El chico detrás de la máscara

*⭑°• Como siempre •°⭑๋ ࣭

Después de aquel día, encontrarlo en la tienda dejó de ser una sorpresa.

No ocurrió de inmediato.
No fue al día siguiente.

Pero sin que nadie lo anunciara, los horarios comenzaron a cruzarse con una regularidad demasiado precisa para ser una simple casualidad.

La campanilla sobre la puerta sonó.

Mandy terminó de acomodar un frasco antes de levantar la vista.

Era él.

No hubo sobresalto.
Ya no era una novedad verlo de vez en cuando.

-Buenos días -saludó Colt, con la misma calma de siempre.

-Buenos días, sheriff.

Chester estaba junto a ella revisando una pequeña libreta.

-Si los de limón van adelante, se acaban más rápido -decía, señalando una fila específica-. La semana pasada pasó igual.

-Pero visualmente se ve mejor así -respondió Mandy, inclinándose apenas hacia la vitrina.

La campanilla aún vibraba cuando Colt se acercó.

-Veo que cambiaron el orden -observó, recorriendo las filas con la mirada-. Antes estaban agrupados por tonos fríos.

Mandy alzó la vista.

-Sí... decidimos probar algo distinto.

Chester cerró la libreta con suavidad.

-No es definitivo -añadió-. Solo estamos haciendo unos ajustes.

Colt asintió.

-Se nota más equilibrado ahora.

No sonó como halago.
Sonó como conclusión.

-¿Vas a querer lo de siempre? -preguntó Mandy.

-Creo que sí.

Mientras ella buscaba el frasco correspondiente, Chester tomó una bolsa antes que nadie y la abrió con movimientos rápidos, doblando el borde con más precisión de la necesaria.

Cuando Colt pagó, Chester sostuvo la bolsa un segundo antes de entregársela.

Nada fuera de lugar.
Nada evidente.

-Que tengan un buen día -dijo Colt.

-Igualmente -respondió Mandy.

La campanilla volvió a sonar cuando salió del lugar.

El silencio duró apenas un instante.

Luego una niña pequeña se acercó al mostrador.

-¿Hoy hay truco?

Chester bajó la mirada hacia ella y le sonrió.

-Siempre hay truco.

El caramelo desapareció entre sus dedos y reapareció detrás de la oreja de la niña. Las risas llenaron el espacio.
Repitió el gesto. Exageró la sorpresa. Inventó una historia improvisada sobre dulces que escapaban de los frascos.

Todo como siempre.

Solo que, en un momento, el caramelo cayó antes de tiempo.

Lo recogió con rapidez y siguió hablando sin detenerse.

Nadie pareció notarlo.

A excepción de Mandy.
Lo observó un segundo más de lo habitual mientras envolvía una caja para otro cliente.

El día continuó.

Clientes entrando y saliendo.

Berry estaba acomodando vitrinas con su meticulosa precisión.

Risas dispersas entre los estantes.
Todo parecía seguir igual.

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Un poco más tarde, cuando la tienda quedó en relativa calma, Chester salió unos minutos hacia la parte trasera con una caja de suministros.

Berry aprovechó el silencio para revisar etiquetas nuevas.

Mandy acomodaba las cintas decorativas cuando habló sin mirarlo directamente.

-¿Tú lo has notado un poco... distraído?

Berry levantó la vista apenas.

-¿A quién?

-A Chester.

La palabra salió sencilla, sin peso adicional.

Berry observó hacia la puerta del almacén como si evaluara la pregunta.

-No especialmente. -Hizo una pausa breve-. Tal vez solo un poco más callado.

Mandy asintió.

-Sí, eso.

No añadió nada más.
No parecía grave.
No parecía urgente.

Solo un detalle pequeño que había empezado a llamar su atención.

Desde el fondo se escuchó un golpe leve seguido de un "estoy bien" dicho demasiado rápido.

Berry volvió a sus etiquetas.

-De seguro solo está cansado.

Mandy acomodó la última cinta en su lugar.

Tratando de convencerse a si misma que seguramente solo era eso.

Nada más.

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En el texto hay: romance

Editado: 11.03.2026

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