—No permitiré que esto vuelva a suceder —murmuró.
Sus ojos brillaban de determinación.
Y de resentimiento.
Al día siguiente, Alexander regresó a Black Enterprises.
Mientras revisaba documentos pendientes, encontró algo extraño en su correo electrónico.
Un mensaje anónimo.
"Pregunta por Isabella Hart."
Alexander frunció el ceño.
No conocía ese nombre.
Pero algo dentro de él sintió una extraña inquietud.
Antes de que pudiera pensar más, alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
Gabriel Black entró sonriendo.
—¿Cómo está el paciente favorito de la familia?
—Sobreviviendo.
—Eso ya es una mejora.
Gabriel tomó asiento.
—¿Ya recordaste algo?
—No.
—Tal vez sea mejor así.
Alexander levantó la vista.
—¿Qué significa eso?
Gabriel sonrió rápidamente.
—Nada. Solo digo que algunas cosas del pasado deberían quedarse en el pasado.
Aquella respuesta solo aumentó las dudas de Alexander.
Esa misma tarde decidió investigar.
Buscó el nombre "Isabella Hart".
Y lo que encontró lo dejó sin palabras.
Decenas de fotografías aparecieron en la pantalla.
En muchas de ellas estaba él.
Abrazándola.
Tomándola de la mano.
Sonriendo junto a ella.
Parecían una pareja.
Alexander sintió que el corazón se aceleraba.
¿Quién era aquella mujer?
¿Y por qué nunca nadie la había mencionado?
Esa noche llamó a Valentina.
—Necesito preguntarte algo.
La voz de ella sonó preocupada.
—¿Qué ocurre?
—¿Quién es Isabella Hart?
El silencio fue inmediato.
Demasiado largo.
Demasiado incómodo.
—Valentina...
—¿Dónde escuchaste ese nombre?
—Eso no importa.
—Sí importa.
Alexander sintió un nudo en el estómago.
—¿La conocías?
—Sí.
—¿Quién era para mí?
Valentina cerró los ojos.
Podía escucharse su respiración temblorosa.
—Era tu novia.
Las palabras golpearon a Alexander como una tormenta.
—¿Mi novia?
—Antes de mí.
—¿Qué pasó?
Valentina no respondió enseguida.
—Es una historia complicada.
—Necesito saberla.
—No por teléfono.
Al día siguiente, Valentina aceptó encontrarse con él.
Se reunieron en un pequeño café donde, según ella, habían tenido su primera cita.
Alexander apenas podía concentrarse.
—Dime la verdad.
Valentina respiró profundamente.
—Cuando te conocí, tú seguías enamorado de Isabella.
—Entonces ¿por qué terminamos juntos?
—Porque ella desapareció.
Alexander se quedó inmóvil.
—¿Desapareció?
—Un día simplemente se fue.
—¿Sin explicación?
—Sin ninguna.
Alexander no sabía qué pensar.
Todo se volvía más confuso.
Más extraño.
En ese mismo momento, una elegante mujer observaba el café desde el otro lado de la calle.
Llevaba gafas oscuras y un sombrero.
Al escuchar la conversación a través de un pequeño auricular, sonrió.
—Qué interesante...
Se quitó lentamente las gafas.
Revelando su rostro.
Era la misma mujer de las fotografías.
Era Isabella Hart.
Y no había desaparecido.
Había regresado.
Continuará...