¡Holaaa,!
Sé que ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que escribí y antes que nada quería pedirles una enorme disculpa por haber desaparecido así. Sé que probablemente muchos estaban esperando una actualización, un nuevo capítulo o simplemente saber si todavía seguía con la historia.
La verdad es que ha pasado bastante tiempo y por diferentes razones no pude seguir escribiendo como quería. Hubo momentos en los que quería sentarme a escribir, pero simplemente no encontraba el tiempo, las ganas o la inspiración necesaria para continuar. Y mientras más tiempo pasaba, más difícil se me hacía volver.
Pero quiero que sepan que nunca olvidé esta historia ni a ustedes. ❤️ Me da mucha pena haberlos dejado esperando durante tanto tiempo.
espero que les sigan gustando los próximos capítulos y estoy muy feliz de poder volver a escribir y compartir esta historia con ustedes. 🫶🏻💗
EMPEZEMOSSSSS >
Me quedé completamente inmóvil en medio de mi habitación, con la respiración rota y los labios ardiendo por el impacto de ese beso repentino. Teo se separó despacio, mirándome con una sonrisa ladeada cargada de esa suficiencia insoportable que me daban ganas de estamparle un zapato en la cara. Se acomodó el mechón blanco que le caía rebelde sobre la frente, tomó las llaves de su auto de mi escritorio y se dio la vuelta con total parsimonia.
—No te quedes con esa cara, vecina —me soltó con su habitual voz ronca desde el umbral de la puerta—. El juego apenas comienza. Intenta no extrañarme demasiado.
—¡Vete al demonio, Teo! —le grité, tomándola primera almohada que encontré en mi cama y arrojándosela con todas mis fuerzas, pero el muy maldito la esquivó entre risas y cerró la puerta de golpe.
Solté un suspiro largo y furioso, dejándome caer sobre el colchón. Toqué mis labios con la yema de los dedos, maldiciendo internamente la corriente eléctrica que todavía me recorría el cuerpo. No podía seguir cayendo en sus provocaciones. El trato era claro: el que se enamore pierde, y yo no iba a ser la primera en dar el brazo a torcer bajo mi propio techo.
Pasaron unos cuarenta minutos en los que intenté calmar mis nervios ordenando mis apuntes de literatura, hasta que el sonido del timbre en la planta baja me sacó de mis pensamientos. Miré el reloj; había pasado exactamente una hora desde el mensaje en el grupo.
—¡Chloe! —exclamé aliviada al abrir la puerta principal.
Mi amiga entró como un torbellino, dejando su bolso sobre el sofá y mirándome de arriba abajo con los ojos abiertos de par en par, ansiosa por el contexto completo.
—¡Valentina, por Dios! Tienes que contarme todo ya mismo —soltó Chloe, agarrándome de los hombros—. ¿Cómo que el rey de la escuela va a dormir aquí toda la semana? ¿Y por qué estás usando ese vestido tan bonito si se supone que estás en crisis?
La arrastré escaleras arriba hacia mi habitación para evitar que la señora María, que seguía acomodando algunas cosas en la cocina, escuchara nuestro bando del chisme. Nos encerramos y me senté con las piernas cruzadas en la cama, mientras Chloe se acomodaba en la silla de mi escritorio, exactamente en el mismo lugar donde hace una hora Teo había dejado caer su mochila.
—No me lo vas a creer, Chloe —empecé a relatar, sintiendo que las mejillas me volvían a colorear—. Hace menos de una hora, Teo entró por esa misma puerta con su mochila, me dijo con toda la parsimonia del mundo que iba a salir con Jake y los chicos, y antes de irse... me besó. De la nada. Así de descarado.
Chloe pegó un grito ahogado y se tapó la boca con las dos manos, balanceándose en la silla de pura emoción.
—¡No puede ser! Valentina, el tipo está completamente desatado —susurró con los ojos brillantes—. Se está aprovechando de que no están tus papás para ganar el juego. Pero dime, ¿tú qué hiciste? ¿Le seguiste el beso o mantuviste la dignidad de nuestro bando?
—Le aventé una almohada en la cabeza —respondí con orgullo, aunque por dentro sabía perfectamente que mis labios lo habían extrañado en cuanto cruzó la puerta—. Pero esto es peligroso, Chloe. Siete días compartiendo el desayuno, los pasillos de la casa y las noches es demasiado tiempo. Si alguna de las chicas del instituto se entera de que duerme aquí, voy a ser el centro de los chismes de toda la preparatoria.
—Nadie se va a enterar, Valen. Nosotras te cubrimos —me aseguró Chloe, guiñándome un ojo—. Además, tú tienes el control de tu casa. Ponle reglas estrictas. Si él intenta pasarse de listo, le recuerdas que aquí mandas tú.
Pasamos la siguiente hora planeando mi estrategia de supervivencia para la semana, riéndonos de la ironía del destino y analizando cada palabra del mensaje de Teo. Sin embargo, la tranquilidad de nuestra tarde de chicas se vio interrumpida cuando el sonido de varios autos estacionándose afuera y un par de bocinazos familiares retumbaron desde la acera.
Me asomé por la ventana que daba a la calle y mi corazón se congeló por completo. El auto de Teo estaba estacionado justo al frente, pero no venía solo. Jake, Martín y Sebastián venían bajando con total tranquilidad, hablando a gritos en medio de la tarde. Y lo peor de todo: detrás de ellos, en otro auto, venían llegando Sofía y Melanie, a quienes Sebastián evidentemente había invitado para continuar el ambiente del fin de semana.
—¡Oh, no! —murmuró Chloe, asomándose a mi lado—. El bando enemigo y tus amigas están en tu jardín de enfrente, Valentina. Y Teo viene directo a la puerta.
El sonido de las risas y las voces cruzando la reja de mi jardín me obligó a apartarme de la ventana de un tirón. Chloe me miró con una mezcla de pánico y pura emoción por el drama que se avecinaba.
—Valentina, esto se va a salir de control —susurró ella, acomodándose el cabello rubio a toda prisa—. Tienes a todo el circo en tu propia entrada.
—Tú quédate aquí, voy a ver qué carajos se traen —le respondí, intentando mantener la compostura mientras acomodaba los tirantes de mi vestido blanco.