Pasaron algunos días después de aquel primer encuentro silencioso en el patio del colegio.
La vida siguió como siempre.
Clases, tareas, conversaciones con amigos y la rutina típica de los últimos meses de secundaria.
A veces lo veía de lejos.
Seguía pareciendo el mismo chico serio que había visto el primer día.
No hablábamos.
No teníamos ningún tipo de relación.
Éramos simplemente dos estudiantes más en el mismo colegio.
Hasta que llegó el Día del Padre.
En el colegio estaban organizando algo relacionado con esa fecha y necesitaban algunos datos de los padres de los estudiantes.
No recuerdo exactamente por qué terminé escribiéndole a él… pero lo hice.
Fue un mensaje simple.
Nada especial.
Algo totalmente normal.
Pero su respuesta no fue lo que esperaba.
Respondió con una broma.
Una de esas bromas inesperadas que te hacen reír sin darte cuenta.
Y por primera vez imaginé algo que no había considerado antes.
Quizás ese chico serio…
no era tan serio después de todo.
No sabía por qué, pero esa pequeña interacción empezó a despertar algo en mí.
No era amor.
No era nada grande.
Solo curiosidad.
Pero a veces las historias más importantes empiezan exactamente así…
Con algo pequeño.
Editado: 15.03.2026