El cazador de plumas

Tinta y plumas negras

Empezó con sombras, al comienzo, eso era todo, matices de negro y gris, donde la soledad, el rechazo y el recelo eran los primeros sentimientos que experimentaba un niño sin padres, pero que había tenido la dicha de pertenecer a una gran familia, numerosa y muy fuerte económicamente, no solo con eso, ese mismo niño, había tenido la suerte… o la desgracia, de haber sido seleccionado por el espectro guardián de dicha familia, aunque más que llamarlo espectro guardián bien podrían llamarle la maldición del clan, pensaba el niño cuya suerte había sido marcada por la simpatía que la sombra sentía por él. Hasta que, como solía suceder, la entidad se volvió el mejor amigo del pequeño, suena como un consuelo, como un descanso, algo muy engañoso si tomamos en cuenta que el rechazo que el pequeño enfrentaba no era sino producto de haber sido seleccionado por este mismo.

Al principio no podía dejar de preguntarse como hubiera sido su vida sin Espectro, el chico, aunque joven, era muy inteligente e imaginativo, por lo cual, siempre tenía varias preguntas cada una con su propia respuesta de cómo habría sido su existencia sin la presencia de su compañero. En uno de esos escenarios, él tenía a sus padres y no era seleccionado por el espectro mayor de la familia, ahí crecía como cualquiera de sus primos, únicamente acompañado por una pequeña sombra. Ello hubiera significado que alguien más de la familia hubiera tenido que recorrer el camino en su lugar con espectro como compañero… imaginarse a Isabella o Natasha de en tal posición... dejaba de pensar entonces, era más fácil para ese pequeño acostumbrarse a espectro que pensar en alguien a quien amaba en su lugar.

También solía imaginar cómo habría resultado todo sin padres, pero esta vez sin la compañía de espectro. Eran muchas las cosas que se le ocurrían, pero llegaba un determinado momento donde se hartaba de tanto pensar y sencillamente se detenía, pensaba que, si las cosas estaban de ese modo, es porque sencillamente así debían suceder. Al final no importaba lo que pudo haber sido sino lo que era, él tenía sus cartas, podía buscar la mejor manera de jugarlas o podía quejarse de ellas, él decidió por lo segundo, había quienes incluso con un buen juego en mano se las arreglaban para estropear la partida, el esperaba hacer lo mejor aún con toda posibilidad en contra, además, aunque pasara un mal trago, no podía ir haciéndoselo saber a todo el mundo, así funcionan las cosas después de todo, justo como en el póker, si tienes un mal juego, no corres y se lo dices a los que están en la partida, pues estos utilizaran esta ventaja en su favor, pues lo mejor que puedes hacer, es callar, pensar y esperar a que las cartas que la baraja te pone te favorezcan, pues, sí, tenemos un juego en mano, pero hay más de lo que tenemos, la baraja es la vida y está siempre da cartas para las que no siempre estamos preparados, tanto para bien o mal, hay momentos donde acertamos, otros en donde somos tomados totalmente por sorpresa, y sí, están eso momentos, escasos y dolorosamente emocionantes… donde la baraja nos da exactamente aquello por lo que habíamos estado esperando toda la partida.

Y aunque ese niño no sabía entonces lo que estaba jugando y quizá siga sin saberlo, estaba seguro de que cualquier pregunta que tuviera iba a ser respondida en camino, no sabía jugar póker tampoco, pero como dije, el camino muestra todo, pues ese niño del que hablaba, soy yo… Sebastián de Espectro y soy el portador de la sombra mayor o espectro guardián y voy a contar un poco de mi historia.

 

Camino a través de una biblioteca vacía, atestada de libros en la penumbra, llevo mi linterna, siempre quisiera que la luz me acompañara. Pero lo que siempre está presente en mi compañía, ya sea de noche o de día es un pedazo de sombra que me sigue a todos lados, siento su presión a mi espalda y con un poco de vergüenza, reconozco que no me siento solo cuando él está cerca, e incluso he llegado a sentir cierto compañerismo con esa sombra, que lleva caminando al son de mis pasos desde que era un niño, a tal punto que guardo más memorias de él en mi infancia que de mi propio padre del cual las imágenes son nulas o inexistentes.

He llegado finalmente al sofá donde me siento más cómodo, para leer, coloco la linterna en una mesa junto a él y espero encontrar una historia en la cual sumergirme.

—¿Por qué buscas fantasías literarias si algo tan asombroso pasa ya en tu vida?

Ignoro la pregunta y continúo buscando en las estanterías.

—Bueno, pretende que no existo si eso es lo que quieres, sabes que no me iré, soy tu amigo, tu guardián, el guardián de tu familia, y contigo es con quien he de caminar.

nuevamente sigo buscando libros, sin prestar atención a esa voz.

—Extraño cuando estábamos solos contra el mundo y como incluso me abrazabas y confiabas en mí.



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En el texto hay: magos celestiales, espectros, amor

Editado: 18.08.2019

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