El cazador de plumas

Cielo entre relampagos

Vacío, esa era una palabra clave en todo lo que escribía, pese a que en realidad nunca tuve uno verdadero, siempre hubo algo llenando ese vacío, incluso la presencia de espectro estaba para apaciguar la soledad, no era como si me quejara solo por vicio, pues había mucho gris a mi alrededor, pero en medio de todas esas sombras, muchas linternas iluminaron mi camino… aún ahora siguen iluminándolo, eso es en lo único que puedo pensar, mientras veo los relámpagos, desgarrar el cielo con su luz, con ese estruendo que parece provenir de una presencia mayor que dice, por más oscura que sea la noche, yo estoy presente y la ilumino.

—Un rayo en el cielo es todo lo que se necesita para poder encontrar el camino a casa, esa pequeña luz y su estruendo son todo lo que un verdadero caballero necesita para volver a su verdadero ser, si eso no funciona, pues es que nunca fue un caballero, pero hoy el cielo en realidad nos brinda un auténtico espectáculo, no es una pequeña luz la que vemos, sino una tormenta de ellos.

Sentí el frio en mi espalda y una mirada sobre mí, pude sentir a espectro entrando en mi cuerpo y endurando mis músculos a manera de una armadura, había alguien presente, en ese momento, no sabía quién era, pero por cómo había hablado, el parecía conocerme de tiempo, como si un tío hablara con un sobrino adolecente.

—No te sobresaltes —Decía la vos a mi espalda, que aun tenso y con espectro, aun entonces, no me había atrevido a volverme, pese a que en realidad no sentía miedo, pero era un acto reflejo por espectro y por mi parte —No estoy aquí para molestarte lo sabes, en lugar de ello, vengo para escoltarte, bueno, no en realidad, solo pasaba por el lugar, daba un paseo para observar los relámpagos de la misma forma en que tú lo haces en este momento, sabes, por alguna razón, todo aquel destinado a convertirse en un caballero, tiene fascinación por ellos, sin darse cuenta siquiera, está siempre invocando al rayo.

—¿Invocando al rayo?

—Es una forma de llamarlo, es así que nos referimos a esa plegaria que elevamos al cielo, esperando que sea respondida, por aquel que todo lo controla, cuando hacemos eso, nos gusta decir que, estamos invocando el rayo puesto que finalmente este siempre aparece en ese efímero momento en que lo necesitamos para iluminar la noche.

—Estás aquí… ¿Para escoltarme?
 

—Te lo dije, fue más una curiosa casualidad, en realidad debería haber sido Sofía o Mosquetero, probablemente el plan de este último era dejarte contemplar la noche de rayos por un momento antes de enviar a alguien o venir el mismo en persona por ti.

—¿Entonces qué ha pasado?

—De eso no debes preocuparte, ahora estamos aquí, ambos y si no queremos que la lluvia nos atrape será mejor que comencemos a caminar, la casa matriz no espera.

 

Así fue, como llegue a la orden del relámpago, aquella que iba a ser mi casa, aquel lugar donde Sofía, Zaconte, Mosquetero y otros me recibirían con los brazos abiertos como un miembro más de esa familia, como uno más de la orden del relámpago, donde todos juntos y en formación de tercio de infantería española, íbamos a enfrentarnos a la historia que aún estaba escribiéndose, esa historia oscura donde, donde la espesa oscuridad estuvo acechándonos, atacándonos… y también tentándonos, pero esa sombra no era la única que tenía el poder te tomar una pluma, nosotros también lo hicimos como si esta hubiera sido una pica en combate y ello nos dio la oportunidad de contar nuestra versión de la historia, lo que veíamos, lo que vivíamos… o lo que queríamos ver al menos.

Todo sucede por una razón, cada encuentro que puede parecer una casualidad, todo nos lleva a un camino, poco a poco las piezas se fueron formando, caminábamos en soledad, cada uno, al menos al comienzo, pero uno a uno nos fuimos convirtiendo en una manada, una manada donde, poco a poco íbamos a hacerle frente a cualquier amenaza que pretendiera darnos alcance.

Y si algo debo reconocer, es que nada eso hubiera tenido lugar si no hubiera sido por la clase de Sofía, donde Eduardo yo… y también Alejandra nos unimos, donde nuestros lazos fueron forjados y donde en pie de guerra habríamos de luchar como uno solo.

Todo comenzó tiempo atrás, antes del combate, antes de romper lazos con mi familia, antes de esa noche donde finalmente decidí aceptar a espectro como parte de mí, eso fue antes de la noche donde con el cielo poblado de relámpagos habría de ver el rayo haciendo aparición en mi vida.



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En el texto hay: magos celestiales, espectros, amor

Editado: 18.08.2019

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