El Castillo De Cristal

Capítulo 14

Humo, fuego, escombros, cadáveres, olor a putrefacción, niebla, silencio. Ese era mi hogar, mi hogar destruido por la guerra.

Las calles estaban desiertas, por donde pisabas podías ver los cadáveres de niños, adultos, ancianos, llenos de polvo que desprendían los escombros en el piso. Los olores que desprendían los cadáveres entraban por la nariz causando un malestar y náuseas.

El fuego se expandía por las casas que hace unos años habían sido habitadas por ciudadanos de marte, quemando todo a su paso.

El silencio que se sentía en aquel lugar lleno de escombros era fúnebre, era aterrador... sólo se escuchaba el crujir de lo que el fuego quemaba y el soplar del aire.

Corrí apresurada por las calles del reino hacía el castillo, hacía mi hogar.

-¿Hola, hay alguien aquí?- grité sin recibir respuesta alguna, solo se escuchaba el eco que repetía mis palabras.

Mi respiración comenzó a agitarse y mi corazón empezó a latir más rápido de lo normal, las manos me sudaron y de mi frente comenzaron a caer gotas de sudor que pronto empaparon mi ropa.

Estaba ahí enfrente al castillo a unos cuantos pasos de la puerta, mi corazón dio un vuelco al ver el lugar de cerca. La mayoría del castillo estaba deshecho, tan solo quedaba la estructura, las paredes estaban hechas escombros.

Me quedé parada frente al castillo, completamente agitada y sudorosa.

-¡MAMÁ, PAPÁ!- solté un grito ahogado por un nudo que se formó en mi garganta

Volví a correr lo más rápido que pude para llegar pronto al castillo, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos y escurrir por mis mejillas.

-Papá... mamá... esperen por favor... por favor...- apenas pude articular mientras corría.

Mientras corría apresurada por aquellas calles vi una imagen que me hizo vomitar.

En el piso yacía el cuerpo de una mujer joven, de cabello oscuro como el café, mediana estatura cubierta de polvo y cenizas que el fuego había dejado a su paso, ella sostenía a un niño en brazos el cual estaba tapado con varias cobijas.

Me detuve frente a la mujer y lentamente me acerqué a ellos, con mi mano temblorosa quité un poco de tierra del rostro de la mujer para poder mirarla.

-¡No!... ¡no puede ser!- me separé de un salto y me tapé la boca para no soltar un grito... Lain, ¡no puedes ser tú!- aquella mujer era mi hermana y su bebé, me hinqué y me eché a llorar.

Me levanté aun llorando y con pasos lentos y cansados caminé hacía el castillo, abrí la puerta y entré, el castillo estaba deshecho, las piedras cubrían todo a su paso, lo único que permanecía en pie era la parte delantera del castillo.

-¡NOOOOO!- grité lo más fuerte que pude- ¡Mamá, Papá! ¿Dónde están? por favor respondan, no me dejen sola.

Escalé entre los escombros buscando alguna señal de vida pero fue inútil, solo pude encontrar una foto de mi familia, en un enorme cuadro roto. La tomé y saque del cuadro.

Me tiré en el suelo y lloré lo más fuerte que pude observando la foto, el planeta negro había acabado todo a su paso, no había dejado nada, ni a nadie. Como el fuego, habían destruido todo el mundo sin piedad.

Estuve ahí sentada en el piso llorando durante horas, perdí la noción del tiempo, el lugar era tan silencioso que se podía escuchar mis lágrimas caer en el piso.

Finalmente me incorporé del suelo y caminé cansada por las calles destruidas de mi Marte, con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. No podía ni siquiera hablar mucho menos gritar.

Las pocas fuerzas que me sobraban las estaba utilizando para seguir caminando, me dirigía directo a mi nave para finalmente irme a Urano junto a Corime.

Me urgía poder llegar junto a Corime y poder abrazarla, necesitaba escuchar su voz que me tranquilizaría, quería que me besara en mi frente y me dijera con su dulce voz "Tranquila aquí voy a estar contigo siempre"... necesitaba su ayuda para salir es esta situación que me había partido el alma.

Ella mejor que nadie sabía lo que era perder todo en una guerra... necesitaba su apoyo, simplemente la necesitaba.

Caminé y caminé hasta llegar a la parte del bosque donde había dejado mi nave, tan solo faltaban unos cuantos pasos para llegar al lugar donde se encontraba. El corazón me empezó a latir más fuerte y brusco de lo normal y el estómago me empezó a doler.

Decidí pararme un momento, quizás el cansancio y las emociones que había tenido ese día estaban teniendo un efecto negativo en mí. Me sentí mareada y todo se me movía, estaba hambrienta y todo me daba vueltas.

Me senté en un árbol y comí un pedazo de pastel que había guardado en el bolsillo de la capa antes de salir de Urano, a pesar de tener hambre no tenía apetito, todo me daba asco y ganas de vomitar, pero tenía que comer algo, aun me esperaba un largo viaje.

A lo lejos pude escuchar el crujir de una rama en el bosque, alguien estaba caminando hacia mí. Mi corazón se aceleró y me levanté lo más rápido que pude.

-¿Hola?, ¿Quién está ahí?- pregunté pero no hubo respuesta alguna.

-Tranquilo, soy inofensiva, soy la princesa Arem... puedo ayudarte... no tengas miedo y sal de donde estas.

Una sonrisa iluminó mi rostro y una oleada de felicidad se apoderó de todo mi cuerpo, alguien había sobrevivido a la guerra. Esperé unos momentos pero nadie salía ni hablaba.

-¿Hey, dónde estás?... ¿Tienes miedo?, de verdad no te haré nada... solo quiero ayudarte.

-¡crujh!- escuché otro ruido justo atrás de mí.

-¿Quién anda ahí?- me volteé- ¿También sobreviviste?- pero no volví a recibir respuesta.

Mi cuerpo se paralizó por completo, la sangre se me congeló y el corazón me latió muy fuerte.

Aquellos no eran ciudadanos de Marte... eran soldados negros, que me acechaban. Me quedé quieta sin moverme, el sudor cayó de mi rostro y comencé a temblar de miedo.

Durante unos minutos me quede inmóvil, pero si me quedaba ahí ellos me asesinarían, si me encontraban me matarían... tenía que salir lo más pronto posible antes de que ellos me vieran.



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En el texto hay: lesbianas, lgbtq, amor lgbt

Editado: 26.07.2021

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