La campanilla sonó a media mañana.
Mandy ya estaba reorganizando la vitrina cuando Chester llegó.
-Eso ya estaba alineado -comentó él, mientras se acomodaba para comenzar a trabajar.
-Sí, lo sé.
-Entonces ¿por qué lo mueves si ya está acomodado?
-Porque ayer lo moviste medio centímetro y cada mínimo detalle cuenta, todo debe estar perfecto.
Chester sonrió apenas.
No discutió.
Había algo un poco más ligero en él esa mañana. No estaba exactamente feliz, pero estaba menos tenso a comparación de como había estado estos días.
Mandy por otro lado, estaba concentrada de más.
Sacó una libreta del cajón.
Era bastante gruesa, con separadores de colores que se asomaban por un costado y un pequeño listón que marcaba la página actual. Las tapas ya no cerraban del todo rectas y algunas páginas estaban marcadas con notas escritas.
Ella pasó las hojas con rapidez, revisando los pedidos pendientes y los pagos registrados, además de ideas sueltas y pequeñas anotaciones que nadie más entendería.
Chester la observó un segundo.
-Deberías digitalizar eso algún día, no vaya a ser que le pase algo.
-Mmm... no confío en que un archivo no desaparezca.
-Y en cambio eso sí es indestructible, ¿no?
Ella ignoró el comentario.
Pero al cerrar la libreta, notó cómo el borde estaba bastante desgastado.
Pasó el dedo por la esquina doblada.
-Aunque sí tienes razón, ya está bastante gastada... -murmuró más para sí que para él-. Tal vez debería cambiarla pronto.
Chester estaba colocando frascos en el estante cercano.
No la miró cuando respondió:
-Pero aún sirve, no porque algo ya esté bastante usado significa que debes reemplazarlo por algo nuevo.
El tono fue simple.
Mandy levantó la vista.
-Sí... supongo.
Volvió a abrirla.
-Y todavía le quedan muchas hojas.
Chester asintió apenas.
Pero por alguna razón, esa respuesta le dejó una sensación extraña en el pecho.
De pronto, la campanilla de la puerta sonó.
Ambos voltearon.
Colt entró, como siempre con esa actitud tan impecable que lo caracterizaba.
-Buenos días.
Mandy cerró la libreta con suavidad y la colocó encima del mostrador antes de responder.
-Buenos días, sheriff.
Chester volvió a su estante para seguir trabajando.
Colt recorrió el lugar con una mirada curiosa y observó unos segundos más de lo necesario.
-Noto que cada vez que vengo, algo está ligeramente distinto -comentó.
Mandy ladeó la cabeza.
-¿Distinto?
-Sí, mucho más preciso.
Ella sonrió apenas.
-Es que me gusta que todo esté en orden.
-Eso es evidente.
Sus ojos bajaron brevemente hacia la libreta cerrada sobre el mostrador.
-¿Acaso llevas todo ahí?
-Casi todo.
Colt sonrió con interés genuino.
-Debe ser difícil mantenerlo así todo el tiempo. La tienda es bastante grande y tienen muchos tipos de dulces.
-La verdad no es tan difícil -respondió Mandy-. Cuando sabes dónde va cada cosa, se vuelve algo natural. Y por eso llevo un control en esta libreta.
Chester desde el fondo, siguió trabajando.
Pero escuchaba la conversación. A pesar de estar ocupado, estaba atento a lo que decían.
Colt volvió a recorrer la tienda con la mirada.
-¿Y siempre has sido así? -preguntó de pronto, con tono un poco más ligero.
Mandy no entendió al principio.
-¿Así cómo?
-Tan organizada.
Ella apoyó los codos en el mostrador por un segundo.
-Supongo que sí, me gusta saber que todo está bajo control y que si algo falta, lo voy a notar.
Chester, de repente, se unió a la conversación.
-No le gusta que las cosas se salgan de lugar -añadió, casi como dato adicional.
Mandy alzó una ceja.
-Bueno, a nadie le gusta.
-Yo creo que a algunos no les importa tanto -respondió Colt con calma.
Ella lo miró un segundo más.
-Pues a mí sí.
Colt sostuvo su mirada apenas un instante y luego sonrió de forma casi imperceptible.
-Supongo que así es más práctico.
Chester levantó la vista un segundo hacia el mostrador.
No era molestia sino algo más difícil de definir.
Volvió a concentrarse en lo que hacía.
Berry, que había estado trabajando en silencio en una esquina, lo observó de reojo, notando la energía distinta, pero no dijo nada.
-Bueno, ¿y qué vas a ordenar? -preguntó Mandy, tratando de mantener la postura, ya que incluso a ella le parecía raro lo fácil que él podía sacarle conversación a pesar de que no era de muchas palabras.
Colt lo pensó un momento mientras sostenía su mirada.
-Me gustaría probar algo nuevo... después de todo, en esta tienda tienen mucha variedad -comentó con su tono suave y sereno.
De pronto, Chester se acercó a la escena.
Se colocó al lado del mostrador, justo a un costado de Mandy, con una bolsa de dulces en la mano.
-Aquí tienes -dijo, extendiéndola.
Su tono no era grosero.
Pero tampoco tenía rastro de humor.
Mandy parpadeó, ligeramente sorprendida por lo repentino del gesto.
-Ah... gracias.
Tomó la bolsa, todavía un poco desconcertada.
Chester no dijo nada más.
Solo se quedó ahí, el tiempo justo.
Colt observó la escena sin intervenir.
No parecía incómodo.
Si acaso... ligeramente interesado.
Sacó el dinero con calma y lo dejó sobre el mostrador.
-Gracias -dijo, con una sonrisa leve-. Fue un gusto, Chester.
La forma en que lo dijo fue natural.
Como si no hubiera nada fuera de lugar. Como si esa breve intervención hubiera sido parte normal de la rutina.
Chester sostuvo su mirada un segundo.
-Igualmente.
Colt tomó la bolsa.
-Que tengan un buen día.
-Igualmente -respondió Mandy.
La campanilla sonó cuando salió.
Y el silencio volvió a acomodarse en su lugar.
Editado: 23.03.2026