El Chico Del Bus

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     Y mi subconsciente me decía. — ¡Despierta Oriana! ¡Despierta!

Pero yo ignoré por completo a mi subconsciente y seguí durmiendo. Una hora después sentí que alguien me daba palmaditas en la espalda.

—Oriana, Oriana. —Repetía mi madre. — ¿No tenías que ir a la universidad temprano?

—Abrí mis ojos como búho y dije. — ¡La tesis!

     Me apresuré a ver la hora y ¡Rayos! Eran las 6:50am y yo tenía que estar a las 8:30am con el tutor, corrí a ducharme… Salí como flash del baño y me vestí con lo primero que vi, ni siquiera peine mi cabello ni mucho menos me maquillé; Coloque mi informe de tesis a imprimir y ¡A mí y al pato Lucas! Se empezó a trabar la impresora y ni modo deje eso así, tome mi pen-drive y me fui a la parada a tomar un bus pues, o pagaba un taxi o imprimía en un Cyber el informe, por suerte venia un bus y lo tomé, gracias a Dios habían puestos vacíos y alcance a  sentarme del lado de la ventana, allí iba leyendo los apuntes en mi libretas a la misma vez que veía mi reloj, el chófer del bus hizo una parada y yo solo pensaba en ¡No hagas paradas, solo conduce a toda velocidad! Pero seguía con mi cabeza metida en mi libreta leyendo los apuntes.

— ¡Hola! —Escuche que dijeron, pero ni idea de si era conmigo pues estaba concentrada en mis apuntes y la hora.

—Bueno, me sentare aquí. —Repitió la misma voz, al mismo tiempo que alguien se sentaba a mi lado, pero ni me tomé la molestia de voltear a ver quién era.

— ¿También te toca estudiar mientras la mayoría están de vacaciones? —Volvió esa voz.

—Sí, lamentablemente. —Dije, al mismo tiempo que volteaba mi mirada a aquella persona que estaba sentada a mi lado y quien me hablaba. Y ¡Oh mi Dios! Es el chico del bus, quedé mirándolo fijamente durante unos 30 segundos.

—Sonriendo dijo. — ¿Cómo estás? Bueno, para que pregunto si parece que estas algo estresada.

—Buen diagnóstico doctor, acertó. —Bromee.

—El empezó a reír y me dijo. — ¡Al menos disminuyó tu estrés al decirme eso!

—Sonreí sonrojada. — ¡Excelente medico! Acertó una vez más.

—Eres graciosa y dime, ¿Tienes algún examen? —Preguntó algo curioso.

—Peor que eso, debo entregar los avances de mi tesis y pues me desperté tarde y aun no imprimo, y solo ¡Oro a Dios! Para que mi tutor no se vaya hasta que llegue. —Suspiré resignada.

—Tranquila, te saldrá todo bien. ¡Ten fe! —Dijo de una manera tan cálida, que me dió confianza.

—Gracias, la tendré. Y ¿vas a clases también?

—Sí, tengo un parcial en una hora.

—Bueno, éxitos. Espero que salgas excelente. —Dije con pulgar arriba.

— ¿Éxito? Por qué no ¿Suerte? —Preguntó ansioso.

—La suerte la necesitan son los perdedores y no creo que seas uno. —Enarque mi ceja izquierda y dije. — ¿sí?

El soltó una carcajada muy tierna.

—Me gusta tu actitud. —Dijo guiñándome el ojo

No me había fijado que ya había pasado una cuadra del Cyber donde iría a imprimir el informe y al darme cuenta pedí parada bruscamente.

—Lo siento, me tengo que ir. ¡Adiós! —Dije mientras me bajaba del bus.

    Fui como flash hasta el Cyber y gracias al cielo estaba vacío, me imprimieron rápido mi informe, camine como atleta de maratón cuatro cuadras hasta llegar a la universidad encontrándome al tutor de salida.

— ¡Ya me iba señorita¡ —Gruñó el tutor, él era algo obstinado.

—Lo siento, es que tuve percances.

—Sarcásticamente dijo. — ¡La vida está lleno de ellos!

— ¿Cómo quedamos? ¿Le entrego el informe? —Pregunté con resignación.

—Entrégamelo y ya después te enviare al correo las correcciones.

Le entregue mi informe con una gran sonrisa, a pesar que él era un obstinado siempre me aceptaba mis trabajos y entendía mis "percances" aunque aparentara lo contrario.

— ¡Muchas gracias! —Sonreí




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