El Chico De Mis Pesadillas

Capitulo 7

Capítulo 7: El reto del agua

—¡A ver, gente, atención acá! —el grito de Jake retumbó por encima del bajo de la música, interrumpiendo por completo la burbuja de tensión que Teo y yo habíamos creado al borde del agua.

Giré la cabeza de inmediato, agradeciendo internamente la interrupción porque sentía que el aire me estaba empezando a faltar con Teo tan cerca. Al otro lado de la piscina, Jake estaba subido en una de las tumbonas de plástico, con un vaso rojo en la mano y una sonrisa de puro parásito que delataba que ya estaba tramando alguna de sus típicas estupideces de fiesta. Martín se reía a su lado, negando con la cabeza, mientras que Sebastián seguía con los ojos fijos en Sofía, aunque ahora prestaba un poco de atención a su amigo.

—¡Ya que estamos en la fiesta del año y el bando de las chicas nos está mirando con cara de que nos quieren asesinar! —continuó Jake, señalándonos con el vaso y ganándose un bufido inmediato por parte de Melanie—, propongo que arreglemos las cosas como la gente civilizada. ¡Un juego de contrarreloj en el agua! El grupo que pierda tiene que servirle las bebidas al bando ganador durante todo el resto de la tarde. ¿Cómo la ven?

La propuesta de Jake hizo que la mitad de los invitados que estaban alrededor de la piscina gritaran emocionados, aplaudiendo y metiendo presión. Sofía dejó su vaso en la barra y caminó hacia nosotras, cruzándose de brazos con una ceja levantada. El orgullo de mi amiga era casi tan grande como el mío, y ver a los chicos populares intentando adueñarse de su propia fiesta le estaba tocando las fibras.

—¿Un juego en mi propia casa, Jake? —desafió Sofía en voz alta, alzando la voz por encima de la música—. Sabes perfectamente que les vamos a ganar. Nuestro grupo no le tiene miedo a cuatro idiotas que solo saben correr detrás de un balón de fútbol.

—¡Uh! —gritó la multitud de estudiantes.

Martín soltó una carcajada limpia y miró a Teo, quien seguía agachado a mi lado. Teo se enderezó lentamente, sin prisa, estirando sus un metro ochenta con una parsimonia que pretendía demostrar que nada de esto le importaba, aunque la chispa de competencia en sus ojos hazel decía todo lo contrario.

—Las reglas son simples —explicó Jake, saltando de la tumbona y acercándose al borde—. Uno de cada bando se mete al agua. Tienen que cruzar la piscina nadando, tomar un trago de la mesa del fondo, regresar y darle el relevo al siguiente. El primer grupo en terminar los cuatro turnos gana. ¿Quién empieza?

—Yo voy primero —se postuló Melanie de inmediato, amarrándose el cabello negro en un moño alto con una mirada asesina dirigida a Martín—. Voy a aplastar al rubio de primera mano.

—Eso está por verse, preciosa —le respondió Martín con su típica arrogancia de atleta, quitándose la camiseta y acomodándose en la orilla del agua.

La música seguía sonando con fuerza, dándole un ritmo cardíaco a la competencia. Toda la atención de la fiesta se concentró en la piscina. Los invitados se amontonaron alrededor, gritando y haciendo apuestas. Melanie y Martín se posicionaron en el borde, listos para lanzarse. Chloe se colocó al lado de Sofía para hacer de jueza junto a Jake.

—¡A la de tres! —gritó Jake, levantando una mano—. ¡Uno... dos... tres!

El impacto de los dos cuerpos contra el agua levantó una ola que nos salpicó a todos. Melanie nadaba con una fuerza increíble, sus brazos largos cortaban el agua con precisión, pero Martín, con sus entrenamientos diarios de natación del club, le sacaba una ligera ventaja. Cruzaron la piscina, tomaron el trago de la mesa del fondo entre los gritos del público, y regresaron a toda velocidad. Martín llegó apenas un segundo antes, dándole el relevo a Jake, mientras Melanie tocaba el borde y le daba el pase a Chloe.

La segunda ronda fue un griterío total. Chloe nadaba rápido pero se reía en el proceso, mientras que Jake avanzaba como un delfín, burlándose desde el agua. Para cuando terminó la tercera ronda —donde Sofía y Sebastián se enfrentaron en un duelo de miradas tan tenso en el agua que casi se podía ver el humo—, los dos bandos estábamos empatados por completo. El jardín de Sofía era un manicomio de gritos, aplausos y música al límite.

—¡Última ronda! ¡El desempate! —anunció Jake desde fuera de la piscina, chorreando agua y frotándose las manos—. ¡Valentina contra Teo! El que gane esto le da la victoria a su equipo.

El corazón me dio un vuelco violento. Miré a Teo, que estaba parado a un par de metros de mí, con los brazos cruzados sobre su torso desnudo y las gotas de agua de la salpicadura anterior brillando sobre su piel. Me miró de reojo, levantando esa ceja maldita con una suficiencia que me encendió la sangre.

—¿Lista para perder, vecina? —me susurró, inclinándose un poco hacia mí mientras se colocaba en la orilla—. No quiero que llores cuando te toque prepararme los refrescos toda la tarde.

—Ya quisieras, Romeo —le respondí, acomodándome el bikini negro con firmeza y parándome justo al lado de él, sintiendo el calor de su cuerpo contrastando con el aire de la tarde—. Asegúrate de no tragarte el agua, porque no voy a esperarte.

Nos colocamos en posición. La música de fondo parecía latir al mismo ritmo que mis pulsaciones. Todo el comedor y el jardín estaban pendientes de nosotros dos. Sabía perfectamente que esta no era solo una carrera por un juego estúpido; era la continuación de nuestra guerra personal, la misma que había empezado por una silla en la cafetería y que se había vuelto peligrosamente ardiente bajo la luna del jardín de Josué.

—¡Listos! —gritó Jake, disfrutando el drama al máximo—. ¡Fuera!

Me impulsé con todas mis fuerzas, rompiendo la superficie del agua en un clavado limpio. El agua templada me envolvió de golpe, amortiguando los gritos de la fiesta, pero mi mente estaba enfocada en una sola cosa: ganarle al maldito chico de la casa de ladrillos oscuros.

A mi lado, Teo avanzaba con una potencia increíble; sus brazos fuertes cortaban el agua con la facilidad de un atleta que pasa horas entrenando. Yo no me quedaba atrás, impulsándome con rabia, pensando en su maldita sonrisa de superioridad y en el "qué fácil eres" de la semana pasada. Cada centímetro que avanzaba era pura adrenalina.




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