El lunes llegue más rápido.
Entre al salón con la mochila colgando de un solo hombro y busque a Harry con la mirada.
Él ya estaba ahí.
Sentado hasta el fondo, dibujando sobre una hoja.
Cuando levanto la vista y me vio entrar, sonrió.
Era una sonrisa pequeña, pero suficiente para alegrarme la mañana.
Durante el recreo salimos al patio.
El viento movía las hojas de los árboles.
—¿En qué piensas? —pregunto Harry.
—En que todo ah pasado muy rápido.
—¿Eso...te asusta?
Tarde unos segundos en responder.
—Un poco...tengo miedo que todo esto acabe algún día.
Harry dejó de caminar.
Me miró con atención, y sin decir nada, saco una hoja de su cuaderno.
La dobló varias veces hasta convertirla en un avión de papel.
Escribió algo en las alas del avión y después me lo entregó.
—Ábrelo cuando llegues a casa.
—¿Por qué no ahora?
—Porque hay algunas palabras que necesitan esperar el momento correcto.
Guarde el avión en mi mochila con una sonrisa dudosa.
Al terminar las clases, ambos caminanos juntos hasta casa.
Antes de irse, Harry tomo mi mano.
—Confia en mi, ¿Sí?
Asentí.
—Si
Esa tarde, al llegar a mi habitación, deje caer la mochila sobre la cama y recordé el avión de papel.
Lo abrí con cuidado.
En el centro de la hoja, con la letra desordenada de Harry, solo había una frase.
Mientras estemos del mismo lado, ningún problema será más grande que nosotros.
Sonreí.
No sabía que dificultades nos esperaban.
Pero, por primera vez, sentí que no tendría que enfrentarlo sola.