El Ceo que Perdió la Memoria

Capítulo 2: La Mujer que Debía Amar

Alexander no pudo dormir en toda la noche.

La nota permanecía sobre la mesa de su despacho.

"Si alguna vez recuperas la memoria, no te cases con Valentina."

La leyó una y otra vez.

¿Quién la había escrito?

¿Y por qué?

A la mañana siguiente, llegó a las oficinas de Black Enterprises.

Todos parecían felices de verlo recuperado.

Sin embargo, Alexander notó algo extraño.

Cada vez que preguntaba sobre su relación con Valentina, las personas cambiaban de tema.

Como si hubiera algo que nadie quisiera contarle.

—Señor Black, tiene una reunión en diez minutos —informó Daniel Rivas.

—Daniel, necesito preguntarte algo.

—Claro.

Alexander colocó la nota sobre el escritorio.

Daniel se quedó pálido.

Solo por un segundo.

Pero Alexander lo notó.

—¿Sabes algo de esto?

—No.

La respuesta fue demasiado rápida.

—¿Seguro?

—Completamente seguro.

Alexander no quedó convencido.

Esa tarde decidió visitar a Valentina.

Ella trabajaba en una fundación benéfica que ayudaba a niños de bajos recursos.

Cuando llegó, la encontró organizando cajas de donaciones.

Valentina levantó la vista.

Por un momento pareció nerviosa.

—Hola.

—Hola.

Un silencio incómodo apareció entre ambos.

—¿Cómo te sientes?

—Confundido.

Valentina bajó la mirada.

—Lo entiendo.

Alexander observó a los niños correr por el lugar.

Todos parecían adorarla.

Uno de ellos se acercó.

—¿Tú eres el novio de Vale?

Alexander sonrió.

—Eso dicen.

El pequeño soltó una carcajada.

—Ella siempre habla de ti.

Valentina se sonrojó.

—Mateo...

—Es verdad.

Los demás niños comenzaron a reír.

Alexander sintió algo extraño.

Calidez.

Por primera vez desde el accidente no sentía presión.

Ni miedo.

Ni dudas.

Solo tranquilidad.

Horas después fueron a cenar.

Valentina le mostró fotografías.

Viajes.

Cumpleaños.

Momentos felices.

Alexander escuchaba atento.

—¿Cuándo nos conocimos?

—Hace cuatro años.

—¿Y cómo pasó?

Valentina sonrió.

—Me tiraste café encima.

Alexander soltó una carcajada.

—¿En serio?

—Completamente.

—Eso suena como algo que haría.

—Y después intentaste convencerme de que era una técnica profesional para conocer mujeres.

Alexander abrió los ojos sorprendido.

—Yo jamás diría algo así.

—Créeme, sí lo dijiste.

Ambos comenzaron a reír.

Por primera vez desde que despertó, la conversación se sintió natural.

Incluso agradable.

Cuando la cena terminó, Alexander acompañó a Valentina hasta su casa.

La noche era tranquila.

—Gracias por hoy —dijo él.

—Gracias a ti por intentarlo.

Alexander la observó.

Había tristeza en sus ojos.

Pero también esperanza.

Una esperanza enorme.

Como si estuviera esperando que él volviera a enamorarse de ella.

Y sin pensarlo demasiado, Alexander tomó su mano.

Valentina se quedó inmóvil.

—No te recuerdo.

Ella asintió.

—Lo sé.

—Pero me gustaría conocerte otra vez.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de Valentina.

—A mí también me gustaría.

Desde una camioneta estacionada al otro lado de la calle, alguien los observaba.

Una mujer rubia bajó lentamente la ventana.

Sus ojos se llenaron de furia.

—Así que despertaste, Alexander...

Sacó su teléfono.

Y marcó un número.

—Tenemos un problema.

Hubo silencio al otro lado de la línea.

La mujer sonrió.

Una sonrisa peligrosa.

—Porque Alexander ya volvió a acercarse a Valentina.

Continuará...




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