El reloj marco la salida.
Los pasillos comenzaron a vaciarse poco a poco.
Harry permanecía de pie frente a mí salón, esperando verme.
Cuando salí, fingi no haberlo visto.
—Moon, espera.
Me detuve pero no di la vuelta.
—¿Que quieres?
—Hablar.
—Ya hablamos ayer...
—No...ayer solo discutimos.
Cerré los ojos por un instante.
—Harry, si no puedes confiar en mi, no tiene caso seguir hablando.
El dió una paso hacia mi.
—Confio en ti...más que a nadie.
—Entonces dime qué está pasando.
Harry abrió la boca...
Pero las palabras no salieron.
El silencio volvió.
Solté una risa amarga.
—Vez...no confías en mí.
—No es porque no quiera decírtelo.
—¿Entonces?
—Porque si lo hago...todo va a cambiar.
Sentí un nudo en mi garganta.
—Ya cambio...
Las palabras golpearon a Harry.
Di media vuelta y comencé a caminar.
Harry me tomo de la muñeca.
—No te vallas...no me dejes así.
—Entonces dime...
—El mensaje que recibí...era...era del hospital.
Las manos de Harry temblaban. Mi corazón se detuvo por un segundo.
—¿Hospital?
El asintió.
—Hace unas semanas...me detectaron un problema en el corazón.
El mundo pareció acabarse.
Sentí que el aire me faltaba.
—¿Qué... dices?
—Los estudios no salieron bien...y los médicos no saben cuánto tiempo tengo antes de...necesitar una cirugía.
Las lágrimas comenzaron a salir por las mejillas de Harry.
—Tenia miedo...tenía miedo de que, si te lo decía, empezarás a verme con lastima...o decidieras alejarte.
Negué una y otra vez.
—No, no, yo nunca te dejaría.
Di un paso hacia el.
Sin pensarlo dos veces, lo abrase.
—Eres un tono...un complemento tonto.
Harry dejo escapar una risa.
—Lo sé.
—No vuelvas a esconderme algo así...nunca
Y yo también comencé a llorar.
—Nunca —respondio.
—Pase lo que pase...no voy a dejarte solo.
Harry sintio que el nudo desapareia...pero
En el fondo había una verdad, que aún no se atrevía a decir.
La enfermedad era mucho más grande de lo que acababa de confesar.