El catalizador de ébano

Capítulo 4: El Ojo de la Tormenta P1

El eco del pulso ámbar de Kaelen aún vibraba en las piedras de la arena cuando el cielo se rasgó con el sonido de las trompetas de obsidiana. Los Guardias de Hierro, armaduras vacías imbuidas de almas de guerreros antiguos, rodearon el campo de entrenamiento en segundos, sus lanzas apuntando al centro.

—¡Nadie se mueva por orden del Triunvirato! —la voz del Preceptor Malphas, el maestro de Alquimia Prohibida, resonó mientras descendía en una plataforma de mármol flotante.

Junto a él, otros dos profesores de alto rango aterrizaron, sus túnicas ondeando con una energía nerviosa. Sus ojos recorrieron la arena, deteniéndose en las rosas de plata que habían brotado de la nada y en el vapor dorado que aún subía del suelo.

—¿Qué es esta aberración? —siseó la Profesora Vespera, experta en rastreo de mana—. Esta firma mágica... no es elemental, ni es nigromancia. Es demasiado pura. Es como si el éter mismo hubiera descendido a lavarse en esta arena.

Kaelen sintió que el corazón se le salía del pecho. Permanecía inmóvil, con las manos ocultas en sus mangas, tratando de apagar el brillo que aún recorría sus venas. Luka, Nyx y Elian se agruparon frente a él, fingiendo estar tan aterrorizados como cualquier estudiante común ante una inspección sorpresa.

—¿Ustedes! —exclamó Malphas, señalando a los "Descartes"—. ¿Qué han invocado? Este residuo es de nivel Arcano. ¿Dónde está la entidad que causó este desgarro?

—Nosotros... nosotros solo estábamos practicando puntería —balbuceó Luka, señalando su cañón sónico humeante—. Hubo una explosión, señor. Creemos que una veta de mana subterránea estalló.

Los profesores intercambiaron miradas de duda. Vespera se agachó para tocar una de las rosas de plata. Al rozarla, la flor se deshizo en polvo de estrellas que quemó ligeramente sus guantes de seda.
—Esto no es una veta de mana. Esto es Magia de Refino. Un arte que se creía extinto hace tres eras. Alguien o algo ha filtrado la energía del ambiente y la ha devuelto en forma de materia divina.

Fue en ese momento cuando la sombra de Theron se proyectó sobre los profesores. El Elemental de Tormenta, que hasta entonces había estado parcialmente camuflado por la bruma, dio un paso al frente. Su armadura de rayos crujió, liberando una presión que obligó a los guardias de hierro a retroceder tres pasos.

—¿Un Guardián de Grado Superior? —Malphas casi pierde el equilibrio en su plataforma—. ¿Qué hace una entidad de la Primera Esfera en los campos de baja categoría?

Theron cruzó sus brazos, su voz resonando como el trueno antes de la lluvia.
—Estoy aquí por derecho de Vínculo. Este territorio ya no es solo de la Academia Arcanum. Está bajo la protección de los Elementales Mayores.

Los profesores palidecieron. La presencia de Theron era la prueba de que algo "grande" había ocurrido, pero debido a la arrogancia de los maestros, su sospecha se desvió de Kaelen.
—El Guardián... —murmuró Vespera, mirando a Theron con temor reverencial—. Él debe ser la fuente. El Elemental ha purificado la arena para reclamar su territorio. Por eso los chicos de la Ee fueron detectados en la frontera. Vinieron tras él.

Kaelen soltó un suspiro inaudible. Los profesores creían que Theron era quien había generado el pulso del Prisma. Para ellos, era imposible que un humano común fuera capaz de tal hazaña.

—Llévense a estos estudiantes a sus dormitorios —ordenó Malphas, mirando a Kaelen con desdén, sin sospechar que el chico era el verdadero "sol" que buscaban—. Debemos informar al Rector. Si un Guardián de este calibre se ha manifestado, el equilibrio entre el Arcanum y la Ee ha terminado.

Mientras los guardias los escoltaban fuera, Kaelen sintió una presencia en la torre de vigilancia. Valerius estaba allí, oculto en las sombras, observando todo. A diferencia de los profesores, Valerius tenía una sonrisa delgada en los labios. Él sabía que el Elemental no era la fuente. El Elemental era solo el escudo del verdadero tesoro.

—Kaelen —susurró Theron mentalmente mientras caminaban—, el velo es delgado. Hoy los engañamos, pero tu poder sigue creciendo. Pronto, ni siquiera yo podré ocultar tu luz de sus ojos hambrientos.

El grupo se apresuró a cruzar los arcos de piedra, dejando atrás la tensión de la arena y la mirada inquisidora de los Preceptores, quienes seguían discutiendo con el imponente Theron. La escolta de los Guardias de Hierro los dejó en la entrada del sector residencial, dándoles una orden seca de no volver a los campos de entrenamiento hasta nuevo aviso.

Kaelen caminaba en silencio, con el corazón todavía martilleando contra sus costillas. Se detuvo en seco frente a la bifurcación que llevaba a la Torre de los Invitados, ese lugar frío y gris donde lo habían confinado al llegar.

—Chicos... —susurró Kaelen, mirando la imponente y sombría torre—. No puedo volver ahí. Esa celda para "invitados no vinculados" es... es una prisión. Y después de lo de anoche y lo de hoy, siento que si me encierran solo en esa oscuridad, voy a terminar haciendo explotar las paredes sin querer.

Luka se detuvo y se rascó la nuca, mirando a Nyx.
—Tiene razón. Un Prisma sin control en una celda de aislamiento es como meter una tormenta en una botella de cristal fino.

—Oficialmente —intervino Elian, consultando un pequeño mapa de pergamino que brillaba con luz tenue—, como "estudiante bajo custodia especial", teóricamente deberías tener una habitación en el Ala de los Van Drakken, por orden de Valerius. Pero dudo que quieras dormir bajo el mismo techo que ese vampiro social.

Kaelen palideció. La idea de estar atrapado en el ala privada de Valerius era casi tan aterradora como la celda de la torre.

—¿No hay otra opción? —preguntó Kaelen, casi suplicante—. ¿Alguna casa o dormitorio donde no me miren como a un monstruo o un trofeo?




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