Era un día de trabajo, como cualquier otro. Chester había llegado más temprano de lo habitual.
No porque se lo hubieran pedido ni porque alguien lo vigilara, sino porque últimamente se había acostumbrado a eso: a tener que llegar antes para preparar el show con más tiempo y calma, pero sobre todo para no convertirse en una molestia más.
Sabía que tenía que evitar cualquier tipo de error, cualquier comentario fuera de lugar, pero sobre todo, lo más importante... no incomodar a Mandy. Al menos no otra vez.
Entró a Candyland con pasos tranquilos, mientras se ajustaba la gorra y respiraba hondo antes de empezar su jornada. Todo estaba aparentemente "igual que siempre", los colores, los dulces e incluso el aroma azucarado en el aire. Pero cuando levantó la vista-Mandy ya estaba ahí.
Ella seguía siendo impecable: la postura recta de siempre, la expresión serena y cada uno de sus movimientos medidos a la perfección. Porque simplemente así era ella, una chica perfecta, sin margen de error.
Sin embargo, algo era distinto. Tan pequeño que Chester no llegó a notarlo... aunque Berry sí. Después de todo, él era el experto en percibir esos gestos mínimos que nadie más alcanzaba a ver.
Mandy levantó la mirada apenas un segundo más de la cuenta.
No fue una mirada romántica.
No fue una sonrisa.
Solo fue simple curiosidad.
Cómo una presencia que regresaba a un espacio que había estado vacío.
Chester pasó a su área sin decir mucho.
Después de todo, últimamente ya se estaba acostumbrando a eso: a tener que limitar sus interacciones y seguir concentrándose en su trabajo, aunque eso significara actuar como alguien que no era.
Así que preparó el espacio, acomodó los objetos del show y poco después los niños comenzaron a llegar.
Entre ellos estaba Gus.
Pero esta vez no venía solo.
-¡Miren, miren! -dijo emocionado- ¡Es él!
Gus apareció acompañado de León, Bonnie y Jessie, todos con los ojos brillantes de la emoción. Chester los reconoció enseguida y les guiñó un ojo antes de comenzar.
El show comenzó y no tardaron en aparecer las risas de los niños al presenciar su acto.
Era ese caos controlado que solo Chester sabía manejar. Se notaba que eso era algo en lo que él era experto. Hacer sonreír a los demás.
Mientras tanto, Mandy fingía revisar el inventario, pero el sonido de las carcajadas llegó hasta ella. No miró la escena directamente... aunque si escuchaba y sentía la alegría que desbordaba en el ambiente.
Finalmente cuando el show terminó, los niños se quedaron hablando entre ellos, aún algo emocionados.
-Ahora sí estuvo divertido -dijo Gus con seguridad.
-¿Cómo que ahora sí? -preguntó Jessie, ladeando la cabeza- ¿A qué te refieres?
Gus dudó un segundo, pero luego habló con esa sinceridad típica de los niños.
-Es que ayer vine a comprar dulces por primera vez -explicó-. Todos ustedes me habían dicho que este lugar era súper divertido... pero él no estaba.
Señaló discretamente a Chester.
-Los dulces estaban bien -continuó-no me lo tomen a mal, pero aunque la chica que me atendió fue amable conmigo...el ambiente se seguía sintiendo como si faltará algo.
Pero el lado bueno es que ahora pude presenciar lo divertido que es el lugar cuando está él, ya entiendo por qué hablaban tanto de Candyland.
-¿Ves? -dijo León cruzándose de brazos con una sonrisa- Te dijimos que lo era.
-Sí -añadió Bonnie sin pensarlo demasiado- Sin él no es lo mismo.
Al escuchar eso Mandy se detuvo un momento.
No volteó, ni tampoco reaccionó de inmediato, y aún así las palabras se quedaron flotando en el aire.
Berry que lo había notado todo desde el inicio del día, miró primero a Chester, luego a Mandy y una leve sonrisa cruzó su rostro, ya que sabía que incluso los niños se habían percatado del impacto que causaba Chester en la tienda.
Porque a pesar de las bromas que antes solían meterlo en problemas, él siempre había sido alguien indispensable en el lugar. "Después de todo él le daba vida a Candyland".
Mientras tanto, Chester que estaba ajeno a todo eso, se agachó para despedirse de los niños, chocando palmas con ellos, provocando una última ronda de risas antes de que se fueran.
El ambiente había cambiado.
No porque el lugar fuera distinto. No porque los dulces supieran mejor. Sino porque Chester estaba de vuelta.
Y aunque Mandy no quería admitirlo en voz alta, Candyland volvió a sentirse... como debía y todo gracias a él.
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Editado: 29.01.2026