además, recalcaron que no debían de llevar alcohol, porque la borracha de Keylin se ponía pesada.

Y era mentira, ella no era borracha.

No bebía todos los días, y lo hacía de vez en cuando.

Exageraban de vez en cuando las cosas.

—Buenos días, jefa —llamó desde el otro lado de la puerta.

Apareció Brent, el corrector de su equipo. Entró a la oficina, dejó la puerta abierta y se acercó a su escritorio, poseía una gran sonrisa perfecta que era pegadiza, así que ella no se dio cuenta en qué momento sonrió.

—Brent, ¿qué es lo que me tienes?

—Pues Piper habló con usted ayer, me parece que llegaron a la conclusión de publicar un libro llamado "Soñadora" de un autor novato, con otro de cuentos infantiles el siguiente mes, ¿verdad?

Keylin asintió con la cabeza, dándole la razón.

—Bueno, la razón. Bueno, estoy terminando con las correcciones —prosiguió, inflando sus pulmones de aire inquieto—, y se las voy a pasar a Chris, para empezar con la otra novela.

—Perfecto, ¿y qué es lo que necesitas? —cuestionó con una ceja alzada.

—Tengo ideas para participar en la ilustración del cuento infantil, me pregunto si puedo tener la oportunidad de colaborar con Emilia para ello —tartamudeó, mordiendo su labio inferior sin dejar de mover las manos.

¡Vaya, que sorpresa! No sabía que Brent estaba interesado en el diseño gráfico.

—¿Qué es lo que piensa Emilia? —inquirió, después de unos momentos de estar dentro de la tensión del ambiente que podría congelar a cualquiera.

Los ojos marrones de Brent deslumbraron llenos de esperanzas.

—Ya hablé con ella, puedo comentarle mis ideas, después de haber leído los relatos. Es que, tengo muchas ideas brillantes, y...

—¿Quieres cambiarte de área? Sabes que el equipo no es muy grande, tampoco sería factible contratar a alguien para ocupar tu puesto y tú irte. Además, en diseño no se necesita otro integrante.

La esperanza que Brent había reflejado anteriormente, desapareció completamente, así que mordió el interior de sus mejillas para contener la decepción que amenazaba con abordarlo.

—Pero podrías darle ideas, y ayudar a Emilia en esas cuestiones. Podrás hacerlo cuando termines tus propios pendientes, siempre y cuando no molestes en el trabajo de Emilia. Se te darán los créditos, ya me encargaré de hablar de eso con ella, ¿de acuerdo?

—¡Sí! —chilló, exaltado—. Gracias, gracias. Le aseguro que no se va a arrepentir ni un poquito.

Brent dio grandes zancadas para dirigirse a la salida, hasta pareció por un momento que estaba tarareando una canción que demostraba su victoria. De igual manera, ella se encargaría de resolver eso con Emilia, no quería comprometerla y arruinar su inspiración.

Weslay entró varios segundos después que Brent desapareció, el rubio se encargó de cerrar la puerta tras de él y le sonrió a Keylin.

—Hola Weslay, ¿qué necesitas? ¿Tú también quieres cambiar de puesto? —Arqueó una ceja con una voz melosa—. Prefiero que no lo hagas, ¿dónde podría conseguir otro asistente como tú? —inquirió, ahogándose una carcajada.

—Sí, creo que tienes razón; soy único en mi especie. Después de todo, ¿quién se puede ir de vacaciones por un mes sin preocupación de lo que esté pasando en su PYME? —contestó con un toque de ironía, sin llegar a sonar prepotente.

—Sí, tienes razón. Eres muy eficaz, ¿quieres una recompensa? —preguntó pícara, entrelazando sus manos encima del escritorio.

Weslay de pronto, sintió que le hacía falta el aire y su rostro se encendió. El color carmín tiñó sus mejillas, así que agachó la cabeza para que ella no lo pudiera apreciar. No obstante, ella sacudió la cabeza, pues lo había visualizado todo.

—No te preocupes, solo bromeaba. —Dejó salir las carcajadas que estaba reteniendo—. De niña, solía ver muchas telenovelas con mi mamá. Y era lo que los jefes de vez en cuando decían, no te preocupes. —Mordió su labio inferior inquieta.

—Nunca he visto una telenovela —confesó segundos después, alzando la cabeza.

El color carmín todavía seguía en sus mejillas, pero no tan potente como antes.

—Tal vez un día deberías de ver una, tengo muchas que recomendarte. —Se encogió de hombros—. En fin, ¿necesitas algo?

Weslay emitió un sonido indescriptible.

—Por eso viniste a mi oficina, ¿no? ¿Necesitas algo? —Se enderezó en su silla, clavando sus ojos en él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.