El chico detrás de la máscara

✮⋆ Nada fuera de lo normal⋆✩

El día había sido más largo de lo habitual.

Candyland seguía oliendo a azúcar, pero el ritmo era otro. Más clientes, más pedidos, más exigencias. Mandy no había parado desde que abrió el lugar. Cada error mínimo se sentía como una falta grave.

—Necesito que esa mesa esté limpia antes de que vuelva a llenarse —indicó, sin alzar la voz, pero con firmeza.

Berry asintió desde su lugar y siguió trabajando en silencio.

Mandy respiró hondo y continuó revisando vitrinas. Todo debía verse perfecto. Siempre.

—Wow —se oyó una voz familiar—. Hoy el ambiente está… encantador.

Mandy cerró los ojos un segundo. Solo uno.

—No es un buen momento, Chester.

El bufón apareció como siempre, apoyado con despreocupación exagerada, sonrisa lista, tono ligero.

El mismo de todos los días.

—Tranquila, jefa —dijo—. Si te estresas mucho, el azúcar se cristaliza.

Ella se giró lentamente.

—Estoy ocupada.

—Siempre lo estás —respondió él—. Pensé que un poco de humor…

—No.

Pero Chester ya estaba sonriendo más de la cuenta.

—¿Qué pasó? ¿El mundo no gira como tú quieres hoy?

El silencio cayó de golpe.

Mandy lo miró. No con fastidio. No con frialdad. Con algo más crudo.

—¿De verdad no sabes cuándo callarte?

La sonrisa de Chester vaciló apenas, casi imperceptible.

—Solo estaba bromeando.

—No —replicó ella, con la voz más tensa de lo habitual—. Estabas molestando. Como siempre. Porque es fácil, ¿no? Burlarte, hacer ruido y largarte sin importar nada más.

Berry levantó la mirada, atento, pero no dijo nada.

—Si no tienes nada útil que hacer —continuó Mandy—, vete. No necesito tu “entretenimiento” hoy.

Chester parpadeó una vez.

—Vaya… eso sí fue nuevo.

—Fuera —dijo ella—. Ahora.

No hubo réplica ingeniosa.
No hubo broma final.

Chester dio un paso atrás, alzó las manos en un gesto teatral que esta vez se sintió… fuera de lugar.

—Como ordenes, jefa.
Se dio la vuelta y se alejó sin hacer ruido.

Mandy retomó su trabajo, aunque sus manos temblaban apenas. Berry siguió acomodando dulces, pero el ambiente ya no era el mismo.

El resto del día transcurrió sin bromas.

Chester pasó un par de veces cerca de las vitrinas, pero no se detuvo. No habló. Fingió no mirar.

Y Mandy fingió no notarlo.
Berry sí lo hizo.

Vio cómo el bufón ajustaba su sonrisa cuando alguien pasaba.

Cómo exageraba el gesto.
Cómo evitaba acercarse demasiado.
Como si algo le hubiera quedado atorado.

Como si, por primera vez, una broma hubiera pesado más de lo esperado.

Nada fuera de lo normal.

O eso intentaron creer.

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En el texto hay: romance, enemiestolover

Editado: 10.01.2026

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