El cazador de plumas

El Hombre de la pluma (Parte 1)

EL cazador de plumas

(El hombre de la pluma)

 

El hombre de los colmillos lleva capa, lo que pasa por encanto es un encantamiento…

¡Entiende bien lo que ves cuando me ves!

—Anne Rice.

 

—Alberto Ayala —Dijo una voz, alguien lo había reconocido y esa voz no pertenecía a otra persona que a Adriana Ortega; “La chica del blog”

—Adriana, veo que ahora tus entradas las buscas en bares a la moda, espero que no estés planeando cambiar tu blog por una revista.

Adriana levanto una ceja y una mueca de sarcasmo se dibujó en su rostro, eso solo hizo que se viera aún más bella, pues eso era la realidad, en especial en esa noche, la joven se veía exquisita. Un vestido blanco ceñido, acentuando su hermosa figura, que en contraste con el resto del lugar la hacía lucir como un ángel en medio de las sombras, mientras el parecía un caballero oscuro.

Cuando sus miradas se cruzaron el quedo atrapado en el oro derretido de la mirada de ella, que se quedó clavada en la oscura y herida mirada de él.

—Nunca pensé en encontrarte en un lugar como este —Dijo ella finalmente.

—Imagino que, si se tratara de buscarme, mejor acudirías al clásico bar de fantasmas, donde el bar tender viste chaqueta de Jean y me sirve un whiskey a las rocas tras otro.

Ella se río, de manera muy genuina, para ella Alberto era una especie de Hemingway, por lo que en realidad si se lo hubiera imaginado en ese lugar y lo ridículo de la situación solo la hizo reír más aún.

Mientras la risa de ella, apenas audible iba disminuyendo cada vez más hasta perderse entre la música a todo volumen y el ruido ambiente, entonces, fue que él volvió a detenerse a observarla, perdiéndose en esa visión que ella representaba para él, en ese momento la música del bar dejó de sonar para él mientras en su mente al observar a Adriana escuchaba “Angel” de “Theory of a deadman”

“I’m in love with an angel, heaven forbid, made me a believer with the touch of her skin”

Sus ojos color miel y su cabello castaño casi rubio, eran hipnóticos para quien se detuviera a observarlos, y Alberto no era la excepción. De pronto la música del lugar si le pareció coherente, “Ocean Drive” se acercó a ella entonces, la tomo por la mano, ella dio una vuelta aun sosteniendo la mano de él y luego quedaron de frente, observándose, moviéndose, actuando como si fueran uno solo y ajenos al resto de las personas que estaban en el lugar siguiendo el paso de la canción “Don't say a word while we danced with the devil You brought the fire to a world so cold We're out of time on the highway to never Hold on (hold on), hold on (hold on)”

Una vez más quedaron de frente, con los rostros casi rozándose, entonces ella dijo:

—¿De verdad estoy bailando con el diablo, debería decir algo?

—Solo bailas con el hombre de la pluma.

Otra vez se perdieron en mundo de palabras silenciosas que solo sus miradas conocían. La alerta se disparó entonces, disipando con eso la magia, una chica de vestido negro que llevaba ya un buen rato observándolos estaba de pie ahora detrás de Adriana, su cabello era largo liso y negro como el plumaje de un cuervo, mientras que sus ojos, un par de esmeraldas, lo miraban de arriba abajo para intentar descifrarlo y llegar al fondo, pero claro, no estaba teniendo mucho éxito en ello.

—Espero no estés pensando en secuestrar a mi amiga —Dijo, con una mirada fría y protectora, mientras luego la cambiaba por una dulce destinada para Adriana, que dio un salto de alegría al verla.

—Isabella —Dijo, mientras la abrazaba con entusiasmo— Déjame presentarte a Alberto, un caballero de las letras.

—Isabella Falkova —Dijo, extendiendo una mano tan fría como la mueca de sus rosados labios o el verde de sus ojos.

Alberto, como era de esperarse había percibido algo inusual en ella, incluso sintió el aura de Isabella antes de percatarse de que Adriana estaba en el lugar. Sintió esa incertidumbre con solo mirarla, del mismo modo que ella había estado observándolo a él, intentando llegar hasta el fondo con esos fríos ojos verdes ojos, queriendo llegar a sus intenciones, como él mismo estaba intentando hacer, sin que uno o el otro consiguiera lo que quería.

Pero ella le había dado su nombre, lo había hecho a propósito, el cazador lo entendió, porque solo con el nombre supo con quien acababa de cruzar caminos.

Falkova, no era otra cosa que el apellido que usaban las mujeres de un clan muy poderoso, y peligroso también: Los Falkov y por lo poco que sabía de ellos, entendía que se trataba de una familia de brujos, podían ver, comunicarse y controlar espíritus, de algún como Andrade, pero él solo era uno, mientras que ellos, eran una familia completa, eso y que no era muy amigables, sus espíritus tampoco eran de luz como el de Andrade, sino que era espectros oscuros, Unos más fuertes que otros según su portador y también estaba esa famosa leyenda del espectro guardián de esa familia, que era el espectro más poderoso de todos. Había tratado con brujos en el pasado, pero nunca con una familia completa, Los Nightfellow por ejemplo siempre lo habían tenido alerta y solo se habían cruzado en un par de ocasiones, como cuando un joven comenzó a salir con una antigua camarada, pero siempre trató de mantenerlos lejos de su camino y mientras observaba a Isabella, recordó por qué.



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En el texto hay: magos celestiales, espectros, amor

Editado: 18.08.2019

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