Chester cambió.
No de un día para otro.
No de forma dramática.
Pero de alguna manera cambió.
Llegaba a tiempo.
Preparaba su área sin bromas innecesarias.
Se enfocaba en los niños, en hacerlos reír sin usar a nadie más como chiste.
Mandy lo notó.
Y aun así, no dijo nada.
Porque para ella, notar no significaba perdonar.
Cada tanto, Chester encontraba el momento para acercarse.
-Oye... -decía con cuidado-. De verdad lo siento.
En otras ocasiones:
-Sé que ya me dijiste que estaba bien, pero... quería repetirlo.
Mandy asentía.
Seguía escribiendo.
Seguía caminando.
-Ajá.
Nada más.
Berry, desde el fondo, observaba la escena con el ceño fruncido.
-La neta sí te pasaste -le dijo una vez a Chester, sin dureza- Dale algo de espacio.
Chester asintió.
-Sí... -respondió-. Lo estoy intentando.
Pero los días pasaban.
Los murmullos seguían.
Los videos de Emz circulaban todavía.
La jefa que trataba de hacerse cargo de todo, incluso lo más mínimo.
La que perdió el control.
La que resultó no ser tan perfecta después de todo.
Mandy apretaba los dientes cada mañana, cuando hacían mención del vídeo.
Control. Mantén el control.
Hasta que un día, Chester volvió a hablar.
-Mandy, yo solo quiero que-
-Ya basta.
Una voz que no fue un grito.
Si no algo peor.
Chester levantó la mirada.
Mandy también lo miró.
De frente.
Sus manos temblaban un poco.
-Tú crees -dijo, con la voz algo tensa- que pedir disculpas va a arreglarlo todo.
Silencio.
-Crees que repetir "lo siento" a cada rato hace que deje de doler.
Chester abrió la boca.
Pero no salió nada.
-Yo trato de mantener el control -continuó ella, la voz quebrándose apenas- Todo el tiempo. Que el trabajo salga bien, que nadie note nada, que todo esté en orden. Porque ese es mi trabajo y tú solo lo haces más difícil.
Tragó saliva.
-Y tú... tú solo bromeas. Porque no te importa en lo más mínimo.
Las palabras cayeron como golpes.
-No te importa si lastimas. No te importa si la broma gusta o no. Solo quieres reírte... aunque sea de los demás. Porque eso es lo único que tú notas. Solo buscas aprovechar la mejor oportunidad para burlarte de los demás.
Sus ojos brillaron.
-Y yo... -su voz se rompió- yo estoy cansada de esto.
Dos lágrimas pequeñas rodaron por su mejilla.
Rápidas.
Involuntarias.
Chester se quedó inmóvil.
No supo qué hacer.
Ni qué decir.
Mandy se apartó de golpe, sabiendo que no era el momento para ponerse así.
-Berry -dijo, sin mirarlo-. Necesito cinco minutos. ¿Puedes encargarte?
-Sí -respondió él de inmediato.
Mandy se fue.
Y de repente el sonido de la puerta del baño se escuchó cerrándose más de lo que debería.
Dentro, se miró al espejo.
-Control -susurró- Debes mantener el control.
Respiró hondo.
-No puedes perderlo. No delante de ellos.
-No delante de él.
Se limpió el rostro.
Enderezó la espalda.
Cómo si no pasará nada.
Afuera, Berry tomó el mostrador.
Chester seguía en el mismo lugar.
Paralizado.
Las palabras de Mandy giraban en su cabeza.
"No te importa"
"Solo quieres burlarte"
"Estoy cansada de esto"
Sintió ese peso otra vez.
Ese nudo en el pecho.
-¿Por qué... -pensó- por qué me importa tanto lo que ella piense?
Cerró los ojos un momento.
Este sentimiento...
Era el mismo.
El del pastel.
El del desastre.
-Creo haber sentido esto antes... -pensó-.
Y por primera vez, no hizo una broma para huir de ella.
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Editado: 29.01.2026