El chico detrás de la máscara

⟡˙⋆Como si nada hubiera pasado⋆˙⟡

Al día siguiente, Candyland volvió a abrir sus puertas como siempre.

-¡Te lo juro! -decía Leon en voz baja, inclinado hacia su grupo- El pastel voló. Yo lo vi.

-¿En serio? -preguntó Bonnie, con los ojos brillantes-¿Y qué hizo?

-Nada -respondió Leon-. Solo se quedó quieta.

Bonnie abrió más los ojos.

-Shhh -susurró Jessie-. Es la jefa.

Bonnie se llevó una mano a la boca, apenas conteniendo la emoción.

-Nunca pensé que algo así pasara aquí...

Un poco más allá, Emz se detuvo frente a la tienda. Observó el interior unos segundos desde una ventana, ladeando la cabeza y evaluando el lugar.

-Mmm... interesante -murmuró.
Levantó el móvil.

-Chicos -dijo, activando la cámara-, hoy estamos en Candyland, el lugar donde ayer ocurrió algo que nadie esperaba...

Mandy pasó frente al cristal justo en ese momento.

Sus miradas se cruzaron.

Solo un segundo.

Emz sonrió.

-Oops.

Mandy no se detuvo. No dijo nada. No reaccionó.

Siguió caminando con la espalda recta, el gesto serio y las manos firmes. Como si no hubiera visto nada.

Como si no le importara.

Emz grabó unos segundos más del lugar: los dulces, los clientes entrando y saliendo.

-Porque incluso en los sitios " más perfectos" -añadió- pueden cometer errores.

Cortó el video.

Dentro de la tienda, Mandy daba órdenes claras, corregía detalles mínimos y sonreía frente a los clientes.

Aunque si hubo un cambio en ella, aunque no quisiera admitirlo ya que de un momento a otro ahora se había vuelto.

Más fría.
Más distante.
Y sobre todo, más impecable que nunca.

Porque no podía permitirse otro error, ya no.

Y si no hablaba de eso, no había pasado.

Chester llegó un poco después de la apertura.

Notó el ambiente al instante.

No las miradas curiosas.
No los murmullos.

La forma en que Mandy evitaba pasar cerca de él.

-Buenos días, Candyland -dijo con un tono más suave de lo habitual- Qué alegría ver tantas caras felices... y otras bueno, no tanto.

Nadie rió.

Chester ladeó la cabeza, sorprendido solo un segundo, y siguió caminando.

-Vamos, vamos -añadió- Un poco de azúcar nunca-

Mandy pasó frente a él sin mirarlo.

-Necesito que esa vitrina quede lista en diez minutos -dijo, dirigiéndose a Berry-. Y el pedido del fondo va primero.

Ni una palabra para Chester.

Ni una mirada.
Él tragó saliva.

Ok. No pasa nada.

Intentó otra vez más tarde. Algo pequeño. Inofensivo.

-¿Sabías que el caramelo se pone duro cuando lo ignoras demasiado?

Silencio.

Mandy revisó una caja, anotó algo en una libreta para después darse la vuelta.

Chester dejó escapar una risa corta, incómoda.

-Era... un chiste.

No hubo respuesta.

Así pasó toda la mañana.

Chester cumplió con su trabajo. Preparó el show para los niños, exageró gestos, pintó sonrisas. Risas auténticas llenaron el lugar por momentos.

Pero cada vez que veía crema rosada,
cada vez que Mandy cruzaba el local sin mirarlo...

Algo le punzaba el pecho.

No importaba cuánto intentara ignorarlo.

Durante su descanso, se quedó sentado con las manos entrelazadas. No se balanceaba. No silbaba. No actuaba.

Solo dilo, pensó.
Y ya.

Se levantó antes de arrepentirse.

Encontró a Mandy revisando papeles detrás del mostrador.

-Oye -dijo, sin tono burlón- Sobre lo de ayer...

Ella levantó la vista.

Chester respiró hondo.

-No debí hacerlo. Lo siento, me pasé.

Silencio.

Mandy lo observó unos segundos. No había enojo en su rostro. Tampoco tristeza.

Solo distancia.

-Está bien, no te preocupes -respondió-. Ya pasó.

-Yo solo-

-En serio -lo interrumpió-. No pasa nada. Sigamos trabajando.

Y bajó la mirada.

Eso fue todo.

Sin reclamos.
Sin reproches.
Sin alivio.

Chester se quedó ahí, un segundo más de lo necesario.

-Claro... -murmuró-. Como digas.

Se alejó con la sensación de haber dicho lo correcto...
y sentirse exactamente igual.

El día continuó.

Mandy siguió siendo eficiente.
Chester siguió sonriendo.

Candyland siguió funcionando.

Como si nada hubiera pasado.

Pero Berry, desde su lugar, lo notó.

Notó cómo Chester se forzaba a mostrar una sonrisa cuando Mandy estaba cerca.

Cómo evitaba exagerar.
Cómo miraba sin acercarse.
Incluso si eso contradecía quién era.

Y fue en ese entonces cuando supo algo que ninguno de los dos quiso decir en voz alta:

Nada había vuelto a la normalidad.
Solo estaban fingiendo que sí.

𓂃˖˳·˖ ִֶָ ⋆🌷͙⋆ ִֶָ˖·˳˖𓂃



#513 en Fanfic
#2183 en Fantasía

En el texto hay: romance

Editado: 11.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.